La Raíz de las Enfermedades y su Extinción – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 9 de septiembre de 1978.

Vicente. — Ustedes recordarán que en nuestra conversación del mes de Julio conversamos acerca de un tema, a mi entender muy interesante y de lo más cualificado de nuestra Nueva Era, como por ejemplo el de asignarle a las enfermedades una característica meramente de entidad psicológica. Ya no se trata de buscar la enfermedad solamente en el conjunto celular sino que el conjunto celular cuando se desequilibra es siempre obedeciendo a una causa interna, a una causa psíquica o psicológica, y que por lo tanto todo el proceso de desequilibrio orgánico se debe ante todo a un factor psíquico. En la medicina, como Uds. saben en la actualidad, ya no adopta solamente el término de enfermedades físicas sino psicosomáticas, es decir, que la mente y el cuerpo unificados constituyen toda clase de entidades que denominamos enfermedades.

Naturalmente, ustedes se darán cuenta que estamos presentando una idea revolucionaria aun dentro del campo esotérico, y el hecho de que nos introduzcamos ya en esta Nueva Era en un campo magnífico de oportunidades como es el de considerar que una enfermedad no es una cosa sino que es algo, alguien, y que se puede luchar con este alguien utilizando la misma fuerza psíquica con la cual ha sido creada, nos introducimos en unos nuevos valores psicológicos de la vida y también en un nuevo campo más fecundo de la medicina de nuestros tiempos modernos. Todos podemos colaborar como dijimos en nuestra conversación a que desaparezca de la Tierra todas las enfermedades, las que provienen del más remoto pasado, por ejemplo, aquella que se denomina el pecado original o el pecado lemur, o sea, el pecado del sexo, la desvirtualización, el condicionamiento y el empobrecimiento de los recursos del sexo han llevado como consecuencia a través de las edades esta terrible enfermedad que rebrota todavía en nuestra era moderna de la sífilis y, naturalmente, es espantoso considerar que pese al tiempo transcurrido, y hablamos de muchos millones de años, la humanidad continúa con los mismos vicios atlantes. Existe la pornografía ambiental, no nos damos cuenta de que esta pornografía alimentada por la propaganda no es sino una cosa psíquica, algo psíquico que podemos destruir si nuestra mente, si nuestro corazón está de acuerdo en que realmente tenemos recursos psicológicos y psíquicos para poder luchar con ellas.

Naturalmente, al enfrentar la enfermedad bajo este nuevo punto de vista, démonos cuenta esotéricamente que exige de nosotros un trabajo de asimilación de otras energías que no están constantemente a nuestra inmediata reserva o a nuestro inmediato alcance, por lo tanto, estas energías que yo denomino energías individualizadas, por no decir siempre ángeles, por no decir, por ejemplo, esta energía cualificada de la Naturaleza que lo produce todo y, naturalmente, al introducirnos en este nuevo campo ya nos encontramos con la resistencia de nuestros vehículos, de nuestros pensamientos tradicionales, de nuestros sentimientos inhibitorios, esta inhibición constante, este temor, la incerteza frente al enorme problema de la vida, hasta llegar a un punto en que realmente nos damos cuenta de que hasta aquí hemos sido incapaces de resolver vitalmente cualquier problema humano. Tenemos guerras desde hace millones de años, y seguramente que si no le ponemos nosotros un remedio continuará hasta la finalidad obsoleta de los tiempos. Las enfermedades igual que las guerras se fraguan aquí, en la mente de los hombres, son entidades, y la moderna psicología irá introduciéndose lentamente en un campo fecundo dentro del cual las capacidades de la memoria, el entendimiento, la voluntad, todo cuanto significa poder psíquico será considerado como una entidad, una entidad que gravita sobre nosotros y que nosotros no podemos todavía controlar. ¿Se dan cuenta? Estamos tratando de vivir de acuerdo con los dictados de la Nueva Era con su absoluto campo de oportunidades, y como exige de nosotros algo a lo cual no estamos acostumbrados, habituados, estamos sintiendo la resistencia de nuestros vehículos; por ejemplo, el día que el individuo se dé cuenta de que la memoria es una entidad, como el cuerpo físico en su totalidad es una entidad que se escapa por completo de nuestro control por cuanto es una entidad psicológica que tiene sus propias reacciones, o cuando la emoción o el cuerpo emocional nos demos cuenta de que también es una entidad que va por su propio camino, y lo mismo pasa con la mente, ¿o es que ustedes han logrado detener el curso de su mente, de controlar sus pensamientos? Desde el momento que una cosa se escapa de nuestro control es porque es una entidad, tiene más fuerza que nosotros, ¿se dan cuenta?, ahí está la raíz de la cuestión. Si nos damos cuenta de que la entidad memoria, la entidad voluntad, la entidad…, cualquier entidad, cualquier característica, la subconciencia misma, o la conciencia, o la supra conciencia, son entidades que están a nuestro alcance, que las podemos controlar, ya estaremos en el principio de resolución de los grandes problemas vitales de la humanidad, problemas que están desde los principios de los tiempos como estamos diciendo. Ya no se trata solamente de ver la cosa sino se trata de qué podemos hacer frente a las oportunidades que tenemos, frente a esta invasión de energías de la Nueva Era. Para mí existe solamente un término: el término es invocación, y ustedes preguntarán: “¿invocación de qué?” Invocación de aquellas reservas ocultas de entidades también de carácter positivo que existen en nuestro interior, y están esperando también el momento de su oportunidad para manifestarse.

La Raíz de las Enfermedades y su Extinción

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La Causa Oculta de las Enfermedades – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 8 de julio de 1978.

Vicente.— En nuestra conversación del pasado mes abarcamos un extenso tema, de carácter universal, como era el que tiene que ver con la evolución de las facultades psíquicas del ser humano, entendiendo por facultades psíquicas una extensión o prolongación de los sentidos físicos. Cada raza nueva que aparece sobre la Tierra tiene como primera misión desarrollar un sentido, de manera que al llegar a la 7 ª subraza de la 7ª Raza en la evolución de nuestro Esquema terrestre existan plenamente desarrollados siete sentidos. Estamos ahora, físicamente, desarrollando el 6º sentido, el sentido común, el menos común de los sentidos, como ustedes saben, porque está en los comienzos de su desarrollo, que es la mente. Las razas futuras conocerán un nuevo sentido que será de síntesis, y lo único que sabemos de este sentido sintético de la 7ª subraza de la 7ª Raza es la intuición. Cada vez más el ser humano se vuelve intuitivo, esto significa que ciertas parcelas de su cerebro se sienten estimuladas por otros Rayos de energía superiores en intensidad y en vibración a las energías que hasta aquí han venido actuando sobre nuestro planeta. Dijimos también que en cada plano existe una contraparte de los sentidos físicos, por ejemplo, el sentido del oído, el primero que desarrolla el ser humano, tiene su contraparte en el plano emocional, en el oído astral, y en el mundo o plano mental, en la clariaudiencia mental. Lo mismo pasa con la psicometría que corresponde al sentido del tacto, al segundo de los que desarrolla el ser humano en su evolución, desvirtuado en su función específica y en su desarrollo superior, este sentido se convierte en aquello que llamamos mediumnidad astral, porque es contacto, el tacto y el contacto están siempre actuando en el ser humano, y el contacto astral en forma de mediumnidad con entidades psíquicas pertenecientes al plano astral y también con el cuerpo emocional de todo cuanto nos rodea, se denomina técnicamente mediumnidad. Pero la mediumnidad ha sido trascendida en su aspecto inferior, y tal como les decía el mes anterior, lo que el hombre debe desarrollar ahora es la telepatía, que es el contacto en el mundo mental. Llegará un día en nuestro planeta que las personas podrán conversar telepáticamente, podrán sentirse, interpenetrarse, (que) es la única manera de conocerse y la única manera de amarse. Por lo tanto, todo cuanto vayamos desarrollando en los otros planos, aparte del sentido caótico que se le ha ido dando a las facultades psíquicas en su aspecto inferior, tendremos que desarrollar nuevas técnicas de aprovechamiento en la vida espiritual para convertirnos en aquello que dijimos en un médium de la propia Divinidad. El hombre será un médium porque todos somos médium, como dije el otro día, pero lo que interesa es que la mediumnidad sea espiritual y no simplemente astral. Así que las facultades psíquicas que conoce el ser humano son todavía de tipo inferior, y podemos asegurar que el propio Cristo fue un médium de la propia Divinidad, representando aquí en la Tierra la fuerza del Logos Solar en su aspecto del 2ª Rayo. Bien, todo esto presupone para el individuo un esfuerzo de adaptación a las nuevas situaciones, no puede haber desarrollo de ningún equipo del individuo en su aspecto superior si no hay un previo esfuerzo de adaptación, y ahora, ustedes saben bien, estamos siendo bombardeados, técnicamente hablando, por las fuerzas que provienen de la Constelación de Acuario, de gran intensidad, de gran frecuencia vibratoria, y al incidir sobre nuestros vehículos aviva aquellas facultades que desarrollamos anteriormente, hace millones de años en las épocas Lemur y Atlante. Pero lo que intentan estas energías, o lo que intentan estas grandes Entidades que manipulan estas energías con destino a la Tierra, es que pasemos del plano etérico y del plano astral al plano mental superior y establezcamos contacto con este ser que llamamos el Yo superior, el Yo espiritual o también el Ángel Solar.

