Analogía de los Siete Rayos – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 10 de julio de 1976.

Vicente. — En nuestra conversación del mes pasado iniciamos la temática sobre los Siete Rayos. La conversación de hoy se iniciará, como es costumbre, dando un rápido bosquejo a lo que fue dicho el mes pasado.

Para hablar de los Siete Rayos, para hablar de las siete cualidades con las que se manifiesta el Señor del Universo, hay que remontarse a su genealogía cósmica. Y, naturalmente, para ello, habrá que apelar más al juicio de la intuición que no al sentido intelectual de las cosas. Ni yo puedo probar a ustedes lo que voy a decir, ni ustedes por su parte pueden aceptar ciegamente cualquier cosa que puede serles dicha, sobre temas de tan elevada envergadura. Pero, si agudizan el entendimiento, que es la base de la intuición y practican la analogía, la Ley de Analogía Hermética, fácilmente se darán cuenta de que nuestro Universo es septenario porque sus causas son septenarias.

En un libro sagrado de la India, anterior a los Vedas y a los Upanishads, anterior al Bhagavad Gita, un libro que se está destruyendo con el paso del tiempo debido a los millones de años que fue escrito, hay esta siguiente afirmación mística y esotérica, dice así: “Los Siete Rishis de la Osa Mayor, manifestados a través de cada una de sus siete estrellas, tomaron por esposas a las siete vírgenes de la Constelación de las Pléyades, de este maridaje cósmico nació nuestro Sistema Solar”. Se trata de un poema escrito por los adeptos atlantes, que pudieron averiguar por vía interna la realidad de estas afirmaciones. El lenguaje es poético, pero, extraordinariamente bello y profundo. Como resultado de este maridaje celeste, del Logos de la Constelación del Can, particularmente de la estrella Sirio, partió un rayo de luz – si ustedes prefieren un yo psicológico, egoico – que encarnó en aquello que había sido, principiado, iniciado, o conceptuado, por el Logos de la Constelación de la Osa Mayor y de la Constelación de las Pléyades, el principio masculino, el principio femenino y, como resultado, el Hijo, que es el ser psicológico al cual llamamos Dios. En nuestras más elevadas concepciones, nuestra mente, nuestro corazón, nuestra intuición más elevada, cuando habla de Dios no puede hacer otra cosa que referirse al Hijo Solar de este maridaje celeste. Y, como resultado de esta unión septenaria masculina y femenina, como resultado de la encarnación dentro de este germen universal de una entidad psicológica proveniente de Sirio, tenemos hoy nuestro Sistema Solar y todo cuanto en él vive, se mueve y tiene el ser. Esto, como inicio cósmico de nuestro Universo, y para dar razón del porqué son siete las cualidades que se manifiestan a través de nuestro Universo. Todos sabemos esotéricamente que el Universo es septenario porque está reproduciendo en su escala solar lo que se está actuando, lo que está viviendo y, activando, en aquellas grandes constelaciones a las cuales nos hemos referido anteriormente. Entonces, insistir sobre las propiedades, las cualidades, las expansiones provenientes de cada una de estas cualidades cósmicas, constituirá de ahora en adelante, hasta donde nos sea posible llegar, la explicación de los Siete Rayos, entendiendo por Siete Rayos las siete corrientes de vida que provienen, vía nuestro Logos Solar, de la Constelación de la Osa Mayor y de las Pléyades.

Hoy vamos a hablar, siguiendo el hilo discursivo de estas conversaciones, cuanto está de acuerdo o en analogía con los Siete Rayos, tratando de ser lo más consecuentes posibles, porque el estudio de los rayos nos llevará a la comprensión de nuestra propia psicología, a la comprensión de nuestras características y, singularmente, a la forma en cómo podemos adecuar nuestra pequeña vida humana para alcanzar – místicamente hablando – la iniciación que debe hacernos conscientes de nuestra propia línea de rayo y de todos aquellos rayos secundarios que constituyen la vida de nuestro cuerpo físico, de nuestro cuerpo emocional, de nuestro vehículo mental y de nuestro cuerpo búdico. No pasaremos más arriba, porque llegar aquí es ya convertirse, de hecho, en un superhombre, en un ciudadano del quinto reino de la Naturaleza, en un Hijo de Dios. Hablaremos sobre el misterio de la voz humana y los siete tipos de voz, algo que está al alcance de cualquiera de nosotros. Hablaremos sobre las correspondencias cósmicas, la voz, el canto, el sonido de cada uno de los Logos inmortales, que dando vida a un planeta sagrado, son los portadores de una cualidad distintiva del Logos Solar. Si nos da tiempo – trataremos de ajustarnos lo más detalladamente posible – hablaremos del Universo considerado como una forma mística dentro del Cosmos, me refiero, naturalmente, a nuestro Universo. Los rayos y los planos de la naturaleza. Los rayos y los reinos de la naturaleza. El plano monádico, el plano espiritual y las Jerarquías planetarias que son la causa y la vida de los reinos de la naturaleza. Los rayos, ya descendiendo a un nivel humano, dando vida a los centros etéricos del individuo o, técnicamente, llamados chacras. Cómo los chacras, portadores de la fuerza de un rayo y, estando en comunicación, en relación, con un planeta sagrado, al informar el cuerpo físico, se convierten en una glándula, una glándula de secreción interna, técnicamente descritas como las glándulas endocrinas. Y, finalmente, las relaciones psicológicas entre el hombre y Dios a través de los Siete Rayos, que son las consecuencias originales de nuestro Sistema Solar.

