Escritos inéditos de Alice Bailey – Viernes, 30 de abril de 1943

Fuente: Escuela de Estudios Esotéricos

Charla a los estudiantes de la Escuela Arcana

Viernes, 30  de abril de 1943

AAB: Me gustaría hacer algo diferente esta tarde. He estado pensando mucho y he sugerido una o dos veces en estas charlas, tratar la relación de todos los que estamos en este grupo con los Maestros. Voy a decir cosas que quizás puedan sugerirles preguntas; quiero que anoten las preguntas que les vengan a la mente y permítanme responderlas si puedo. Me gustaría que lo que voy a decir se tome exactamente en su valor aparente; será la verdad hasta donde yo sé. No hay simbolismo o sugerencia sutil en lo que voy a decir; estoy diciendo exactamente los hechos.

He observado la Escuela por más o menos veinte años, y a los estudiantes de la Escuela les han sucedido cosas que han justificado el trabajo que hemos hecho. Los estudiantes siempre están escribiendo y contando sobre sus maravillosas experiencias y sobre estar en contacto con los Maestros, y aquellos de nosotros que tratamos esas cartas nos abstenemos de juzgar esto. Hay estudiantes en la Escuela, uno o dos, que he puesto directamente en el Grado de Discípulos, que definitivamente han contactado con los Maestros. Habitualmente están bastante perplejos y perturbados por el suceso. Tienen miedo del psiquismo, de la autosugestión, de la credulidad, y una de las cosas que he tenido que hacer es decir, “Sí, usted ha contactado con el Maestro. Siga adelante”. Ustedes se sorprenderían bastante si supieran quienes eran. Hay otros en la Escuela que son definidamente conscientes de que están bajo supervisión pero todavía no han registrado en su conciencia del plano físico una relación con los Maestros. El testimonio, como ando por diferentes países, es que hay hombres y mujeres en cada país que han hecho contacto definido con los Maestros y lo saben. Hay otros que son conscientes de ser discípulos y están esperando el momento de registrarlo. Tengo la impresión, cuando trabajo en la Escuela, que prácticamente detrás de todos ellos subyace una esperanza. Desean saber por sí mismos que los Maestros son un hecho. Sueñan con el momento en que un Maestro se les acerque y les diga que son discípulos.

Me parece que una de las cosas que tenemos que hacer en la Escuela es dar testimonio de la realidad de los Maestros porque nosotros lo sabemos. Quiero plantearles, toando en cuenta el interés y las preguntas del grupo, cómo pueden saberlo; y no me refiero a vaguedades, sino a hechos. Lo segundo que tenemos que hacer en la Escuela, algo que el Tibetano me dijo de hacer hace algunos años y que he tratado en un cierto modo de hacer, es hablar de la Jerarquía a todo el mundo, no en términos de “Sé que hay una Jerarquía, por lo tanto estoy justificada para hablar”, sino hablar sobre la Jerarquía de manera que aparezca como un propuesta razonable y basada en la evidencia de los hombres y mujeres de buena reputación de todo el mundo que creen en los Maestros. Cuando ustedes puedan hablar desde el punto de contacto con un Maestro (no por declaraciones sobre los Maestros) sus palabras tendrán poder, aunque no digan nada sobre ustedes mismos. El resultado mayor de que un Maestro entre en relación con un discípulo no es llevar al discípulo a decir. “aquí estoy; un Maestro me ha reconocido”, sino que el poder que emana del Maestro será de tal naturaleza que afectará al discípulo y le capacitará, primero para pensar claramente sobre el tema, luego para saber lo que debe hacer y después a reconocer lo que él contacta.

En el encuentro de comentadores de hace dos años, toqué un poco el tema de la Jerarquía y del discipulado. Hice una distinción entre discípulo aceptado y discípulo mundial, y adopté la posición de que yo era un discípulo mundial. Es la única vez que tuve esa pretensión y la única que la tendré. La afirmación de estar en el discipulado es legítima porque la cadena de discípulos oscila todo el camino desde el discípulo aceptado que es aceptado en esta vida por primera vez, hasta el de un gran y liberado discípulo como el Maestro KH, que es un discípulo de Sanat Kumara. Afirmar ser parte del discipulado es algo que se puede siempre hacer, a quien se quiera. Los demás pueden no interpretarla con el significado que tiene para ustedes, pero la interpretarán correctamente porque la religión Cristiana y la poesía están llenas de la idea del discipulado. Somos críticos con la Iglesia, pero la Iglesia ha hecho algunas contribuciones muy valiosas al pensamiento del mundo. Ha preservado para nosotros el hecho de Dios en una era de materialismo; ha preservado para nosotros el hecho del Cristo, la creencia en la inmortalidad, en el Alma, y siempre ha hablado del discipulado. Son contribuciones maravillosas no importa lo que podamos pensar de la Iglesia.

Sinceramente, me gustaría que los estudiantes veteranos de la Escuela pudieran afirmar de estar en el discipulado. Como les he dicho antes, algunos de ustedes con muy poco esfuerzo podrían tener éxito. No saben lo cerca que pueden estar del discipulado.