Llegado a este punto, vamos a empezar ya el tema de hoy que tendrá como objeto resumir, lo más brevemente que podamos, uno de los temas más interesantes, más difíciles y al propio tiempo más desdichado para la humanidad como es el de las enfermedades. Naturalmente, la temática de hoy tiene que ver con lo que podríamos llamar la causa oculta de las enfermedades. Conocemos las enfermedades físicas tal como se manifiestan en nuestro mundo y en nuestro organismo, en nuestro pequeño esquema, pero cuando estamos tratando de investigar las causas promotoras de las enfermedades nos encontramos que tenemos que ascender vía un antakarana, que se desarrolla en los investigadores esotéricos, viendo cómo existe en un determinado nivel del plano astral o psíquico aquellos fenómenos o aquellas entidades que determinan las enfermedades en toda su extensión. Como consideración general de lo que implica la enfermedad quizá tengamos que rememorar lo que es la enfermedad en sí retrotrayéndonos a sus principios universales, y dándonos cuenta de que nuestro planeta no es un planeta sagrado, como ocurren con Venus y Mercurio, por ejemplo, sino que está sujeto a la presión del mal planetario, un mal que proviene Dios sabe de dónde, según se nos dice de fuentes cósmicas; entonces, el mal existe en todas las parcelas de los planos etéricos de nuestro Sistema planetario, hasta el momento en que en virtud del esfuerzo espiritual de todos y cada uno de los seres humanos, de los discípulos principalmente y de los hombres y mujeres de buena voluntad, se puede atacar directamente al mal planetario, actuando precisamente contra las larvas astrales que provocan las enfermedades y que nosotros estamos alimentando con nuestros pensamientos erróneos, con nuestros pensamientos de odio, con nuestras antipatías y con nuestras tensiones emocionales, con este poder inmenso que no controlamos y que naturalmente tienen que hacer impacto en cualquier parte que desconocemos. Y la segunda cuestión que se presenta, después de analizar que el mal es un karma que corresponde al planeta, habida cuenta de que el Logos Plantario está sujeto a la evolución, ha tenido que encarnar precisamente para redimir todo su contenido psíquico, espiritual y físico, del mal planetario o de su karma particular, si somos conscientes, llegaremos a la consecuencia de que podemos liberar en nosotros y a través de nosotros, mediante la invasión de las energías cósmicas las causas que producen las enfermedades, determinar por nosotros mismos de una manera inteligente y sin duda alguna que el ser creador que existe en todos nosotros ahora está en disposición de unas tremendas fuerzas universales que puede aprovechar, precisamente, para extirpar definitivamente de nuestro organismo y del planeta entero los gérmenes de las enfermedades, justamente aquellas enfermedades consideradas médicamente como incurables, tales como los dolores reumáticos, el cáncer, este azote terrible de la humanidad. Haciendo historia, remontándonos hacia el pasado, vemos que existen enfermedades propias de cada era, como en el desarrollo de los centros etéricos del individuo surgen por el mal empleo, la mala utilización de las energías que deben coincidir en aquel centro, la mayoría de aspectos volitivos del ser humano. Así, tenemos, por ejemplo, que la raza lemur nos legó esta enfermedad que llamamos la sífilis, pero tiene una explicación científica, habida cuenta de que en aquel entonces la raza evolucionaba según el sentido del centro sacro, es decir, Svadhisthana, y tenía que realizar la función sexual como un método de liberación y, naturalmente, lo que ocurre por la falta de previsión ya que se estaba al principio de una raza, se había perdido el contacto con los ángeles que hasta entonces habían mantenido al hombre convertido en un andrógino y al venir la división de los sexos, cuando hubo una división que convirtió a un aspecto del andrógino en mujer y al otro aspecto en hombre, y entonces empezó a actuar el centro sacro con el sexo para canalizar las energías propias de aquella era, vino una especie de alteración del orden por falta de adaptabilidad, por falta de poder espiritual y porque los ángeles habían abandonado circunstancialmente a la humanidad para que ésta empezase a recobrar algo de lo que es la vida espiritual, mediante el proceso del karma. Así que lo que hizo aquella raza, en sus primeras subrazas, fue utilizar en forma inmoderada e irracional la energía sexual, lo cual trajo como consecuencia la sífilis, una sífilis que acompaña a los ejércitos en las batallas, donde hay multitudes y donde no hay higiene; y son precisamente las causas más atrayentes de las enfermedades como de la clase que estoy citando, la higiene, la falta de higiene y la inadaptabilidad a las nuevas corrientes de energías que tienden a desarrollar el centro de la garganta y el uso inadecuado del sexo, que como ustedes saben, de acuerdo a ciertas reglas cíclicas, está actuando hoy día en forma inmoderada e incontrolada en muchos seres humanos. Esto es causa de que exista un rebrote de esta terrible enfermedad en todos los estratos sociales, debido a que el hombre no ha comprendido que la función del sexo era sagrada y que no tenía por objeto más que recoger en sí, en forma pletórica y en forma universal, las energías primarias del sexo, que son las que provienen en el aspecto sexual masculino de la Osa Mayor y las que provienen en su aspecto femenino de la Constelación de las Pléyades, entonces, ahí está el principio del sexo en lo que corresponde a nuestro universo. Pues bien, la vida de los lemures al trasladarse mediante las encarnaciones ha llevado también los genes todavía inconsumados.

La Causa Oculta de las Enfermedades

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Acerca de Vicente Beltrán Anglada – José Tarrazó

Charla de José Tarrazó,  Casimiro y Rafa Mateu acerca de la vida y aspectos importantes de Vicente Beltrán Anglada, el 10 de octubre de 2010.

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El Hombre y las Facultades Psíquicas Superiores – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 10 de junio de 1978.

Vicente. — En nuestra conversación del mes anterior estudiamos la idea de los ángeles en relación con el ambiente social de la humanidad. Hay que darse cuenta desde un principio que en estas conversaciones esotéricas cuando nos refiramos o hablemos de los ángeles estamos dando una noción del término científico de energía, nada tiene que ver con los ángeles de la tradición tal como han venido a nosotros a través de las Iglesias organizadas y místicas de la humanidad en el mundo; por tanto, cuando empleemos el término ángeles ustedes pueden automáticamente asignarle el término científico de energía, la energía de la luz, la energía del sonido, la energía que produce por cristalización todas las formas conocidas de la naturaleza. Por tanto, dense cuenta de algo muy importante, cuando estamos pensando estamos creando unas ciertas formas en el éter, estamos removiendo creativamente el éter produciendo sonidos, colores y formas geométricas. Cuando estamos sintiendo, cuando nuestras emociones surgen del plexo solar, o del corazón en un caso de sentimiento muy agudo, estamos también removiendo creativamente los éteres constituyendo las formas que conformarán lo que podríamos denominar el ambiente emocional del mundo, y cuando estamos pensando también en ciertos momentos de exaltación estamos creando las bases de los arquetipos. Pero, en un resumen de todo cuanto se puede decir en torno a ideas humanas, todo cuanto el hombre hace, piensa, siente, habla o dice está creando el ambiente de la humanidad, habida cuenta de que el éter está poblado por elementos desconocidos dotados de una inteligencia peculiar que recogen nuestros pensamientos y acciones, y están llevándolos a la actividad formando un ambiente que puede ser negativo o positivo, lo cual dependerá de la forma que adopten los humanos para manifestarse. Aquí estamos reunidos siempre en un plan de investigación profunda, tratando de resolver problemas básicos de la humanidad, problemas pues que están en la base de nosotros mismos, que constituyen la estructura de nuestros futuros ambientes y por lo tanto de aquello que técnicamente llamamos el karma. El karma es, por así decirlo, la recopilación de todo cuanto hemos pensado, sentido, dicho o hecho a través de las edades; me refiero a la humanidad como un todo. No podemos quejarnos de los ambientes que hemos producido, hemos segregado de nosotros la materia que confecciona el ambiente, y esta materia confeccionada por obra y gracia del Espíritu Santo, que es la forma típica de trabajar de los ángeles, se ha convertido en todo cuanto conocemos, en todo cuanto poseemos y, en un caso muy elevado, en aquello que nosotros intentamos hacer del mundo, un mundo mejor para todos nosotros, un mundo en el cual todos podamos vivir en paz, un mundo creado por la luz del pensamiento y por el color más vivo de nuestros sentimientos creadores. Así será posible que vengan a nosotros las nuevas formas geométricas, las que deben dilucidar dentro del mundo la estructura de la nueva civilización y que debe escribir por lo tanto la nueva historia de la humanidad.