Si analizamos el Universo desde un punto de vista no intuitivo, sino simplemente lógico, vemos que es absolutamente septenario. Todo cuanto es sonido, color y forma geométrica, se adapta justamente a este sentido septenario. Los siete colores del espectro solar que dimanan de lo absoluto cósmico, de la luz blanca; los siete sonidos o notas musicales de la Naturaleza, en correspondencia con las siete notas cósmicas que emite cada uno de los Logos cósmicos, Señores de un plano, y Señores también de un planeta sagrado, y la forma geométrica de cada plano, deben coincidir perfectamente en el ser humano. Y, en el orden de sonidos, tenemos que la voz humana puede ser catalogada también en siete notas distintas, siete positivas, que dimanan de la Osa Mayor, siete negativas – sin sentido peyorativo, estoy expresando una temática científica –, que provienen de las Pléyades, y algo neutro que condiciona, los unifica y pone en relación ambos tipos, que es la voz neutra. En el hombre, expresión positiva de la fuerza, tenemos la voz de tenor, de barítono y de bajo. En la mujer, que es la contraparte, relacionada con las Pléyades, femenina por excelencia, se puede catalogar como soprano, mezzosoprano y contralto. Y existe, después, el vínculo de unión, esta voz neutra, conocida por todos nosotros, que es la del ser humano que ha nacido con cuerpo masculino y, no obstante, su inflexión es femenina, al referirse a la voz. Igualmente, en la mujer tenemos el aspecto diferenciado, o contrario, que siendo femenina la expresión física, su voz es casi masculina. Quizá tengamos en este tipo de voz neutra el secreto de la redención final del Universo, o aquello que se denomina en lenguaje místico, el andrógino, que participa tanto de la naturaleza masculina como de la femenina, (el cual) ha llegado a liberarse de las leyes de espacio y tiempo que llevan adelante la diferenciación, y que producen, finalmente, seguramente en las fronteras de la séptima subraza de la séptima raza, al hombre perfecto, al ser andrógino, que no tiene por qué reencarnar, por cuanto el más y el menos, el positivo y el negativo, está plenamente equilibrado e identificado. Y, naturalmente, si nos referimos a voz, se nos dice – hablando en términos de magia – que la voz es lo que produce la magia, y que la magia de cada plano se verifica porque hay una entidad, un arcángel – si me permiten ustedes – que está emitiendo una voz, un tono, un sonido, que refleja una cualidad distintiva del Logos Solar. En su anagrama perfecto, las siete palabras que contienen los siete sonidos cósmicos de la naturaleza creada, son los tres primeros rayos bajo este mandato que todos conocemos, si hemos leído los libros místicos del cristianismo: “Hágase la Luz” y la respuesta de la naturaleza, los cuatro rayos de aspecto (de atributo) son: “Señor, Hágase Tu Voluntad”. Son siete palabras y el significado es que se haga la Luz y la naturaleza (dice): “Señor, Hágase Tu Voluntad”.

Existen tres rayos de aspecto, creadores, positivos, y cuatro rayos de atributo, y estos rayos de atributo son los que condensan las cualidades mágicas de la Divinidad. Se dice, hablando siempre en términos cósmicos – ustedes me perdonarán porque debemos aludir al Cosmos – que cada uno de los Dioses que dan vida a un plano de la naturaleza, al emitir su voz, dan el contenido esencial para cada uno de estos planos de acuerdo con la cualidad distintiva de la Divinidad. Como vimos en nuestra anterior conversación, el primer mántram, que corresponde a la nota cósmica SI, adopta como parte positiva de su expresión la cualidad de la Voluntad Creadora, el dinamismo de esta voluntad que quiere ser, y que cuando esta voz, rasgando los éteres del espacio, llega a coincidir en la humanidad, se convierte en la política y el gobierno de los pueblos. Entonces, hay una gran relación entre la nota SI y el color más potente de la gama cósmica, el rojo, y el primer rayo, la cualidad de la Divinidad de querer ser, de querer manifestarse, y la respuesta como una forma geométrica perfecta que da vida al contenido etérico, o, si ustedes me permiten, al conglomerado químico de este plano en forma de círculos perfectos, y esto da como consecuencia, ya llegando a nosotros, primero, la cualidad de voluntad que tiene todo ser humano de poder expresarse, el querer, la determinación, sin dudas, ser la afirmación de la propia vida, y quiere manifestar los poderes de la Divinidad y que, en el terreno, en el departamento de Trabajo de la Jerarquía Planetaria aquí en la Tierra de expresar a través de la humanidad, o del reino humano, se manifiesta como política, o el Gobierno de los pueblos. No hay ninguna forma de gobierno en el mundo, ya sea totalitario o democrático, que no se ajuste a las normas de gobierno que parten de este aspecto Voluntad, primer rayo del Logos Solar.

Analogía de los Siete Rayos

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