La Ley de Jerarquía y los Rayos – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 8 de enero de 1977.

Vicente.— [En relación con] nuestro estudio de los 7 Rayos, ante todo vamos a considerar, siquiera brevemente, lo que tratamos el mes anterior, acerca de la relación que existe entre los Rayos y los yogas. Definimos a la humanidad en tres grandes sectores como son personas mentalmente polarizadas, aquellas que sienten los impulsos mayormente emocionales, y otras que dirigen aparentemente toda su atención hacia el mundo físico. Bien, cada uno de estos grandes sectores, sin que se lo proponga, está actualizando un tipo específico de yoga. Aquellas personas polarizadas en el mundo físico, seguramente se sentirán atraídos por el Hatha yoga; las personas polarizadas en el mundo emocional, seguramente practicarán consciente o inconscientemente un Bakti yoga, el yoga de la devoción; y las personas mentalmente polarizadas, seguramente que adoptarán, sin darse cuenta de ello, –si se dan cuenta es porque ya están dentro del camino espiritual– el Raja yoga. El Raja yoga obedece siempre a la línea del 5º Rayo, tal como dijimos; el yoga de la devoción obedece a la línea del 6º Rayo, y todo cuanto tiene que ver al mundo físico obedece al 7º Rayo. Existen también yogas superiores a los antes referidos, son aquellos que nacen cuando la persona se ha polarizado no solamente en el mundo mental, concreto, intelectual, sino que viven en zonas netamente intuitivas; para estas personas ha nacido un nuevo yoga que es Agni yoga, el yoga de Síntesis o el yoga de Fuego. Para los grandes iniciados de la raza existe el Devi yoga, el contacto consciente con el plano búdico. Y existen dos yogas por desarrollar que tendrán su cumplimiento en razas futuras mejor dispuestas que las nuestras, por ejemplo las que corresponden al mundo Átmico y al mundo Monádico. Esto, naturalmente, no dice gran cosa a las personas que no han estudiado previamente esoterismo, sea por medio de la teosofía, sea por el budismo, el budismo zen también, sea porque mentalmente no estén polarizadas todavía en el mundo mental superior. Lo interesante es comprender que todos pertenecemos, queramos o no, porque forma parte de la raíz de nosotros mismos, a un tipo muy definido de Rayo, y que de acuerdo con este Rayo, el Rayo que condiciona nuestra vida espiritual se manifestará, indefectiblemente, según un tipo determinado de yoga, y este yoga es el camino, el sendero que conduce al cumplimiento de nuestra vida humana, a la búsqueda incesante del Arquetipo, siendo el arquetipo siempre el tipo mejor o con mejores cualidades y mejor dispuesto que puede presentar cualquier tipo de raza en un momento determinado del tiempo y en cualquier civilización humana.

