El Retorno a las Fuentes – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 10 de diciembre de 1977.

Vicente. — Vamos a iniciar como de costumbre nuestra conversación esotérica correspondiente a este mes. Si ustedes recuerdan, en nuestra conversación del mes pasado nos referimos exactamente al tema, para mí muy interesante, y creo que para ustedes también, que fue de la liberación del destino. Hablar de la liberación del destino en un mundo conflictivo en donde aparentemente solamente existe el caos, el odio, y la destrucción, puede parecer quizá algo muy hipotético, sujeto sin duda a la calenturienta imaginación de un hombre místico dedicado solamente a las cosas del espíritu; pero, hablamos de un mundo social, hablamos de un mundo sujeto a las mil transformaciones que exige la evolución técnica de nuestros tiempos. Estamos viviendo, pues, una era dentro de la cual existe la gran oportunidad y el gran desafío a la conciencia del investigador. Dijimos también que la liberación del destino era un problema espiritual, pero supremamente técnico o científico; todo se refería exclusivamente a la liberación de las leyes de gravitación dentro de las cuales todo cuanto exige peso, medida, y dimensión está sujeto al destino. Cuando la persona agravita, cuando la persona por su propia ley de afinidad espiritual se sacude del peso de los sentidos, del entendimiento y de las emociones, pierde esotéricamente peso, y, por lo tanto, entra en el sendero de renuncia que conduce a la liberación. Esto como primicia y, naturalmente, la liberación es incesante, es un movimiento que está ocurriendo aquí y ahora, no es algo que pertenezca al futuro, que sea hipotético, o que obedezca solamente a las razones de un místico que solamente ve el espíritu en todas las cosas. Hay que ver el espíritu pero dentro de una gran dimensión técnica o científica, y, naturalmente, para esto se le exige al investigador esotérico de nuestros días una mentalidad netamente y profundamente científica a fin de que pueda absorber dentro de sí, no sólo la aspiración superior que tiene que elevarlo hacia las alturas donde prácticamente no existe gravedad, sino que debe estar henchido de una gran intelectualidad, de un gran sistema de valores mentales que le capaciten para ver esta divinidad en todas las cosas de una manera exclusivamente técnica.

Hoy nos vamos a referir a otro tema que se fundamenta en el interior y que quizás es también un tremendo desafío a nuestra condición de aspirantes espirituales de la Nueva Era. Se trata de aquel término eminentemente místico definido como “el retorno a las fuentes”, o si ustedes lo prefieren, “el retorno al paraíso terrenal”. Son conceptos también místicos, pero, el investigador esotérico debe hallar su contraparte científica para que la mente intelectual pueda reconocerla como verdad, y también como el principio para una serie de actividades o de actitudes frente a la vida que deben convertir nuestro mundo de caos en un mundo de orden social.