Hoy vamos a hablar también de los ángeles pero en un sentido muy peculiar, es no sólo el ambiente social de la humanidad sino aquello que significa para nosotros la extensión de todo cuanto somos y de todo cuanto anhelamos ser. Por lo tanto, nos vamos a referir a los sentidos tal como los conocemos físicamente, extendiéndolos a nuevas formas de vida, a nuevas situaciones, a nuevos hemisferios de vida o dimensionalidades en las cuales nosotros deberemos tener también una conciencia propia capaz de utilizar los resortes de la imaginación y de la telepatía colectiva para crear el ambiente social de la nueva era. Entonces, cuando nos refiramos a los sentidos nuevos que el hombre debe desarrollar para crear la nueva civilización y para escribir la nueva historia tendremos que referirnos a aquello que realmente es apetecible, a aquello que debemos abandonar por inservible y a la manera en cómo debemos formular nuestras intenciones para que se conviertan en las formas positivas que todos anhelamos producir.

¿Qué es exactamente un sentido en lo que se refiere al hombre físico al que todo conocemos? Son las avenidas de contacto con el mundo fenoménico que nos rodea, el sentido de la vista, del oído, del tacto, del gusto, el olfato, etc., son avenidas de contacto del Yo espiritual en el mundo físico, pero cuando los sentidos se extienden, se prolongan hacia los mundos ocultos, hacia los mundos sutiles, se convierten en aquello que técnicamente llamamos facultades psíquicas. Las facultades psíquicas no son ajenas al Yo, son la propiedad del Yo, no tienen que dominar al Yo, son por así decirlo avenidas de contacto en los mundos invisibles. Conocemos el mundo físico, empezamos a conocer algo del mundo emocional y, algunos grandes pensadores están introduciéndose en aquellas facultades psíquicas superiores que pertenecen al mundo mental, y así continúa progresando la vida desde lo físico hacia lo más elevado, tratando siempre de que estos sentidos sean utilizados correctamente en beneficio de la humanidad y para una mejor gloria del Yo espiritual. Y, naturalmente, para empezar a introducirnos en el tema de las facultades psíquicas tendremos que analizar la historia de la humanidad desde el principio de los tiempos. Ustedes han oído hablar de otras razas anteriores a la actual; efectivamente, antes de nuestra raza Aria han existido dos grandes razas, la raza Atlante, y anteriormente la raza Lemur. Cada una de estas dos razas desarrolló mediante el proceso cíclico de la historia algunas facultades; unas honraron aquélla civilización, otras la destruyeron como en el caso triste de la Atlántida; pero, lo que interesa al ser humano de nuestros días, al hombre con mente analítica capaz de discriminar y de discernir es buscar las avenidas del Yo espiritual pero en todas las dimensionalidades del ser en donde tiene creado un cuerpo. Actualmente tenemos creados tres cuerpos: el cuerpo físico, el vehículo emocional y la mente. Son vehículos tan completos como el cuerpo físico, están tratando de darnos noción de ciertas zonas de la vida de Dios en la naturaleza, y esto significa que existe una gran responsabilidad por parte de los investigadores esotéricos y por parte de los aspirantes espirituales, y por aquellos discípulos dentro de un plan científico y no simplemente místico que somos todos nosotros. Así, el proceso va desde los sentidos meramente físicos hasta su prolongación al mundo astral, extendiéndose al mundo mental y tratando allí de adueñarse del secreto de la historia que compete a la humanidad y que está escrita con caracteres de fuego en el corazón de todos los seres humanos. Y para hablar de estos sentidos tendremos que hablar de los átomos permanentes, de las espirillas dentro de cada uno de los átomos permanentes, y claro habrá que preguntarse qué es un átomo permanente. Un átomo permanente es un átomo que aparentemente no difiere de los demás átomos en un plano determinado, salvo que está compuesto de una materia sutilísima que se denomina técnicamente o esotéricamente energía atómica, atómica en un sentido real y completo, no solamente como cuando nos referimos a la bomba atómica, nos referimos al subplano atómico de cada plano constituido por una serie de energías de tan alta acuidad que son capaces de registrar dentro de un átomo elegido por el propio Espíritu al principio de los tiempos toda la historia del ser humano a través del tiempo. Entonces, aquí tenemos que empezar a hablar de aquello que es dimensión, y cómo la velocidad de la luz, cómo la velocidad del pensamiento, cómo la velocidad del sentimiento creador han impuesto un ritmo nuevo a la humanidad y este ritmo nuevo está caracterizado por la fuerza que surge del átomo permanente; es como si dentro del estuche causal existiese un triángulo formado por tres puntitos de luz, luz monádica que se refleja en el plano superior mental por el átomo permanente mental, en lo más superior del plano astral por el átomo permanente astral, y en la parte física y alojado en el corazón el átomo permanente físico creado con materia etérica de la más alta acuidad y pureza.

El Hombre y las Facultades Psíquicas Superiores

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El nacionalismo según la tradición esotérica y espiritual (1ª parte) – Vicente Beltrán Anglada

Inicio aquí una serie de tres artículos sobre un tema social y político muy de actualidad. Las opiniones vertidas aquí no son mías, ni porque las publique quiere decir que estoy de acuerdo o en desacuerdo, sino que todo debe ser analizado y reflexionado a la luz de la intuición, y de allí debemos sacar nuestras propias conclusiones. Son tres autoridades dentro de la tradición esotérica occidental y la espiritualidad, en las que su opinión clara y contundente queda fuera de toda duda. Empiezo este primer artículo con opiniones que dio Vicente Beltrán Anglada a lo largo de sus más de 400 conferencias. El segundo artículo que publicaré será sobre la visión del nacionalismo de la autora británica Alice A. Bailey, a través de sus libros, y terminaré con una tercera entrega con la visión del nacionalismo según Jiddu Krishnamurti.

…Y esto para todos los seres humanos dentro cualquier estructura social, política o religiosa, cuando la persona se coloca, se introduce en una estructura, ha dejado de ser, siempre y cuando no tenga la suficiente fuerza de voluntad e inteligencia para surgir audazmente, cuando crea innecesario la estructura, lo cual es muy difícil, porque cuando la persona se siente dentro de una estructura adquiere la conciencia de la propia estructura. Luego decimos, somos catalanes, somos vascos o somos españoles, lo cual quiere decir, que indica que hemos creado una barrera que nos separa de los demás, que es una barrera de recuerdos, de tradiciones, pero que son falsas en el fondo, porque la conciencia esta más allá del tiempo y del espacio, más allá de los nacionalismos, los que sean, más allá de la condición, solamente existe un punto eterno: el hombre o el ser humano, sin matiz. Si dijésemos: Yo soy, con toda la fuerza del verbo y no yo soy esto o soy aquello, ya estaríamos libres de la estructura condicionante, pero no podemos estar bajo la equidad de un verbo sin poner un adjetivo o un nombre subjetivo que lo preceda, ¿por qué?, porque tenemos miedo de ir solos ¿verdad? La soledad mística…

