El Hombre y las Facultades Psíquicas Superiores – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 10 de junio de 1978.

Vicente. — En nuestra conversación del mes anterior estudiamos la idea de los ángeles en relación con el ambiente social de la humanidad. Hay que darse cuenta desde un principio que en estas conversaciones esotéricas cuando nos refiramos o hablemos de los ángeles estamos dando una noción del término científico de energía, nada tiene que ver con los ángeles de la tradición tal como han venido a nosotros a través de las Iglesias organizadas y místicas de la humanidad en el mundo; por tanto, cuando empleemos el término ángeles ustedes pueden automáticamente asignarle el término científico de energía, la energía de la luz, la energía del sonido, la energía que produce por cristalización todas las formas conocidas de la naturaleza. Por tanto, dense cuenta de algo muy importante, cuando estamos pensando estamos creando unas ciertas formas en el éter, estamos removiendo creativamente el éter produciendo sonidos, colores y formas geométricas. Cuando estamos sintiendo, cuando nuestras emociones surgen del plexo solar, o del corazón en un caso de sentimiento muy agudo, estamos también removiendo creativamente los éteres constituyendo las formas que conformarán lo que podríamos denominar el ambiente emocional del mundo, y cuando estamos pensando también en ciertos momentos de exaltación estamos creando las bases de los arquetipos. Pero, en un resumen de todo cuanto se puede decir en torno a ideas humanas, todo cuanto el hombre hace, piensa, siente, habla o dice está creando el ambiente de la humanidad, habida cuenta de que el éter está poblado por elementos desconocidos dotados de una inteligencia peculiar que recogen nuestros pensamientos y acciones, y están llevándolos a la actividad formando un ambiente que puede ser negativo o positivo, lo cual dependerá de la forma que adopten los humanos para manifestarse. Aquí estamos reunidos siempre en un plan de investigación profunda, tratando de resolver problemas básicos de la humanidad, problemas pues que están en la base de nosotros mismos, que constituyen la estructura de nuestros futuros ambientes y por lo tanto de aquello que técnicamente llamamos el karma. El karma es, por así decirlo, la recopilación de todo cuanto hemos pensado, sentido, dicho o hecho a través de las edades; me refiero a la humanidad como un todo. No podemos quejarnos de los ambientes que hemos producido, hemos segregado de nosotros la materia que confecciona el ambiente, y esta materia confeccionada por obra y gracia del Espíritu Santo, que es la forma típica de trabajar de los ángeles, se ha convertido en todo cuanto conocemos, en todo cuanto poseemos y, en un caso muy elevado, en aquello que nosotros intentamos hacer del mundo, un mundo mejor para todos nosotros, un mundo en el cual todos podamos vivir en paz, un mundo creado por la luz del pensamiento y por el color más vivo de nuestros sentimientos creadores. Así será posible que vengan a nosotros las nuevas formas geométricas, las que deben dilucidar dentro del mundo la estructura de la nueva civilización y que debe escribir por lo tanto la nueva historia de la humanidad.

Hoy vamos a hablar también de los ángeles pero en un sentido muy peculiar, es no sólo el ambiente social de la humanidad sino aquello que significa para nosotros la extensión de todo cuanto somos y de todo cuanto anhelamos ser. Por lo tanto, nos vamos a referir a los sentidos tal como los conocemos físicamente, extendiéndolos a nuevas formas de vida, a nuevas situaciones, a nuevos hemisferios de vida o dimensionalidades en las cuales nosotros deberemos tener también una conciencia propia capaz de utilizar los resortes de la imaginación y de la telepatía colectiva para crear el ambiente social de la nueva era. Entonces, cuando nos refiramos a los sentidos nuevos que el hombre debe desarrollar para crear la nueva civilización y para escribir la nueva historia tendremos que referirnos a aquello que realmente es apetecible, a aquello que debemos abandonar por inservible y a la manera en cómo debemos formular nuestras intenciones para que se conviertan en las formas positivas que todos anhelamos producir.

