El nacionalismo según la tradición esotérica y espiritual (1ª parte) – Vicente Beltrán Anglada

Inicio aquí una serie de tres artículos sobre un tema social y político muy de actualidad. Las opiniones vertidas aquí no son mías, ni porque las publique quiere decir que estoy de acuerdo o en desacuerdo, sino que todo debe ser analizado y reflexionado a la luz de la intuición, y de allí debemos sacar nuestras propias conclusiones. Son tres autoridades dentro de la tradición esotérica occidental y la espiritualidad, en las que su opinión clara y contundente queda fuera de toda duda. Empiezo este primer artículo con opiniones que dio Vicente Beltrán Anglada a lo largo de sus más de 400 conferencias. El segundo artículo que publicaré será sobre la visión del nacionalismo de la autora británica Alice A. Bailey, a través de sus libros, y terminaré con una tercera entrega con la visión del nacionalismo según Jiddu Krishnamurti.

…Y esto para todos los seres humanos dentro cualquier estructura social, política o religiosa, cuando la persona se coloca, se introduce en una estructura, ha dejado de ser, siempre y cuando no tenga la suficiente fuerza de voluntad e inteligencia para surgir audazmente, cuando crea innecesario la estructura, lo cual es muy difícil, porque cuando la persona se siente dentro de una estructura adquiere la conciencia de la propia estructura. Luego decimos, somos catalanes, somos vascos o somos españoles, lo cual quiere decir, que indica que hemos creado una barrera que nos separa de los demás, que es una barrera de recuerdos, de tradiciones, pero que son falsas en el fondo, porque la conciencia esta más allá del tiempo y del espacio, más allá de los nacionalismos, los que sean, más allá de la condición, solamente existe un punto eterno: el hombre o el ser humano, sin matiz. Si dijésemos: Yo soy, con toda la fuerza del verbo y no yo soy esto o soy aquello, ya estaríamos libres de la estructura condicionante, pero no podemos estar bajo la equidad de un verbo sin poner un adjetivo o un nombre subjetivo que lo preceda, ¿por qué?, porque tenemos miedo de ir solos ¿verdad? La soledad mística…

Psicología Transcendente, Vitoria 3 de mayo de 1982

Bueno, el conflicto está por doquier y cuando hablo de un gran conflicto siempre lo hago en términos generales o en términos mundiales, en términos internacionales. Para mí sería muy fácil hablar de Euskadi, por ejemplo, o hablar de Cataluña, que es mi región materna, pero esto sería algo analítico pero al propio tiempo conflictivo, hablo del hombre, y el hombre está por doquier, sin raza, sin religión o como sea, el hombre siempre es hombre, significa que es parte de la divinidad. Por lo tanto, yo cuando me refiero a que existe conflicto social, no aquí, ni allá, ni acullá, es porque el conflicto está en el corazón humano, que exista más conflicto en ciertas áreas del mundo, lo acepto, pero no hay que negar que todo viene producido porque el individuo sin darse cuenta se ha separado del contexto social, se ha empobrecido de tal manera que ha quedado reducido a una mera fracción de hombre, y cuando el hombre deja de ser total, lo cual implica creación, automáticamente surge la divergencia, surgen los estúpidos nacionalismos y surge inevitablemente la lucha, y cuando el hombre empieza a luchar, no lucha el hombre solamente, lucha toda la naturaleza, porque el hombre —el ser humano, me refiero— es el espejo donde se miran todos los reinos de la naturaleza, que cuando se dice que el hombre es el rey de la creación, se está utilizando un término total, significativo y sintético, porque si tal como se asegura y tal como toda la naturaleza parece que lo comprueba, el planeta septenario, el ser humano que ocupa el cuarto reino de la naturaleza, es el centro donde se debate el ser o no ser del propio planeta, no solamente ese pequeño centro que llamamos humanidad, hablamos en términos fundamentales, en términos generales, en términos de síntesis, en términos de un gran equilibrio, y verán ustedes que en todo el tiempo que he estado hablando con ustedes no me he referido a aspectos esotéricos de la cuestión, me he limitado a exponer ciertos hechos que todo el mundo puede comprobar, lo cual no sucede frecuentemente cuando hablamos del conocimiento esotérico en sí y en las áreas del conocimiento en cualquier parte, en cualquier estilo y en cualquier idioma, sino que estamos hablando de nuestra situación actual, para que tengamos conciencia de cómo podríamos actualizar nuestra aptitud, hacerla más creativa, más impersonal, más rica, menos aislantes del resto de la sociedad, simplemente esto. Y si lo hemos reconocido —repito, voy a terminar— si hemos comprendido esta cuestión, estamos contrayendo una grave responsabilidad si no utilizamos esta compresión aquí y ahora de inmediato. Trato de ser muy noble y muy honrado en mis afirmaciones y ustedes si aceptan mi nobleza de aptitud, reconocerán que tengo verdad y que la razón me asiste, porque todos ustedes en el fondo del corazón lo están reconociendo, sino no estarían ustedes tan expectantes, porque sin darse cuenta estoy retratando su propio espíritu, aquello que presienten, aquello que sienten y aquello que tratan de vivir.