Psicología Transcendente, Vitoria 3 de mayo de 1982

Bueno, el conflicto está por doquier y cuando hablo de un gran conflicto siempre lo hago en términos generales o en términos mundiales, en términos internacionales. Para mí sería muy fácil hablar de Euskadi, por ejemplo, o hablar de Cataluña, que es mi región materna, pero esto sería algo analítico pero al propio tiempo conflictivo, hablo del hombre, y el hombre está por doquier, sin raza, sin religión o como sea, el hombre siempre es hombre, significa que es parte de la divinidad. Por lo tanto, yo cuando me refiero a que existe conflicto social, no aquí, ni allá, ni acullá, es porque el conflicto está en el corazón humano, que exista más conflicto en ciertas áreas del mundo, lo acepto, pero no hay que negar que todo viene producido porque el individuo sin darse cuenta se ha separado del contexto social, se ha empobrecido de tal manera que ha quedado reducido a una mera fracción de hombre, y cuando el hombre deja de ser total, lo cual implica creación, automáticamente surge la divergencia, surgen los estúpidos nacionalismos y surge inevitablemente la lucha, y cuando el hombre empieza a luchar, no lucha el hombre solamente, lucha toda la naturaleza, porque el hombre —el ser humano, me refiero— es el espejo donde se miran todos los reinos de la naturaleza, que cuando se dice que el hombre es el rey de la creación, se está utilizando un término total, significativo y sintético, porque si tal como se asegura y tal como toda la naturaleza parece que lo comprueba, el planeta septenario, el ser humano que ocupa el cuarto reino de la naturaleza, es el centro donde se debate el ser o no ser del propio planeta, no solamente ese pequeño centro que llamamos humanidad, hablamos en términos fundamentales, en términos generales, en términos de síntesis, en términos de un gran equilibrio, y verán ustedes que en todo el tiempo que he estado hablando con ustedes no me he referido a aspectos esotéricos de la cuestión, me he limitado a exponer ciertos hechos que todo el mundo puede comprobar, lo cual no sucede frecuentemente cuando hablamos del conocimiento esotérico en sí y en las áreas del conocimiento en cualquier parte, en cualquier estilo y en cualquier idioma, sino que estamos hablando de nuestra situación actual, para que tengamos conciencia de cómo podríamos actualizar nuestra aptitud, hacerla más creativa, más impersonal, más rica, menos aislantes del resto de la sociedad, simplemente esto. Y si lo hemos reconocido —repito, voy a terminar— si hemos comprendido esta cuestión, estamos contrayendo una grave responsabilidad si no utilizamos esta compresión aquí y ahora de inmediato. Trato de ser muy noble y muy honrado en mis afirmaciones y ustedes si aceptan mi nobleza de aptitud, reconocerán que tengo verdad y que la razón me asiste, porque todos ustedes en el fondo del corazón lo están reconociendo, sino no estarían ustedes tan expectantes, porque sin darse cuenta estoy retratando su propio espíritu, aquello que presienten, aquello que sienten y aquello que tratan de vivir.

La Incógnita del Hombre, Vitoria, 4 de mayo de 1982

Interlocutor. — ¿Podrías hablar del nacionalismo desde un punto de vista esotérico en España?
Vicente. — Es que el nacionalismo, por su propia esencia, por su propia idiosincrasia, no es esotérico, es muy mundano. No se trata de ser nacionalista, se trata de comprender hasta qué punto estamos ligados o apegados al nacionalismo; nacionalismo vasco, valenciano o catalán, cualquiera, siempre es separación, el espíritu nacionalista siempre frena los ímpetus del investigador esotérico. Si una persona por su propio karma ha nacido en cualquier nación que es nacionalista, tendrá que ser muy inteligente para poder subsistir dentro de esta nación sin que pierda ni se altere su vida espiritual, que no se conmuevan las fibras íntimas de su ser psicológico y, entonces, ¿qué sucederá?, que con el tiempo las fronteras serán destruidas, porque habrán desaparecido los nacionalismos que dicen “esto es mío”, es lo que está sucediendo con las Malvinas, o con Gibraltar, o con Ceuta y Melilla, por ejemplo, ¿por qué queremos tener algo que no es de nadie sino de Dios? Y, sin embargo, todo el mundo quiere tener cosas, y cuando existe un nacionalismo muy acusado, ¿qué sucede?, pues el enfrentamiento entre dos naciones, porque las dos están henchidas de nacionalismo, y vienen las guerras, las fronteras que encierran a las naciones entre si herméticamente, perdiéndose de vista la humildad de Dios en el corazón. El nacionalismo es la antítesis de la humildad y, sin embargo, estamos discutiendo por pequeñas porciones de tierra que solamente pertenecen al planeta Tierra y a los seres que la habitan, y no a los hombres y a las naciones. Es que parece imposible que el hombre no comprenda esta realidad, y que continúe amurallándose, cavando trincheras entre las naciones, impuestos de paso por las fronteras, esto crea separatividad entre las personas que pertenecen a una nación, las dificultades de comprensión por efecto del lenguaje, y más todavía, los intereses económicos, que hacen que las personas dentro de las naciones se estén odiando entre sí para supervivir, no para simplemente vivir, para vivir por encima de la vivencia de los demás, y aparece el desequilibrio entre las ricos y los pobres, entre aquellos que tienen de todo y aquellos que de todo carecen, y todo ¿por qué?, por el nacionalismo, por el apego a aquello que uno considera suyo. Cuando una persona dice: “esto es mío”, ha creado una fosa de muerte, una frontera entre él y las demás personas, y así nace el sentido de la propiedad, el sentido social del obrero contra el capitalista, y así vamos multiplicando los errores porque nos hemos afincado en una parte de la Tierra y decimos: “este es mi país”, “esta es mi nación”, “yo soy esto, yo soy lo otro”, y como que los demás piensan lo mismo no es extraño que existan guerras, conflictos y dificultades, y que habiendo naciones que tienen tanto poder económico se estén muriendo de hambre en Arabia, en África o en otros lugares. Si comprendemos esto veremos la inutilidad del nacionalismo, el peligro del ser nacionalista, del sentirse catalán, valenciano o aragonés. Cuando se pierda esta pequeña diferenciación que es solamente un débil tamiz, se abrirán las puertas de una nueva vivencia, de otra vida distinta de la que conocemos, no habrá problemas de integración social como existe ahora, no habrá problemas de integración racial, nacional o internacional, seremos siempre seres humanos simplemente. Ser humano es lo más hermoso que existe. Un ser humano no tiene por qué estar adherido a la tierra en que ha nacido u otras que le resulten familiares, sino que donde el discípulo se encuentre ahí estará su patria, los hermanos de aquel país serán sus hermanos, ahí esta la gracia, la ley, el orden, pero, claro, la gente todavía se afinca en las raíces de lo que fue su pasado y de esta manera nunca existirá una liberación en el corazón del ser humano. Estamos batiendo al tambor del tiempo como lo hicieron nuestros antepasados y así iremos comprendiendo el valor del karma, del karma nacional, creado por el karma de afecto hacia la tierra de los seres humanos que viven en aquel país. Las conquistas territoriales, el colonialismo, todo esto forma parte del nacionalismo, el querer absorber más tierra que los demás, más gente para subyugar, más esclavos a través de los cuales hacer trabajar la tierra, ¿es esto esotérico?, no el nacionalismo como idea ni como acción, sino la comprensión del peligro del nacionalismo, es a esto a lo que vamos, es a esto a lo que tendríamos que ir constantemente.

El Agni Yoga y el Momento Actual de la Humanidad, Barcelona, 29 de noviembre de 1986

Bueno, es que nosotros hablamos no de un fracaso del discípulo, el fracaso del discípulo fue debido a que durante el período de la Guerra Mundial no hicieron el esfuerzo necesario para evitarla, cada uno se sintió nacionalista y, entonces, unos discípulos lucharon contra otros discípulos simplemente porque estaban todavía cristalizados en la idea del nacionalismo. Entonces, todo esto ha pesado, ha gravitado, sobre la herencia colectiva de la humanidad, y aún sin darnos cuenta somos nacionalistas. Por un lado somos discípulos, o tratamos de serlo, por otro lado tenemos esta angustiosa situación de regresión al pasado, marcada por las tradiciones que nos están impidiendo elevar nuestra visión al plano causal.

El Plan de Shamballa para la Presente 4ª Ronda, Onteniente, 30 de noviembre de 1986

La misión de los Ángeles en la creación de los ambientes sociales de la Humanidad – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 13 de mayo de 1978.

Vicente.—… llegando progresivamente a la convicción de que iniciación desde el ángulo de vista esotérico implica siempre la entrada en un nuevo campo de valores psicológicos en lo que respeta al hombre, o en otra dimensión del espacio en lo que corresponde a los planos de la Naturaleza, o simplemente entrar en nuevas zonas de la conciencia hasta aquí desconocidas o ignoradas.