¿Qué es exactamente un sentido en lo que se refiere al hombre físico al que todo conocemos? Son las avenidas de contacto con el mundo fenoménico que nos rodea, el sentido de la vista, del oído, del tacto, del gusto, el olfato, etc., son avenidas de contacto del Yo espiritual en el mundo físico, pero cuando los sentidos se extienden, se prolongan hacia los mundos ocultos, hacia los mundos sutiles, se convierten en aquello que técnicamente llamamos facultades psíquicas. Las facultades psíquicas no son ajenas al Yo, son la propiedad del Yo, no tienen que dominar al Yo, son por así decirlo avenidas de contacto en los mundos invisibles. Conocemos el mundo físico, empezamos a conocer algo del mundo emocional y, algunos grandes pensadores están introduciéndose en aquellas facultades psíquicas superiores que pertenecen al mundo mental, y así continúa progresando la vida desde lo físico hacia lo más elevado, tratando siempre de que estos sentidos sean utilizados correctamente en beneficio de la humanidad y para una mejor gloria del Yo espiritual. Y, naturalmente, para empezar a introducirnos en el tema de las facultades psíquicas tendremos que analizar la historia de la humanidad desde el principio de los tiempos. Ustedes han oído hablar de otras razas anteriores a la actual; efectivamente, antes de nuestra raza Aria han existido dos grandes razas, la raza Atlante, y anteriormente la raza Lemur. Cada una de estas dos razas desarrolló mediante el proceso cíclico de la historia algunas facultades; unas honraron aquélla civilización, otras la destruyeron como en el caso triste de la Atlántida; pero, lo que interesa al ser humano de nuestros días, al hombre con mente analítica capaz de discriminar y de discernir es buscar las avenidas del Yo espiritual pero en todas las dimensionalidades del ser en donde tiene creado un cuerpo. Actualmente tenemos creados tres cuerpos: el cuerpo físico, el vehículo emocional y la mente. Son vehículos tan completos como el cuerpo físico, están tratando de darnos noción de ciertas zonas de la vida de Dios en la naturaleza, y esto significa que existe una gran responsabilidad por parte de los investigadores esotéricos y por parte de los aspirantes espirituales, y por aquellos discípulos dentro de un plan científico y no simplemente místico que somos todos nosotros. Así, el proceso va desde los sentidos meramente físicos hasta su prolongación al mundo astral, extendiéndose al mundo mental y tratando allí de adueñarse del secreto de la historia que compete a la humanidad y que está escrita con caracteres de fuego en el corazón de todos los seres humanos. Y para hablar de estos sentidos tendremos que hablar de los átomos permanentes, de las espirillas dentro de cada uno de los átomos permanentes, y claro habrá que preguntarse qué es un átomo permanente. Un átomo permanente es un átomo que aparentemente no difiere de los demás átomos en un plano determinado, salvo que está compuesto de una materia sutilísima que se denomina técnicamente o esotéricamente energía atómica, atómica en un sentido real y completo, no solamente como cuando nos referimos a la bomba atómica, nos referimos al subplano atómico de cada plano constituido por una serie de energías de tan alta acuidad que son capaces de registrar dentro de un átomo elegido por el propio Espíritu al principio de los tiempos toda la historia del ser humano a través del tiempo. Entonces, aquí tenemos que empezar a hablar de aquello que es dimensión, y cómo la velocidad de la luz, cómo la velocidad del pensamiento, cómo la velocidad del sentimiento creador han impuesto un ritmo nuevo a la humanidad y este ritmo nuevo está caracterizado por la fuerza que surge del átomo permanente; es como si dentro del estuche causal existiese un triángulo formado por tres puntitos de luz, luz monádica que se refleja en el plano superior mental por el átomo permanente mental, en lo más superior del plano astral por el átomo permanente astral, y en la parte física y alojado en el corazón el átomo permanente físico creado con materia etérica de la más alta acuidad y pureza.

El Hombre y las Facultades Psíquicas Superiores

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