Bien, si ustedes analizan el proceso místico y esotérico de la vida, me refiero a los grandes investigadores del espíritu que ustedes pueden interpretar muy bien, (me refiero) a los grandes mitos de la historia mundial que han venido segregados a través de los múltiples pensamientos de los grandes filósofos, de los grandes artistas, de los hombres, en fin, que lo dieron todo por la humanidad. Estos hombres escribieron con símbolos en arte, en ciencia, en religión, en todas partes y, por doquier, aquello que significaba una aclaración de lo que realmente era el hombre, de lo que el hombre pretendía, y cuál era el supremo objetivo del hombre, y así, al introducirnos en los grandes mitos universales, debemos forzosamente prestar nuestra atención a todos aquellos que por su naturaleza tienen un orden universal, como pueden ser los que están escritos en el Génesis, como por ejemplo en los puranas del Vishnú, porque todos ellos, cada cual dentro de su temática, ideas, o simplemente de sus puntos de vista, pueden aclarar para el observador inteligente lo que el hombre busca, lo que el hombre realmente es, y adónde el hombre se dirige. Esto, como inicio de la conversación en la cual participaremos todos. ¿Qué es exactamente un mito? Un mito es siempre una verdad presentada de una manera velada y solamente para uso de personas inteligentes, investigadores de la verdad, de personas que han hecho de su vida una investigación y que, por lo tanto están dentro de este proceso matemático de la vida que conduce a la redención. El mito mayor, el que con mayor intensidad conocemos aquí en Occidente, es el mito relacionado con el ser humano en sus orígenes, hablándonos del paraíso terrenal, hablándonos de Adán y Eva, hablándonos del pecado original, y hablándonos del árbol de la ciencia del bien y del mal, cuyas contrapartes esotéricas hallamos en cualquier religión del mundo con la suficiente garantía de verdades porque fueron escritas por grandes hombres, de hombres que sabían lo que se decían porque habían sabido interpretar justamente las leyes universales que regían el Cosmos y que, por lo tanto, pudieron expresar aunque en forma simbólica las grandes verdades universales. Así, a través del tiempo, y durante estas conversaciones esotéricas mes tras mes, hemos considerado estos mitos, o estos símbolos legados por la tradición y por la historia, de una manera científica y tratando de comparar con todo cuanto sabíamos intelectualmente para que nuestra mente no rechazase verdades que son realmente el fruto, la experiencia de los hombres que vivieron en tiempos anteriores a nosotros. El misterio de la creación, como dijimos en una de nuestras conversaciones, se refiere exactamente a los días de la creación, que después nos dimos cuenta que eran edades, edades cíclicas dentro de las cuales se movía el Espíritu de Dios sobre las aguas, como se lee en todos los grandes libros sagrados del mundo, y tratando de poner orden en todo cuanto existía y en todo cuanto todavía no existía como fórmula para garantizar el proceso de la evolución. Cuando, por ejemplo, al hablar de la genealogía de nuestro universo nos referimos a conjunciones cósmicas trascendentes, las cuales por su propia elevación trascienden el entendimiento del hombre, pero que la ciencia está incorporando prácticamente, día tras día, en el contexto de sus averiguaciones, nos dimos cuenta de que realmente podía ser así, de esta manera, y no de otra. Así que el nacimiento de nuestro universo, aparentemente algo solamente en la mente calenturienta de un observador de poesía pura o de música abstracta, como puede ser, por ejemplo, la unificación de dos constelaciones entre sí, representando cada cual un principio masculino o femenino para crear, a la manera que lo hace el ser humano, un universo, como el hombre y la mujer crean otro nuevo elemento dentro de la especie, y poder de esta manera seguir adelante tratando de medir los conceptos y las verdades de acuerdo con estos conocimientos, quizás tendríamos que darnos cuenta y vivir de acuerdo con esta realidad, y aceptar lo que nos dijeron los escritores orientales o los grandes iluminados con respecto a la Osa Mayor y a las Pléyades, y lo que se nos dice con respecto a todos los mitos solares, aquellos que reencarnan cíclicamente para demostrar al mundo la razón de ser y la razón de existir de una soberana Entidad a quien reconocemos como Dios, pero que en su esencia no es más que el ser humano elevado a una enésima potencia más allá de las dimensiones conocidas, pero que actúa y reacciona psicológicamente como nosotros, y que, naturalmente, para un Logos, o para un Dios, como ustedes prefieran denominarle, existe también la ley de la evolución, y un Logos evoluciona como evoluciona un átomo de materia. Todo está dentro de la ley de la evolución, y cuando nos referimos al mito de Adán y Eva nos estamos representando genéricamente lo que es el hombre, el principio masculino y el principio femenino que están dentro del ser humano, y que cuando actúa con mayor profusión se convierte en hombre o en mujer. Es el símbolo de lo que fueron los primeros pobladores del planeta, partiendo de un paraíso donde existe el andrógino, donde no hay sexo naturalmente, pero que al ir condensándose, al ir diversificándose, estaban creando los polos positivo y negativo y dando con esta polaridad el principio de la vida organizada tal como la conocemos a través de todas las especies conocidas. Naturalmente, no podemos comprobar que el hombre fue andrógino en sus orígenes, pero si analizamos el contexto mundial en el presente estamos viendo claro cómo existe un proceso de bipolarización de los principios, que un hombre se puede convertir científicamente en mujer o que una mujer se pueda convertir científicamente en un hombre, esto está aquí delante de nosotros y aquí en este momento. Por lo tanto, en el principio del paraíso terrenal y la despedida de Adán y Eva del paraíso terrenal una vez cumplido el principio de polaridad que ha dado vida a todas las cosas, no es ni más ni menos que la representación exacta de la manifestación del Universo, y todos nosotros somos universos que estamos proyectándonos a través del tiempo y del espacio, y el pecado original, o si ustedes que saben de esoterismo le asignan el nombre de karma, es lo mismo, en todo caso vemos que es algo realmente científico como puede ser la propia ley de gravedad, hay un peso y ese peso desciende a lo más hondo y hay algo que se eleva incesantemente desde la materia buscando el espíritu, ya tenemos la ley de involución. La ley de evolución, o el principio de gravedad centrípeta, o el principio de gravedad de la fuerza centrífuga.

El Retorno a las Fuentes

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