El triángulo equilátero, tal como podemos demostrarlo, es la figura por excelencia que ha simbolizado la iniciación, y para que tengamos una idea lo más concreta posible de la iniciación en lo que respecta al hombre en el momento actual de la sociedad, démonos cuenta de que no está integrado en sus valores psicológicos, es decir, que el pensamiento, el sentimiento y la acción no están plenamente coordinados, lo cual significa que no existe un triángulo equilátero perfecto sino que puede ser isósceles o escaleno, o quizás otra forma de triángulo que desconocemos en otras dimensiones del espacio, pero, en todo caso, a medida que el ser humano va evolucionando la integración es más perfecta, y cuando cíclicamente la mente, la emoción y la conducta entera del individuo forman un triángulo equilátero, es decir, que están plenamente compensados o equilibrados, automáticamente se produce la iniciación, la entrada del ser humano en otro reino superior de la Naturaleza.

Esto es en síntesis lo que fue el tema del otro día, y ahora, para empezar la conversación de hoy, voy a hacer observar, como siempre es mi costumbre, que a menos que se presenten científicamente los temas esotéricos las personas conscientes de nuestros días quizás no lo van a aceptar, porque vivimos, ustedes lo saben bien, una era rigurosamente técnica, lo cual significa que solamente en forma científica podemos presentar las altas verdades del espíritu y que las gentes las comprendan en su justa dimensionalidad y tal como debe ser, tal como es la ley.

He elegido como tema de conversación de hoy: la misión de los ángeles en la creación de los ambientes sociales de la humanidad, y he dividido esta conversación en cuatro partes que son: primero, una pregunta que puede ser un desafío a nuestra conciencia de investigadores, que es: ¿qué es el espacio? Un tema como verán rigurosamente científico, con sus apartados, la teoría de los campos magnéticos, el aura etérica del ser humano, un espacio dentro del espacio, lo cual aunque parezca metafísico puede ser presentado en forma muy dinámica y en forma muy científica también, que es el éter como campo de expresión del ser humano, como campo de expresión de todos los seres de la Naturaleza. Así que con la teoría del espacio, porque teoría es todo aquello que no puede ser comprobado científicamente, cuando algo científicamente es comprobado la teoría se convierte en algo objetivo, algo concreto, intelectivo, podríamos decir, que podemos todos mirar de una manera muy objetiva y, por lo tanto, muy comprensiva a nuestros sentidos y a la percepción de nuestra mente intelectual. Entonces: ¿qué es el espacio? Todo aquello que aparentemente no está ocupado por cuerpos físicos es espacio, ¿pero es que el espacio es solamente un espacio físico?, ¿no existe un espacio dentro de otro espacio hasta la inmensidad de lo cósmico?, porque cuando hablamos del espacio lo hacemos siempre en términos de una tercera dimensión que es la que podemos percibir casi objetivamente, con la dificultad de que si intentamos representar gráficamente la tercera dimensión solamente podemos observar completamente dos, significa esto que para emitir la idea del espacio tal como el espacio es, no como algo absolutamente abstracto, sino como el lugar, por así decirlo, en donde se realiza la evolución de no importa qué conciencia psicológica en tiempo y espacio, con lo cual tenemos que penetrar no sólo en el espacio humano, o campo magnético, o aura etérica, si ustedes lo prefieren, sino que tenemos que profundizar en la vida de aquello que llamamos dioses, siendo los dioses aquellas poderosas entidades psicológicas que gobiernan una porción de espacio mayor para contener su universo, y dentro de este universo hay los planetas, los satélites y ciertos asteroides desconocidos por la ciencia astronómica porque no son objetivos, o al menos están en una posición que no pueden ser percibidos. Entonces, cuando existe una proyección desde un centro dinámico, psicológico, hacia la totalidad del espacio cósmico se produce un círculo infranqueable, un círculo-no-se-pasa, más allá de esto, el Logos, el hombre, el átomo, ya no puede pasar, es su campo magnético. Y si vamos penetrando en la teoría de los campos magnéticos sabremos porqué unas personas son simpáticas y otras son antipáticas, según nuestro punto de vista, según nuestro temperamento y condición, y también sabremos cómo un ambiente social, un ambiente determinado, no es más que el resultado, la suma de muchos campos magnéticos en este espacio que al ser inundado de la fuerza psicológica de tanta gente, de tantos seres humanos, y otros seres no humanos, están constituyendo una participación activa allí donde aparentemente existe el vacío, existe la nada. No existe la nada, existe solamente un espacio desconocido que según se nos dice ocultamente posee una entidad psicológica, lo cual hace penetrar al científico en otras dimensiones, bien a su pesar, porque él vive de las comprobaciones objetivas, porque de hecho hay reacciones en el espacio que la ciencia no puede controlar indica que existe en el espacio una  fuerza poderosa, una inteligencia dinámica, que aparte del ser y aparte quizás de los propios dioses está trabajando, está actuando, está condicionando, está evolucionando, así, de una manera total y libre, tal como lo hace un ser humano. Pues bien, el éter, cuando hacemos una distinción entre el espacio y el éter, podemos decir que esotéricamente el éter físico no tiene mucha importancia, interesa el éter dinámico que surge de la conciencia psicológica, cuando empieza a crear en el espacio aquellas ondas concéntricas que van desde el centro del corazón psicológico, puesto que nuestro universo se basa en el corazón hasta las fronteras en donde se choca con el aura magnética de otro universo. Durante este proceso existe lo que llamamos evolución. La evolución se realiza pues en espacio y tiempo, siendo el tiempo la cantidad de espacio que puede ser medido en determinadas fracciones que la mente intelectiva ha tomado como ejecutoria de acuerdo con la duración del día, o sea, veinticuatro horas, y de ahí el reloj y la apremiante impaciencia del hombre moderno que está conteniendo más tiempo que espacio y que, por lo tanto, no tiene tiempo, le falta tiempo, porque le sobra espacio, porque no sabe lo que es el espacio. Bien, si esotéricamente podemos llegar a la conclusión de que el espacio vital, el ambiente lo estamos creando nosotros, que somos nosotros los responsables de todo cuanto existe, de las condiciones ambientales, de la forma cómo opera el dinamismo creador sobre esta substancia que llamamos éter, cómo el éter es comprimido en ciertos sectores de la humanidad creando campos magnéticos negativos, y cómo hay grupos de personas de buena fe, de buena voluntad, que en vez de comprimir el espacio por medio del tiempo, disuelven el tiempo en su corazón y van creciendo en el espacio, siendo cada vez más libres en pensamiento, en emoción y en conducta, llegaremos a la conclusión de que como seres humanos creadores podemos crear el ambiente requerido que está determinando cualquier tipo de evolución superior o cualquier tipo de civilización pretendida o cualquier cultura que necesiten las personas para convertirse en verdaderos hijos de Dios.

La misión de los Ángeles en la creación de los ambientes sociales de la Humanidad

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La Iniciación – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 8 de abril de 1978.

Vicente.— Vamos a iniciar nuestra conversación de hoy haciendo una breve referencia a cuanto dijimos el mes anterior. Como ustedes recordarán hablamos acerca del proceso de redención, haciendo un énfasis especial acerca del significado absolutamente científico del término que se escapa de la concepción meramente religiosa que hemos sostenido hasta aquí, y llevando este espíritu de redención al seno mismo en donde se gesta la estructura física de nuestro Universo, es decir, el elemento químico, teniendo en cuenta que un elemento químico es una entidad auto consciente perteneciente a una corriente de vida hasta aquí desconocida, pero tan absolutamente completa como es la evolución dévica o la evolución humana. Todos los elementos químicos de nuestro Sistema Solar, no solo del plano físico sino también de los demás planos: plano astral, plano mental, plano búdico, etc., están constituidos por elementos químicos. La densidad de un elemento químico define su grado de evolución, y el grado de evolución de los elementos químicos de no importa qué cuerpo físico, mental o emocional de cualquier ser humano, indica el grado de evolución del ser humano. Así que el principio de redención, en lo que a la estructura meramente física compete, vendrá determinada por el ejercicio de las funciones del espíritu, por la sabia organización mental del individuo y por la capacidad de extraer substancia etérica del plano físico e introducirla conscientemente dentro del núcleo de la substancia que llamamos elemento químico.

Dijimos también – ustedes lo recordarán – que redención, técnicamente descrita, es sutilización de la materia en no importa qué nivel del Universo. Indica también introducción de luz en la substancia, y todo este proceso nos lleva a la conclusión de que la evolución del Universo está regida constantemente por el principio de redención. Y tal como les anuncié, hoy vamos a referirnos, a partir de este proceso de redención, a uno de los temas más esotéricos que enfrenta la mente investigadora del ser humano, es el tema de la iniciación.