Bien, hoy vamos a interesar nuestra atención hacia aquello que denominamos Jerarquía o Jerarquías dentro de los Rayos. La idea de jerarquía no está elegida al azar, por cuanto pertenece al equipo mundial, al equipo planetario, al equipo solar y al equipo cósmico. La jerarquía existe por doquier, está en todas las cosas; sin darnos cuenta todos obedecemos a la Ley de Jerarquía. Y aquí no me refiero a una función jerárquica. Cualquier persona puede tener una función jerárquica en el tiempo para la cual evidentemente no está capacitada; lo veremos en el campo de la política, de la economía, de la ciencia, del arte, en todas partes vemos personas que cumplen funciones jerárquicas pero que carecen de Jerarquía. Cuando me refiero a Jerarquía de acuerdo con los Rayos me refiero simplemente a la Ley general, universal que podemos definir como jerarquía en funciones de Jerarquía, las personas capacitadas que por sus valores psicológicos, morales, éticos y espirituales están por encima del resto de la humanidad. La humanidad en sus múltiples sectores psicológicos está ofreciendo la imagen de jerarquía, desde el salvaje, el hombre primitivo sin alicientes psicológicos apenas hasta el propio Señor del Universo; desde este hombre incivilizado hasta lo más grande a lo que podemos llegar con la imaginación existe lo que podemos llamar una Escalera de Jacob ocupada cada tramo por un ser específico de ser humano que está siendo condicionado por la Ley de Jerarquía. Hoy vamos a atrevernos –si ustedes me permiten esta expresión- a develar el secreto del hombre y tratar de dilucidar aquellas eternas preguntas del ser inteligente –¿quién soy?, ¿de dónde vengo? y ¿a dónde voy? – que han motivado a todo tipo de civilización y han marcado los cauces de la historia. Para nuestra investigación deberemos utilizar, sin duda, aquellas grandes cualidades que se exigen a todo aquél que realmente quiere descorrer el Velo de Isis y presentar al mundo una imagen del hombre totalmente desconocida, una imagen que tiene que ver no solamente con lo individual sino mayormente con lo cósmico. Ya hemos dicho en procesos anteriores que el método del esoterista es captar primero el universo y después descender hasta el hombre para tener una imagen psicológica completa de lo que es el ser humano, a diferencia del método místico que consiste en aportar detalles sobre detalles glosando así un gran conjunto. Pero aquí, nuestras conversaciones y su título esotérico indican que damos una preferencia al camino que va desde las cumbres hasta el valle y no al sistema que va desde el valle hacia las cumbres. Es decir, vamos a indagar en la vida del propio Dios descendiendo en sus cualidades y atributos hasta converger en un ser humano, para darnos cuenta precisamente de que somos dioses y que debemos demostrarlo. Las cualidades requeridas son, tal como ha alegado la ciencia esotérica de todos los tiempos, el querer, el saber, el osar y el callar, lo cual traducido psicológicamente significa que hay que tener una gran resolución para poder hurgar en los misterios de la divinidad; hay que ser personas realmente bien dispuestas, con potentes ideales y propósitos creadores. De no ser así fracasará en el intento. ¿Y qué es lo que buscamos? El saber, el conocimiento claro y real de quiénes realmente somos y qué es lo que realmente pretendemos dentro de esta sociedad, dentro de la cual estamos inmersos y la cual, seguramente, hemos creado o hemos ayudado a producir. Existe, a su vez, la audacia, la valentía que necesitamos adquirir para poder penetrar en los misterios decididamente, con el ánimo sereno y tranquilo, y la convicción de que no vamos a retroceder, para finalmente, una vez hayamos descubierto un mundo de misterios y hasta cierto punto los hayamos educido en nuestra vida particular y personal, tengamos la suficiente humildad para callar, para ser humildes, pues el conocimiento engendra siempre ambición y poder. Pero, dentro de la línea espiritual, los términos posesivos no tienen valor, por tanto deben ser desechados. Solamente viven las cualidades; las ambiciones y las pequeñas ilusiones humanas tienen que desaparecer. Solamente debe quedar la realidad, y esta realidad somos nosotros. Así que estamos intentando, conjuntamente, la gran aventura de la conciencia. Cada uno de nosotros deberá reconocer cuál es su Rayo típico de poder para establecer firmemente y en forma psicológica su propio sendero, el sendero que tiene que llevar directamente, a través de un hilo de luz que ha creado de sí mismo al propio Señor de su Rayo, a Aquél que, como iremos considerando, corresponde a la esencia misma y mística de nuestra vida. Adquiridas las cuatro cualidades, y estoy seguro de que todos las poseemos en alguna medida, podemos emprender la gran búsqueda, la gran aventura de la conciencia que debe revelarnos el secreto del cosmos, empezando, naturalmente, por el secreto que subyace en la creación de nuestro universo, un universo –ustedes lo saben bien– es un sol o un conjunto de soles con planetas oscilantes a su alrededor que constituyen su expresión vital. Los universos, con el tiempo, y utilizando la lógica de la analogía hermética, pueden ser considerados como grandes familias; no existe separación cósmica. Bien mirado los hombres entre sí, sólo [están] separados por muchos muros y por fronteras convencionales, pero los grandes espacios universales habitados por estos grandes universos están unidos y compenetrados por esta gran Ley de Fraternidad de la cual tan poco sabemos. Así que todo el proceso de nuestra investigación esotérica tiene que ver con el estudio, con la raíz de aquello que fue, desde un principio de los principios, Causa y Vida de nuestro universo. Conforme vaya hablando, ustedes pueden ir siguiendo los gráficos que hemos pintado aquí en la pizarra, para que tengan una mejor comprensión de lo que se trata de demostrar. Primero, la explicación del porqué nuestro universo es septenario y por qué el hombre es septenario, como una expresión microcósmica del gran macrocosmos. Pues bien, vamos a iniciar nuestra pequeña aventura dentro de la conciencia tratando de descubrir este misterio universal que trajo en su día a la existencia nuestro Sistema planetario. Se nos dice, esotéricamente, –y esto queda al arbitrio de ustedes su resolución posterior, por cuanto no puedo ofrecerles prueba alguna de lo que voy a decirles, y a pesar de que aparentemente hable con cierta autoridad, ustedes deben aceptar solamente aquello que esté en la línea de su entendimiento; solamente hay que aceptar aquello que una persona asume noble, radicalmente, porque ha sido comprendido; que no sea la autoridad de una persona que afirma solemnemente una verdad, para que esta verdad sea completamente aceptada y reconocida. No se trata de esto, se trata de ser honestos para con nosotros mismos y aceptar, únicamente, aquello que realmente podamos comprender.

La Ley de Jerarquía y los Rayos

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