La Incógnita del Hombre, Vitoria, 4 de mayo de 1982

Interlocutor. — ¿Podrías hablar del nacionalismo desde un punto de vista esotérico en España?
Vicente. — Es que el nacionalismo, por su propia esencia, por su propia idiosincrasia, no es esotérico, es muy mundano. No se trata de ser nacionalista, se trata de comprender hasta qué punto estamos ligados o apegados al nacionalismo; nacionalismo vasco, valenciano o catalán, cualquiera, siempre es separación, el espíritu nacionalista siempre frena los ímpetus del investigador esotérico. Si una persona por su propio karma ha nacido en cualquier nación que es nacionalista, tendrá que ser muy inteligente para poder subsistir dentro de esta nación sin que pierda ni se altere su vida espiritual, que no se conmuevan las fibras íntimas de su ser psicológico y, entonces, ¿qué sucederá?, que con el tiempo las fronteras serán destruidas, porque habrán desaparecido los nacionalismos que dicen “esto es mío”, es lo que está sucediendo con las Malvinas, o con Gibraltar, o con Ceuta y Melilla, por ejemplo, ¿por qué queremos tener algo que no es de nadie sino de Dios? Y, sin embargo, todo el mundo quiere tener cosas, y cuando existe un nacionalismo muy acusado, ¿qué sucede?, pues el enfrentamiento entre dos naciones, porque las dos están henchidas de nacionalismo, y vienen las guerras, las fronteras que encierran a las naciones entre si herméticamente, perdiéndose de vista la humildad de Dios en el corazón. El nacionalismo es la antítesis de la humildad y, sin embargo, estamos discutiendo por pequeñas porciones de tierra que solamente pertenecen al planeta Tierra y a los seres que la habitan, y no a los hombres y a las naciones. Es que parece imposible que el hombre no comprenda esta realidad, y que continúe amurallándose, cavando trincheras entre las naciones, impuestos de paso por las fronteras, esto crea separatividad entre las personas que pertenecen a una nación, las dificultades de comprensión por efecto del lenguaje, y más todavía, los intereses económicos, que hacen que las personas dentro de las naciones se estén odiando entre sí para supervivir, no para simplemente vivir, para vivir por encima de la vivencia de los demás, y aparece el desequilibrio entre las ricos y los pobres, entre aquellos que tienen de todo y aquellos que de todo carecen, y todo ¿por qué?, por el nacionalismo, por el apego a aquello que uno considera suyo. Cuando una persona dice: “esto es mío”, ha creado una fosa de muerte, una frontera entre él y las demás personas, y así nace el sentido de la propiedad, el sentido social del obrero contra el capitalista, y así vamos multiplicando los errores porque nos hemos afincado en una parte de la Tierra y decimos: “este es mi país”, “esta es mi nación”, “yo soy esto, yo soy lo otro”, y como que los demás piensan lo mismo no es extraño que existan guerras, conflictos y dificultades, y que habiendo naciones que tienen tanto poder económico se estén muriendo de hambre en Arabia, en África o en otros lugares. Si comprendemos esto veremos la inutilidad del nacionalismo, el peligro del ser nacionalista, del sentirse catalán, valenciano o aragonés. Cuando se pierda esta pequeña diferenciación que es solamente un débil tamiz, se abrirán las puertas de una nueva vivencia, de otra vida distinta de la que conocemos, no habrá problemas de integración social como existe ahora, no habrá problemas de integración racial, nacional o internacional, seremos siempre seres humanos simplemente. Ser humano es lo más hermoso que existe. Un ser humano no tiene por qué estar adherido a la tierra en que ha nacido u otras que le resulten familiares, sino que donde el discípulo se encuentre ahí estará su patria, los hermanos de aquel país serán sus hermanos, ahí esta la gracia, la ley, el orden, pero, claro, la gente todavía se afinca en las raíces de lo que fue su pasado y de esta manera nunca existirá una liberación en el corazón del ser humano. Estamos batiendo al tambor del tiempo como lo hicieron nuestros antepasados y así iremos comprendiendo el valor del karma, del karma nacional, creado por el karma de afecto hacia la tierra de los seres humanos que viven en aquel país. Las conquistas territoriales, el colonialismo, todo esto forma parte del nacionalismo, el querer absorber más tierra que los demás, más gente para subyugar, más esclavos a través de los cuales hacer trabajar la tierra, ¿es esto esotérico?, no el nacionalismo como idea ni como acción, sino la comprensión del peligro del nacionalismo, es a esto a lo que vamos, es a esto a lo que tendríamos que ir constantemente.

El Agni Yoga y el Momento Actual de la Humanidad, Barcelona, 29 de noviembre de 1986

Bueno, es que nosotros hablamos no de un fracaso del discípulo, el fracaso del discípulo fue debido a que durante el período de la Guerra Mundial no hicieron el esfuerzo necesario para evitarla, cada uno se sintió nacionalista y, entonces, unos discípulos lucharon contra otros discípulos simplemente porque estaban todavía cristalizados en la idea del nacionalismo. Entonces, todo esto ha pesado, ha gravitado, sobre la herencia colectiva de la humanidad, y aún sin darnos cuenta somos nacionalistas. Por un lado somos discípulos, o tratamos de serlo, por otro lado tenemos esta angustiosa situación de regresión al pasado, marcada por las tradiciones que nos están impidiendo elevar nuestra visión al plano causal.

El Plan de Shamballa para la Presente 4ª Ronda, Onteniente, 30 de noviembre de 1986

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