Iniciación – técnicamente descrita – implica la revelación de un secreto, el descubrimiento de un misterio y la conquista de una dimensión, así, en este orden. Implica constantemente una pérdida constante de peso – un término científico por excelencia – de cada uno de los cuerpos específicos con los cuales expresamos nuestro espíritu; implica también un esfuerzo por parte del individuo que quiere introducirse, mediante un esfuerzo sostenido, mediante un sacrificio permanente, dentro de aquello que místicamente llamamos los Misterios del Reino. ¿Qué es exactamente el Reino de Dios? Simplemente, a la manera científica, (es) una dimensión que debemos conquistar, a partir de la cuarta dimensión, que tratamos actualmente de dominar, introducirnos en la quinta dimensión y conquistar el secreto de las edades, o sea, el secreto que puede ser descrito con aquella triple interrogante del hombre, del ser humano, de: ¿quién soy?, ¿de dónde procedo? y, ¿adónde me dirijo? Iniciarse en los misterios sagrados implica el sacrificio constante de nuestra personalidad, la pérdida de todo egoísmo, el desarrollo de nuestra capacidad mental para investigar, una humildad exquisita y el poder de síntesis.

Cuando hablamos de iniciación a un grupo de personas interesadas en las cosas esotéricas, ya sabemos que se lo tenemos que decir en un sentido de esfuerzo y de disciplina, teniendo en cuenta que la disciplina no es algo estereotipado, algo rígido e inflexible, sino que es la capacitación permanente del individuo frente a la sociedad que le rodea, tratando de ser consciente en todos y cada uno de los niveles de su ser, extrayendo constantemente mediante su capacidad analítica el jugo sabroso de su experiencia. Otra forma de describir la iniciación es el acopio de experiencia por medio del equilibrio del yo. Si pudiésemos demostrar objetivamente el sentido de la iniciación, bastaría solamente describir un triángulo equilátero, teniendo en cuenta que el triángulo no es solamente una figura geométrica tal como la conocemos sino que es el símbolo del equilibrio, cuando el individuo comprende por ese espíritu de investigación con que la naturaleza lo ha dotado, que hay algo más y por encima de su posición actual como observador, que puede ir siempre más allá de las metas que el hombre constantemente se está trazando, cuando comprende por el ejercicio de la función analítica y espiritual que la meta como perfección no existe, que la perfección no es sino un devenir constante, un eterno ahora que debemos tratar de vivir con toda la intensidad de nuestro ser, ya estaremos introduciéndonos en lo que podemos definir como proceso iniciático. Estamos tratando de ser completamente en el mundo del existir y cuando comprendamos la real diferencia que existe entre el ser y el existir, entre el mero permanecer y el estar constantemente en el Reino de Dios, sabremos exactamente lo que es un ser humano y el porqué nuestro planeta ocupa el lugar central de la evolución, el más interesante y, desde el punto de vista del Logos Solar – hacemos referencia la más alta potestad de nuestro Universo – es el centro de la evolución del Universo, es la representación del Cosmos. Cuando el individuo empieza a comprender por el ejercicio analítico, por el examen reflexivo y por una técnica cada vez más depurada de la lógica, que su misión no es permanecer sino que su misión es un constante devenir, está introduciéndose ya en los misterios del 5º Reino de la Naturaleza.

La Iniciación

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El Retorno a las Fuentes – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 10 de diciembre de 1977.

Vicente. — Vamos a iniciar como de costumbre nuestra conversación esotérica correspondiente a este mes. Si ustedes recuerdan, en nuestra conversación del mes pasado nos referimos exactamente al tema, para mí muy interesante, y creo que para ustedes también, que fue de la liberación del destino. Hablar de la liberación del destino en un mundo conflictivo en donde aparentemente solamente existe el caos, el odio, y la destrucción, puede parecer quizá algo muy hipotético, sujeto sin duda a la calenturienta imaginación de un hombre místico dedicado solamente a las cosas del espíritu; pero, hablamos de un mundo social, hablamos de un mundo sujeto a las mil transformaciones que exige la evolución técnica de nuestros tiempos. Estamos viviendo, pues, una era dentro de la cual existe la gran oportunidad y el gran desafío a la conciencia del investigador. Dijimos también que la liberación del destino era un problema espiritual, pero supremamente técnico o científico; todo se refería exclusivamente a la liberación de las leyes de gravitación dentro de las cuales todo cuanto exige peso, medida, y dimensión está sujeto al destino. Cuando la persona agravita, cuando la persona por su propia ley de afinidad espiritual se sacude del peso de los sentidos, del entendimiento y de las emociones, pierde esotéricamente peso, y, por lo tanto, entra en el sendero de renuncia que conduce a la liberación. Esto como primicia y, naturalmente, la liberación es incesante, es un movimiento que está ocurriendo aquí y ahora, no es algo que pertenezca al futuro, que sea hipotético, o que obedezca solamente a las razones de un místico que solamente ve el espíritu en todas las cosas. Hay que ver el espíritu pero dentro de una gran dimensión técnica o científica, y, naturalmente, para esto se le exige al investigador esotérico de nuestros días una mentalidad netamente y profundamente científica a fin de que pueda absorber dentro de sí, no sólo la aspiración superior que tiene que elevarlo hacia las alturas donde prácticamente no existe gravedad, sino que debe estar henchido de una gran intelectualidad, de un gran sistema de valores mentales que le capaciten para ver esta divinidad en todas las cosas de una manera exclusivamente técnica.

Hoy nos vamos a referir a otro tema que se fundamenta en el interior y que quizás es también un tremendo desafío a nuestra condición de aspirantes espirituales de la Nueva Era. Se trata de aquel término eminentemente místico definido como “el retorno a las fuentes”, o si ustedes lo prefieren, “el retorno al paraíso terrenal”. Son conceptos también místicos, pero, el investigador esotérico debe hallar su contraparte científica para que la mente intelectual pueda reconocerla como verdad, y también como el principio para una serie de actividades o de actitudes frente a la vida que deben convertir nuestro mundo de caos en un mundo de orden social.

