El Corazón del Hombre como Centro Psicológico de la Vida – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 12 de marzo de 1977.

Vicente. — Vamos a continuar nuestro estudio acerca de los Siete Rayos. Tengan ustedes presente que cuando nos referimos a los Siete Rayos no solamente nos estamos refiriendo al ser humano en su constitución psicológica septenaria sino que se puede abarcar por analogía el sistema cósmico. También es necesario insistir sobre el hecho de que empleamos en nuestro estudio el método esotérico que consiste en estudiar lo universal y hacer que lo universal converja en lo particular, teniendo presente que todo cuanto ocurre en las altas esferas cósmicas se reproduce en el corazón del hombre, y nuestro estudio de hoy tendrá por objeto el hablar sobre el corazón del hombre, pero no del corazón físico sino de aquella parte del corazón enlazado con el 2º Rayo del Amor Universal, también como centro psicológico de la vida, y motor de la evolución planetaria dentro del ser humano.

Desde hace unos meses venimos insistiendo acerca de las Jerarquías espirituales que se inician en el cosmos absoluto y que van descendiendo a través de las Jerarquías de cada plano hasta la pequeña individualidad que llamamos ser humano. Hoy insistiremos, precisamente, sobre la Jerarquía espiritual dentro del 4º Reino de la Naturaleza, teniendo en cuenta algunos de los grandes axiomas esotéricos, que son el patrimonio vivo de la historia de la evolución humana y que pueden ser sintetizados el uno, por ejemplo, en este axioma de que “el 9 es el número del hombre”, ya que el otro que dice –también, esotéricamente hablando–, que “el 10 es el número de la perfección”. En el primer caso tenemos que el ser humano y su proyección dentro del 4º Reino, el reino humano como una unidad, es el resultado de una gran conjunción de tipo universal dentro del contexto planetario o dentro de la vida de este ser psicológico que utiliza el planeta Tierra para su expresión, esta conjunción fue, como dijimos el mes anterior, la posición estelar de la Tierra en relación con los planetas Mercurio y, Júpiter en la cúspide, teniendo como oponente, como aspecto femenino, al planeta Venus. Como consecuencia de esta unión de fuerzas, de este triángulo planetario, se produjo el hecho insólito de la aparición dentro del planeta Tierra del 4º Reino de la Naturaleza, el cual analizado desde el punto de vista planetario, era la creación o la vivificación mediante el Kundalini cósmico del Centro de la Garganta del Logos planetario. Naturalmente, estas cosas hay que seguirlas con una mente muy atenta y nada intelectual, por cuanto el intelecto –ustedes lo saben bien– es el resultado de la percepción de las cosas materiales, y el pensamiento no es otra cosa que estas cosas materiales que han tomado una forma dentro de la mente. Así, cuando hablamos de las grandes manifestaciones cósmicas y cuando hablamos de aquello que está más allá y por encima de las estrellas, debemos dejar a un lado el intelecto para que sea la intuición la que guíe el contexto general de nuestra vida psicológica. Si lo hacemos así, quizá podremos entrever en algún sentido, hasta un cierto punto, aquello que es la meta inmediata del ser humano en esta presente Ronda planetaria, y que es la conversión de muchos seres humanos en ciudadanos del 5º Reino de la Naturaleza; es, simbólicamente, el paso que va del Centro de la Garganta al Centro del Corazón. Esto es lo que se trata de hacer en esta presente Ronda planetaria. Tengan ustedes presente que el 9 es el número del hombre porque aquella manifestación de Mercurio como un elemento distribuidor de las energías solares pertenecientes al 4º Rayo tenían como réplica las energías que desde Sirio y a través de Venus traían las energías del 5º Rayo. El 5º Rayo emana del quinto gran principio cósmico de la mente universal, entonces, la Tierra que se hallaba entre Mercurio y Venus, equidistante, mirado este triángulo desde las esferas cósmicas y no desde el punto de vista de un observador del planeta Tierra, daba como consecuencia la suma del 4º Reino más el 5º Rayo, este es el 9 de la evolución planetaria, simbolizada esta evolución –en el aspecto físico– en los 9 meses de gestación de una criatura en el claustro materno; y, en esferas cósmicas, ya cuando el individuo ha trascendido la etapa humana, es aquel raro impulso que lleva a determinar la evolución de 9 edades cósmicas en el corazón humano, lo cual significa, que lo que en el ser físico es el alumbramiento, en el ser espiritual es la iluminación, y tengan ustedes en cuenta que todas las religiones del mundo, sin distinción alguna, nos están hablando de la iluminación espiritual. Esta iluminación que aparentemente debe producirse en la mente intelectual es un grave error, por cuanto la iluminación procede directamente de la evolución de los chakras primero y cuarto, es decir, el cuarto -que es el corazón-, el cual visto desde