¿Cuál es la diferencia entre un discípulo aceptado y un discípulo mundial? ¿Por qué puedo decir sin duda alguna que soy un discípulo mundial y reto a cualquiera a decir que no lo soy? Los diferentes grados internos de discipulado están caracterizados por un único hecho – el grado de influencia. Actualmente hay un montón de personas en este país y en otros que dirán que son discípulos o altos iniciados, y sin embargo su influencia es muy limitada. Porque ellos aman el sentido de poder y como sienten que la gente responde a su influencia, se sobreestiman. Pero un discípulo mundial es una persona que a pesar de sí mismo influencia a miles. Yo he influenciado a miles en mi vida, y puedo decir eso porque no presto atención a si lo hago o no. Yo no soy un Cristo; no soy un iniciado de alto grado. Un gran iniciado influencia a millones. Los Avatares influencian a todo el planeta hasta el espécimen humano más inferior. ¿Cómo sucede eso? Les diré otra diferencia entre el discípulo aceptado y el discípulo mundial. Un discípulo aceptado coopera con el Plan. El Plan le es presentado y él coopera con el mismo. Un discípulo mundial conoce el Plan y su cooperación es de un tipo diferente. No está basada en la obediencia, está basada en la inevitabilidad. Quiero ver a la Escuela entrenando y desarrollando discípulos mundiales.

Los discípulos mundiales raramente reciben instrucción de otros discípulos mundiales. Generalmente tienen que llegar al fondo de todo por ellos mismos con un pequeño ejemplo dado por una persona sin importancia. Algunas veces pienso que todos ustedes han tenido demasiada información. ¿Saben lo que quiero decir? Saben demasiado, y la masa de su conocimiento elimina los pocos puntos esenciales que necesitan tener y que nadie puede darles; tienen que conseguirlos por ustedes mismos. Nadie me ha enseñado nunca acerca de la Jerarquía. Tuve mucha enseñanza sobre planos y energía y fuerzas, mucho conocimiento académico. Lo que tuve que conseguir por mí misma desde que tuve 15 años hasta los 35, fue sin que un alma me prestara ninguna asistencia. Lo interesante es que ustedes pueden tener un contacto directo con un Maestro y simplemente no reconocerlo, no saber que es él, y no comprender la esencia de lo que les ha dicho. Únicamente la vida revela el significado de lo que él dijo. La gente está a menudo bajo la impresión de que el Maestro viene a ellos y les dice que han alcanzado el punto de desarrollo en el que pueden hacer cosas, que allí hay un futuro de servicio por delante, que un importante futuro puede ser suyo, alimentando el orgullo. Ese algo sutil en todos nosotros que busca reconocimiento. Supongo que en mi última vida como discípulo aceptado pequé mucho en esa línea, porque he estado tan aterrorizada de hacer reivindicaciones, de falta de humildad, de auto satisfacción, que en esta vida he ido al extremo opuesto.

Recuerdo que hice un gran trabajo en la India. Fui allí cuando tenía 22 años, y a los seis meses, porque no había nadie mejor (de hecho no había nadie para hacerlo), me pusieron a cargo de seis casas de soldados. Tenía que hacer la comida para esas seis casas con 600 hombres en cada una, todos los días de la semana. En la semana dirigía quince encuentros de oración y de evangelio. Hice un buen trabajo, y creía que era como resultado de mi carácter, pero ahora pienso que fue porque era joven y bien parecida y llena de vida y los hombres estaban solos y no tenían con quién hablar. Este es el punto que quiero señalar. Fui a cuarenta regimientos británicos; tenía una clase de Biblia de 600 hombres cada domingo; tuve miles de cartas. Todas eran elogiosas. Un día las saqué de los cajones y cajas y las apilé en medio de la habitación y me senté, las miré y dije: “Esto es donde estoy empezando a deteriorarme. ¿Qué haría para aprender una lección de humildad que nunca olvidara? Entonces las quemé todas como símbolo de que la personalidad no importa; es la influencia espiritual la que cuenta, y los valores espirituales no son una posesión personal. Son algo que, por la amarga experiencia de las edades, uno aprende a cultivar. Se los utiliza como mejor se pueda y entonces llega el momento en que se tiene la suficiente y necesaria experiencia para que fluya a través de uno e influencien a la gente. La visión cambia todo el tiempo. Pensamos que un punto alcanzado es maravilloso, una experiencia gratificante, el lograr un punto de esfuerzo – un clímax – y entonces vemos algo más. Después, todo lo que se ha logrado parece nada, porque más adelante hay otra meta que hace que el logro parezca poca cosa, muy poca cosa. Puedo recordar una época en la India cuando se escribía sobre mí en todos los periódicos y de los comedores de oficiales de un pueblo salían y me escuchaban hablar y cantar. Pero yo era consciente de que había alcanzado un punto en el que no llegaba a ningún lado. Había agotado todo lo que sabía. Estaba harta de enseñar y de ser ortodoxa. Un viejo porteador hindú iba conmigo donde quiera que yo iba. Acostumbraba a observarme con una expresión divertida. Viajé por toda la India sola, y este hombre siempre iba conmigo. Un día él se me acercó y como rayo caído del cielo dijo: “Haga el favor de darse cuenta de que el mismo Dios nos ama como la ama a usted, nos ama mucho antes de que usted viniera a la India”. El viejo hindú dijo en efecto que el fundamentalismo es un error. Dios es amor.

Charla a los estudiantes de la Escuela Arcana – Viernes 30 de abril de 1943

Escuela de Estudios Esotéricos

 

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