Bien, si ustedes analizan el proceso místico y esotérico de la vida, me refiero a los grandes investigadores del espíritu que ustedes pueden interpretar muy bien, (me refiero) a los grandes mitos de la historia mundial que han venido segregados a través de los múltiples pensamientos de los grandes filósofos, de los grandes artistas, de los hombres, en fin, que lo dieron todo por la humanidad. Estos hombres escribieron con símbolos en arte, en ciencia, en religión, en todas partes y, por doquier, aquello que significaba una aclaración de lo que realmente era el hombre, de lo que el hombre pretendía, y cuál era el supremo objetivo del hombre, y así, al introducirnos en los grandes mitos universales, debemos forzosamente prestar nuestra atención a todos aquellos que por su naturaleza tienen un orden universal, como pueden ser los que están escritos en el Génesis, como por ejemplo en los puranas del Vishnú, porque todos ellos, cada cual dentro de su temática, ideas, o simplemente de sus puntos de vista, pueden aclarar para el observador inteligente lo que el hombre busca, lo que el hombre realmente es, y adónde el hombre se dirige. Esto, como inicio de la conversación en la cual participaremos todos. ¿Qué es exactamente un mito? Un mito es siempre una verdad presentada de una manera velada y solamente para uso de personas inteligentes, investigadores de la verdad, de personas que han hecho de su vida una investigación y que, por lo tanto están dentro de este proceso matemático de la vida que conduce a la redención. El mito mayor, el que con mayor intensidad conocemos aquí en Occidente, es el mito relacionado con el ser humano en sus orígenes, hablándonos del paraíso terrenal, hablándonos de Adán y Eva, hablándonos del pecado original, y hablándonos del árbol de la ciencia del bien y del mal, cuyas contrapartes esotéricas hallamos en cualquier religión del mundo con la suficiente garantía de verdades porque fueron escritas por grandes hombres, de hombres que sabían lo que se decían porque habían sabido interpretar justamente las leyes universales que regían el Cosmos y que, por lo tanto, pudieron expresar aunque en forma simbólica las grandes verdades universales. Así, a través del tiempo, y durante estas conversaciones esotéricas mes tras mes, hemos considerado estos mitos, o estos símbolos legados por la tradición y por la historia, de una manera científica y tratando de comparar con todo cuanto sabíamos intelectualmente para que nuestra mente no rechazase verdades que son realmente el fruto, la experiencia de los hombres que vivieron en tiempos anteriores a nosotros. El misterio de la creación, como dijimos en una de nuestras conversaciones, se refiere exactamente a los días de la creación, que después nos dimos cuenta que eran edades, edades cíclicas dentro de las cuales se movía el Espíritu de Dios sobre las aguas, como se lee en todos los grandes libros sagrados del mundo, y tratando de poner orden en todo cuanto existía y en todo cuanto todavía no existía como fórmula para garantizar el proceso de la evolución. Cuando, por ejemplo, al hablar de la genealogía de nuestro universo nos referimos a conjunciones cósmicas trascendentes, las cuales por su propia elevación trascienden el entendimiento del hombre, pero que la ciencia está incorporando prácticamente, día tras día, en el contexto de sus averiguaciones, nos dimos cuenta de que realmente podía ser así, de esta manera, y no de otra. Así que el nacimiento de nuestro universo, aparentemente algo solamente en la mente calenturienta de un observador de poesía pura o de música abstracta, como puede ser, por ejemplo, la unificación de dos constelaciones entre sí, representando cada cual un principio masculino o femenino para crear, a la manera que lo hace el ser humano, un universo, como el hombre y la mujer crean otro nuevo elemento dentro de la especie, y poder de esta manera seguir adelante tratando de medir los conceptos y las verdades de acuerdo con estos conocimientos, quizás tendríamos que darnos cuenta y vivir de acuerdo con esta realidad, y aceptar lo que nos dijeron los escritores orientales o los grandes iluminados con respecto a la Osa Mayor y a las Pléyades, y lo que se nos dice con respecto a todos los mitos solares, aquellos que reencarnan cíclicamente para demostrar al mundo la razón de ser y la razón de existir de una soberana Entidad a quien reconocemos como Dios, pero que en su esencia no es más que el ser humano elevado a una enésima potencia más allá de las dimensiones conocidas, pero que actúa y reacciona psicológicamente como nosotros, y que, naturalmente, para un Logos, o para un Dios, como ustedes prefieran denominarle, existe también la ley de la evolución, y un Logos evoluciona como evoluciona un átomo de materia. Todo está dentro de la ley de la evolución, y cuando nos referimos al mito de Adán y Eva nos estamos representando genéricamente lo que es el hombre, el principio masculino y el principio femenino que están dentro del ser humano, y que cuando actúa con mayor profusión se convierte en hombre o en mujer. Es el símbolo de lo que fueron los primeros pobladores del planeta, partiendo de un paraíso donde existe el andrógino, donde no hay sexo naturalmente, pero que al ir condensándose, al ir diversificándose, estaban creando los polos positivo y negativo y dando con esta polaridad el principio de la vida organizada tal como la conocemos a través de todas las especies conocidas. Naturalmente, no podemos comprobar que el hombre fue andrógino en sus orígenes, pero si analizamos el contexto mundial en el presente estamos viendo claro cómo existe un proceso de bipolarización de los principios, que un hombre se puede convertir científicamente en mujer o que una mujer se pueda convertir científicamente en un hombre, esto está aquí delante de nosotros y aquí en este momento. Por lo tanto, en el principio del paraíso terrenal y la despedida de Adán y Eva del paraíso terrenal una vez cumplido el principio de polaridad que ha dado vida a todas las cosas, no es ni más ni menos que la representación exacta de la manifestación del Universo, y todos nosotros somos universos que estamos proyectándonos a través del tiempo y del espacio, y el pecado original, o si ustedes que saben de esoterismo le asignan el nombre de karma, es lo mismo, en todo caso vemos que es algo realmente científico como puede ser la propia ley de gravedad, hay un peso y ese peso desciende a lo más hondo y hay algo que se eleva incesantemente desde la materia buscando el espíritu, ya tenemos la ley de involución. La ley de evolución, o el principio de gravedad centrípeta, o el principio de gravedad de la fuerza centrífuga.

El Retorno a las Fuentes

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El Destino del Hombre y su Liberación – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 1 de noviembre de 1977.

Vicente. — Vamos a reanudar nuestra eterna conversación. Desde hace un tiempo venimos investigando las leyes esotéricas de la vida tratando de comprender el destino del hombre; desde su iniciación, ya partiendo del tercer Reino -el Reino Animal- hasta la esperanza más plena de liberación del hombre en el 5º Reino de la Naturaleza, aquel que místicamente se denomina el Reino de los Cielos. En nuestra conversación del mes anterior tratamos de descubrir el destino del hombre analizando aquel término descriptivo en esoterismo llamado karma, tratando también de descubrir el significado del destino en lo que corresponde al ser humano aquí y ahora, y no siguiendo la historia del pasado con sus tradiciones, ni tampoco las ilusiones del presente que nacen cuando la persona está constantemente mirando hacia el futuro, pero, sin tener una imagen clara de lo que ocurre en el presente.

Descubrimos así, que a medida que la investigación esotérica va penetrando en el mundo de los significados se va haciendo científica, es decir, ya no podremos hablar del karma, de la reencarnación, de lo que ocurre después de la muerte, del Devachán, del misterio de los Rayos, o de la propia vida de Dios que crea el Universo, en los términos místicos del pasado. Siendo esta era, singularmente técnica, debemos enfrentar técnicamente estos significados tratando de profundizar y tratando de controlar cada uno de los aspectos místicos según su contraparte científica. Así, nos introducimos en la vida misteriosa del pasado hurgando la historia y tratando de descubrir cuál era el significado exacto de la historia, (de) aquellas energías que están creando dentro de la humanidad este afán supremo de liberación, y así, progresando, estuvimos estudiando la bella leyenda oriental de Krishna y Arjuna; el primero como símbolo del poder creador, lo innombrable, lo indescriptible, lo eterno, y a Arjuna como aquel aspecto de Krishna que encarna cíclicamente tratando de revelar el secreto de la creación. Y para que esta bella leyenda oriental tuviese un carácter científico, apuntábamos ya como algo certero, como algo lícito y algo realmente comprobable, según el sentido del principio de gravedad. Este principio que hasta aquí creíamos (inicialmente, al menos) limitado ocultamente al aspecto físico de la vida, pero, es una ley universal que la gravedad crea las situaciones kármicas o el destino, ya sea el destino de un Dios manifestado a través del universo, ya sea el destino de un ser humano a través de su cuerpo triple de expresión -la mente, la sensibilidad y el cuerpo físico-, ya sea la envoltura de un átomo, en el centro del misterio de la creación siempre encontraremos la dualidad Krishna y Arjuna, el espíritu y la materia, y como un engarce perfecto de ambos elementos el alma universal que todo lo vivifica y que a todo le presta conciencia. Dijimos también, que el hombre ha perdido la fe en los valores absolutos, ha perdido, por así decirlo, el aliento de síntesis, se ha hecho muy intelectual, fruto de este desapego de los valores inmortales. Es la materialidad del momento que estamos viviendo, pero, el destino que estamos viviendo como humanidad y como individuo dentro de esta sociedad moderna también puede ser conceptuado en términos de gravedad. El intelecto es un peso de la mente, y la fe sin razonamiento es un peso dentro del corazón, y así lo ha comprendido la religión organizada dentro de todos sus matices descriptivos, y así lo ha reconocido también la propia ciencia que ya está hurgando en las zonas de misterio que corresponden a la cuarta dimensión.