elevadas zonas de proyección causal aparece como una flor de doce pétalos radiantes con todos los colores del arco iris, pero, con unos colores que la mente humana no puede detallar ni imaginar, por cuanto pertenecen a una quinta dimensión, y nuestra mente intelectual solamente es capaz de abarcar aquello que está en una tercera dimensión, en un espacio vital de tres dimensiones, que es donde se utiliza la geometría del espacio, la conocida por todos nosotros. Existe una forma de geometría que está más allá y por encima de los sentidos intelectuales del hombre. Pues bien, la evolución de cada uno de los pétalos del corazón ha dado como consecuencia que el ser humano se está dividiendo en varios aspectos dentro de su contexto psicológico que tienen que ver con la evolución de todos y cada uno de estos pétalos, y podemos medir la intensidad de vida espiritual de un ser humano por la cantidad de pétalos que ha desarrollado o desenvuelto dentro del propio corazón. Así, cuando esotéricamente se nos habla de Hércules, el Gran Discípulo, se está refiriendo precisamente al trabajo que el Alma humana, cuyo símbolo es Hércules, está realizando doce trabajos en el corazón que están relacionados con cada una de las doce constelaciones dentro de las cuales se haya inmerso nuestro Sistema Solar. Entonces, Hércules, el Alma humana, a través del corazón, que es el receptor de la energía de vida monádica o espiritual, se reparte por todos los centros de acuerdo con la magnitud, o del desarrollo, o de la medida del propio corazón. Así que para un discípulo entrenado conocer exactamente la posición de cualquier alma en el sendero es relativamente fácil con sólo mirar dos aspectos: primero, allí donde está trabajando el Fuego de Kundalini; segundo, la cantidad de pétalos que ha desarrollado en el corazón. El centro Cardíaco, el centro del corazón, es el centro del universo planetario, a partir del corazón empieza la vida, ya sea la vida que da vida a los instintos y a las emociones y a los pensamientos, o bien aquella Vida esplendente que da vida a la intuición, o que da vida a la más elevada iluminación que pueda sostener un ser humano en este presente ciclo de vida. El hecho de que el corazón esté situado en el centro de la evolución planetaria, o en el centro vital a partir del cual se divide la vida en dos aspectos, el espiritual y el material, nos indica el punto clave que constituye para nosotros el centro de atención para futuras investigaciones en el orden esotérico. Por ejemplo, el 4º Rayo dentro del Sistema Solar es el que permite la afluencia de los tres primeros Rayos: el de la Voluntad Dinámica, el del Amor atrayente, y el de la Filosofía… o desbordante, utilizando un término místico de la más lejana antigüedad, separándola ya de los centros inferiores que son los que están relacionados con la materia. Es decir, que el Fuego de Fohat, o el Fuego del Espíritu, y el Fuego de Kundalini, o el Fuego de la Materia, en las partes bajas del individuo, tienen que unificarse con el Fuego Solar del Corazón, y digo, Fuego Solar, porque el centro del corazón está misteriosamente vinculado con el Corazón Central, con el Gran Corazón de Dios, o con aquel impulso de amor que un día dio vida al Universo. Y, el 4º Rayo, en su elevada medida, es el que lleva adelante el proceso de la Divinidad a través de aquellas siete cualidades que forman parte consustancial con su energía vital, o de vida universal. Entonces, vemos que el corazón se halla en el centro de la Vida y que es, dentro de su medida, la medida que define la evolución de cualquier ser humano en el sendero espiritual, aquello que lo vincula con todos los grandes cuaternarios que se agitan gozosos por el Cosmos. El 4º Rayo, la 4ª Ronda, el 4º Planeta de la 4ª Ronda, el 4º Centro es el Corazón, la 4ª Jerarquía Creadora que ha dado vida a la humanidad, y todo el cuaternario –incluida la cruz de la materia– está regido por la ley cíclica de la armonía estelar. Así que cuando hablamos del individuo en cualquier estado de evolución en el sendero, nos estamos refiriendo a un Hércules en potencia, que a través del corazón trata de ascender desde los centros inferiores hasta los centros superiores tratando de hacer lo que hace el 4º Rayo, en nuestro Sistema Solar, o el 4º plano, el plano Búdico del Sistema, para unificar los aspectos espirituales con los aspectos psicológicos más unidos de la materia. Por otra parte, también, la contraparte que existe cuando Hércules, el Alma humana, ha desarrollado el espíritu de investigación al extremo de que puede ascender a un ritmo trepidante por esta inmensa Escalera de Jacob que va de los Reinos subhumanos hasta el más elevado Reino espiritual, está medido por la capacidad que tiene el corazón de acoger dentro de sí la simiente divina, y ahí empieza el trabajo del ser humano.

El Corazón del Hombre como Centro Psicológico de la Vida

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