El Destino del Hombre y su Liberación – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 1 de noviembre de 1977.

Vicente. — Vamos a reanudar nuestra eterna conversación. Desde hace un tiempo venimos investigando las leyes esotéricas de la vida tratando de comprender el destino del hombre; desde su iniciación, ya partiendo del tercer Reino -el Reino Animal- hasta la esperanza más plena de liberación del hombre en el 5º Reino de la Naturaleza, aquel que místicamente se denomina el Reino de los Cielos. En nuestra conversación del mes anterior tratamos de descubrir el destino del hombre analizando aquel término descriptivo en esoterismo llamado karma, tratando también de descubrir el significado del destino en lo que corresponde al ser humano aquí y ahora, y no siguiendo la historia del pasado con sus tradiciones, ni tampoco las ilusiones del presente que nacen cuando la persona está constantemente mirando hacia el futuro, pero, sin tener una imagen clara de lo que ocurre en el presente.

Descubrimos así, que a medida que la investigación esotérica va penetrando en el mundo de los significados se va haciendo científica, es decir, ya no podremos hablar del karma, de la reencarnación, de lo que ocurre después de la muerte, del Devachán, del misterio de los Rayos, o de la propia vida de Dios que crea el Universo, en los términos místicos del pasado. Siendo esta era, singularmente técnica, debemos enfrentar técnicamente estos significados tratando de profundizar y tratando de controlar cada uno de los aspectos místicos según su contraparte científica. Así, nos introducimos en la vida misteriosa del pasado hurgando la historia y tratando de descubrir cuál era el significado exacto de la historia, (de) aquellas energías que están creando dentro de la humanidad este afán supremo de liberación, y así, progresando, estuvimos estudiando la bella leyenda oriental de Krishna y Arjuna; el primero como símbolo del poder creador, lo innombrable, lo indescriptible, lo eterno, y a Arjuna como aquel aspecto de Krishna que encarna cíclicamente tratando de revelar el secreto de la creación. Y para que esta bella leyenda oriental tuviese un carácter científico, apuntábamos ya como algo certero, como algo lícito y algo realmente comprobable, según el sentido del principio de gravedad. Este principio que hasta aquí creíamos (inicialmente, al menos) limitado ocultamente al aspecto físico de la vida, pero, es una ley universal que la gravedad crea las situaciones kármicas o el destino, ya sea el destino de un Dios manifestado a través del universo, ya sea el destino de un ser humano a través de su cuerpo triple de expresión -la mente, la sensibilidad y el cuerpo físico-, ya sea la envoltura de un átomo, en el centro del misterio de la creación siempre encontraremos la dualidad Krishna y Arjuna, el espíritu y la materia, y como un engarce perfecto de ambos elementos el alma universal que todo lo vivifica y que a todo le presta conciencia. Dijimos también, que el hombre ha perdido la fe en los valores absolutos, ha perdido, por así decirlo, el aliento de síntesis, se ha hecho muy intelectual, fruto de este desapego de los valores inmortales. Es la materialidad del momento que estamos viviendo, pero, el destino que estamos viviendo como humanidad y como individuo dentro de esta sociedad moderna también puede ser conceptuado en términos de gravedad. El intelecto es un peso de la mente, y la fe sin razonamiento es un peso dentro del corazón, y así lo ha comprendido la religión organizada dentro de todos sus matices descriptivos, y así lo ha reconocido también la propia ciencia que ya está hurgando en las zonas de misterio que corresponden a la cuarta dimensión.

La era pasada se distinguió precisamente por el hábito dogmático de las cosas, se trató de aprender la Divinidad solamente a través del dogma, en lo que al aspecto religioso se refiere, y no fue menos dogmático el aliento científico del pasado. Hay aspectos de la vida organizada de nuestra humanidad que es la comprensión del aspecto religioso en lo que tiene de científico como la comprensión de lo científico es lo que tiene de religioso. Lo interesante es que el individuo surja o resurja como ave fénix de sus propias cenizas dogmáticas y se apreste a librar la batalla del tiempo enfrentando por primera vez en su vida aquello que denominamos inseguridad. Solamente en la inseguridad se halla la liberación del hombre y, por lo tanto, la liberación de su destino. Pero, en un mundo moderno lleno de comodidades y en donde aparentemente la ciencia tenga la última palabra, debemos arrostrar la indiferencia, o quizás arrostrar la falta de investigación de muchos seres humanos que están hablando de una Nueva Era, pero, sin haber perdido todavía los estigmas que pertenecen al pasado. Estamos viviendo, creo yo, un momento solemne dentro de nuestra vida psicológica, y se nos presenta, yo creo que ustedes se darán cuenta, (de) una gran alternativa en nuestras vidas que nos obligará a realizar un gran esfuerzo de selección para elegir aquello que corresponde exactamente a nuestra propia era, a esta era que ha sido descrita como la era de tecnicismo y como la era de la búsqueda de la propia realidad. Es decir, que cuanto aquí, siempre hablando en términos de karma y de destino, fue considerado una meta, por ejemplo, buscar la resolución de los problemas sociales siempre a través de motivos de fe, ha sido un fracaso, y ustedes se darán cuenta de ello cuando examinen el estado de las religiones en la actualidad, y ahora no hay más remedio de que la religión se haga científica y aprenda aquello que rehuyó constantemente y que constituyó, desgraciadamente, una de las más duras etapas en la vida de la humanidad, aquella etapa de oscurantismo religioso que obligó a Galileo a decir que la Tierra no se movía por las presiones de la Santa Inquisición. Lo mismo ha ocurrido en el terreno religioso por parte de lo científico, negando a priori todo cuanto no puede ser comprobado todavía por la ciencia porque todavía no existen aparatos científicos de la alta precisión necesaria para poder dar fe y testimonio de la cuarta, de la quinta, de la sexta dimensión del espacio. Entonces, el pecado ya no es de la ciencia ni de la propia religión, sino del propio espíritu del hombre que no ha sabido comprender exactamente cuál era su misión en la vida y cuál era el aliento de la propia fraternidad.

El Destino del Hombre y su Liberación

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