La era pasada se distinguió precisamente por el hábito dogmático de las cosas, se trató de aprender la Divinidad solamente a través del dogma, en lo que al aspecto religioso se refiere, y no fue menos dogmático el aliento científico del pasado. Hay aspectos de la vida organizada de nuestra humanidad que es la comprensión del aspecto religioso en lo que tiene de científico como la comprensión de lo científico es lo que tiene de religioso. Lo interesante es que el individuo surja o resurja como ave fénix de sus propias cenizas dogmáticas y se apreste a librar la batalla del tiempo enfrentando por primera vez en su vida aquello que denominamos inseguridad. Solamente en la inseguridad se halla la liberación del hombre y, por lo tanto, la liberación de su destino. Pero, en un mundo moderno lleno de comodidades y en donde aparentemente la ciencia tenga la última palabra, debemos arrostrar la indiferencia, o quizás arrostrar la falta de investigación de muchos seres humanos que están hablando de una Nueva Era, pero, sin haber perdido todavía los estigmas que pertenecen al pasado. Estamos viviendo, creo yo, un momento solemne dentro de nuestra vida psicológica, y se nos presenta, yo creo que ustedes se darán cuenta, (de) una gran alternativa en nuestras vidas que nos obligará a realizar un gran esfuerzo de selección para elegir aquello que corresponde exactamente a nuestra propia era, a esta era que ha sido descrita como la era de tecnicismo y como la era de la búsqueda de la propia realidad. Es decir, que cuanto aquí, siempre hablando en términos de karma y de destino, fue considerado una meta, por ejemplo, buscar la resolución de los problemas sociales siempre a través de motivos de fe, ha sido un fracaso, y ustedes se darán cuenta de ello cuando examinen el estado de las religiones en la actualidad, y ahora no hay más remedio de que la religión se haga científica y aprenda aquello que rehuyó constantemente y que constituyó, desgraciadamente, una de las más duras etapas en la vida de la humanidad, aquella etapa de oscurantismo religioso que obligó a Galileo a decir que la Tierra no se movía por las presiones de la Santa Inquisición. Lo mismo ha ocurrido en el terreno religioso por parte de lo científico, negando a priori todo cuanto no puede ser comprobado todavía por la ciencia porque todavía no existen aparatos científicos de la alta precisión necesaria para poder dar fe y testimonio de la cuarta, de la quinta, de la sexta dimensión del espacio. Entonces, el pecado ya no es de la ciencia ni de la propia religión, sino del propio espíritu del hombre que no ha sabido comprender exactamente cuál era su misión en la vida y cuál era el aliento de la propia fraternidad.

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La Ley del Karma – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 8 de octubre de 1977.

Vicente.— Ustedes recordarán que en nuestra conversación del pasado mes nos referimos, concretamente, a los espacios intermoleculares que existen en toda materia organizada, y aún dentro de todos los planos de la naturaleza y entre los reinos. Todo cuanto existe en la naturaleza posee este espacio intermolecular, un espacio intermolecular que da lugar a aquello que psicológicamente describimos como Ley de Inseguridad. El ser humano por su tendencia gravitatoria, si puedo emplear esta expresión, está constantemente buscando seguridades, y me pregunto si hay alguna seguridad espiritual para el ser humano, habida cuenta que místicamente la inseguridad rige la vida espiritual. Entonces, el concepto dinámico de la vida impuesto por la tradición y por los últimos acontecimientos, constituyendo un núcleo de poder enaltecedor de la conciencia, está actuando en virtud de los espacios intermoleculares, y sirve de vehículo a aquella ley gravitatoria que permite la expresión de los mundos.

Quisiera hoy conversar con ustedes sobre un tema, a mi entender apasionante, que está en la base de toda formulación, de toda interrogante, y que una vez comprendido este punto podemos decir que el individuo se ha encontrado realmente a sí mismo y puede ascender por las alturas misteriosas de la iniciación, me refiero concretamente a la Ley de Karma. Todos estamos sujetos a karma, pero el sentido que tenemos de karma es, a mi entender, de un tipo meramente analítico, hipotético, pero, ¿qué sabemos realmente del karma? El karma y el destino son la misma cosa. Sabemos que el hombre forma parte de
su destino y que el destino forma parte del hombre, y la pregunta inmediata es: ¿qué papel juega realmente el individuo ante esta ley gravitatoria de karma? Al hablar de karma en un sentido realmente científico, tal como debe ser en nuestra nueva era de grandes avances técnicos, es (necesario) el considerar en toda su expresión esotérica la ley de gravedad, esta ley que Newton enjuició de esta manera empírica de que los cuerpos se atraen en virtud de la densidad de sus masas y en una relación inversa al cuadrado de la distancia. Significa que todo el proceso manifestado de la vida obedece únicamente a la ley de gravedad, siendo la gravedad el principio expresivo del Universo, y aunque un planeta, un sistema planetario, un sistema solar, o la totalidad de una galaxia, contenga mundos siderales, mundos etéricos, no significa esta particularidad el que sobre estas masas siderales de tipo etérico no tengan también su propia gravedad. Todo cuanto vemos es una expresión del karma y todo cuanto vemos es una expresión de la ley de gravedad, y para enjuiciar la ley de gravedad en su verdadera dimensión hay que remontarse al principio del Universo y, naturalmente, se nos puede tachar de soñadores de mente nebulosa, o quizá demasiado mística, cuando empezamos locuciones de tipo cósmico, tal como debe ser en el sentido del estudio esotérico. Entonces, más que un misticismo acendrado, o más que una potencialidad dinámica de la acción, (lo importante) es el reconocimiento de ciertas verdades y es la consideración de si el karma es realmente un destino inapelable, implacable, sujeto a la acción e interacción de los astros en movimiento, tal como nos dice la astrología, o bien será la expresión libre de un ser cuya voluntad está más allá y por encima de las estrellas. Entonces, al preguntarse las causas de la ley de gravedad empezamos a preocuparnos ya por aquellas causas que contienen una tremenda voluntad dinámica, que contiene el poder aglutinante de los éteres para producir un universo. Se nos dice esotéricamente que existe un espacio cósmico que contiene una entidad, o mejor dicho, que el espacio es una entidad, y aparentemente al decir que el espacio que nos envuelve es una entidad, si no analizamos científicamente esta palabra puede conducirnos a muchos errores. Tengan en cuenta que la ley universal es la de que un universo mayor contiene a otro menor; existen el continente y el contenido, existe el poder aglutinante, el que crea una galaxia, empezando por la nebulosa, y existe el principio de la concepción en un ser humano, que es la misma cosa. En todo caso, dense cuenta de la particularidad de que no existe el acaso o el destino ciego o algo que pasa sin que intervenga la voluntad libre del hombre, y cuando hablo de la voluntad libre del hombre me refiero al poder que tiene el hombre sobre su propio destino, por cuanto, en su esencia, el hombre es el creador absoluto de su propio destino. ¿Cómo y de qué manera se puede establecer la base esotérica de esta afirmación? Ustedes deben considerar algo muy importante, por bello que sea el universo estrellado que podemos contemplar durante la noche, cuando todo son fulgores de luz en el cosmos que podemos localizar con nuestra percepción física, hay que darse cuenta automáticamente de que todo aquello es karma en expresión, que todo es un punto gravitatorio, o una serie de puntos gravitatorios, sobre los cuales la vida extiende su manto y procura vehículos para el ser manifestado. Cuando el alma quiere manifestarse, cuando el Logos quiere crear un universo, el proceso es idéntico. Existe ante todo una proyección de la voluntad monádica –la del Logos y la del ser humano– sobre un punto determinado del espacio, un punto previamente elegido como campo de experimentación, un punto sideral donde convergen todas las fuerzas del cosmos, y muy particularmente ciertas constelaciones y ciertos planetas. Una vez el campo ha sido elegido, lo que podemos decir es la concepción de lo que será un vehículo, lo que será la expresión kármica del hombre, surge el aspecto, digamos, constructivo, que es el que trae el karma a la existencia. El karma es algo aparte del ser, es algo que proyecta voluntad, puede hacerlo, porque comparando el karma con el ser, es tan tremenda la distancia en tiempo y espacio que nuestra mente no puede llegar a analizarlo en su totalidad; solamente fragmentos de la historia del Cosmos pueden llegar a nuestras débiles mentes. Pero, si ustedes leen atentamente el Bhagavad-Gita, con la leyenda maravillosa de Krishna y Arjuna se darán cuenta dónde ustedes pueden situar el karma, teniendo en cuenta que Krishna es el Ser por excelencia y Arjuna es el pequeño fragmento que contiene el karma en su corazón. Entonces, ¿qué es lo que realmente encarna o reencarna o se manifiesta a través del espacio? Es aquella partícula que llamamos “Arjuna”, el Arjuna cósmico, el Arjuna humano y el Arjuna atómico, si ustedes me permiten esta expresión, porque estamos tratando con la ley hermética de analogía, que nos dice constantemente que “igual es arriba que abajo e igual es abajo que arriba”. Entonces, la leyenda misteriosa de Krishna y Arjuna, simbolizada en aquella frase esotérica por excelencia que dice que “después de llenar el Universo con un pequeño fragmento de mí mismo, Yo persisto en la totalidad de mi Ser”. Dense cuenta que el karma es el producto del pasado; el pasado ata, pesa en la conciencia, por glorioso que haya sido, y la tendencia que tiene la persona de ir hacia el pasado es robustecer los lazos del karma, es crear puntos de tensión constantes, o puntos de gravitación dentro de su propio ser que le obligan a encadenarse a un centro determinado dentro de sí sujeto a gravitación.

La Ley del Karma

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