El Fracaso de nuestra Era Técnica – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 9 de enero de 1988.

Vicente.— Estamos viviendo una era asombrosamente técnica. Aparentemente, el hombre del siglo XX, ha alcanzado unas metas inconcebibles para los hombres de las pasadas generaciones. El campo de la electrónica, por ejemplo, ha ofrecido un campo experimental extraordinario, sin embargo, los científicos del mundo no saben todavía cuál es la naturaleza de la electricidad; el científico del siglo XX ha logrado extraer la energía nuclear explosionando los átomos radioactivos y ha fabricado bombas atómicas de todos los calibres y, sin embargo, no ha logrado dominar ni controlar la radioactividad planetaria. ¿Qué quiere significar esto? Simplemente, que existe un vacío todavía irrellenable dentro de la ciencia experimental, motivada, quizá, por los prejuicios de las naciones, por el estado evolutivo de la propia humanidad, por el sentido caótico en que se mueven grandes sectores sociales. Todavía, la ciencia no ha descubierto el método de curación de enfermedades consideradas incurables que están llenando de víctimas nuestra doliente humanidad. Entonces, ¿cuál es la causa de que el hombre no llegue todavía a controlar la fuerza, la energía, el poder subyacente en los éteres del espacio? Solamente, la incomprensión, la ignorancia, el egoísmo de grandes sectores humanos, sociales, nacionales y planetarios. Cuando hemos hecho referencia a los grandes descubrimientos y a las altas capacidades técnicas de los hombres del siglo XX, hemos olvidado decir, que el secreto de la energía no está en la mente, sino en el corazón de los hombres y, en tanto no se descubra la causa en el corazón, la mente no llegará a descubrir el secreto mediante el cual será controlada la energía, serán curadas todas las enfermedades, se hará presente en la Tierra otra forma de cultura y civilización. Entonces, hay que preguntarse, viendo las causas y viendo los tremendos efectos: ¿Qué es lo que puede hacer una persona rectamente orientada, inteligente y de buena voluntad? ¿Cuál es su responsabilidad? O, hablando directamente a nosotros mismos: ¿Qué es lo que podemos hacer? ¿Vamos a continuar como hasta el presente, amparándonos en la técnica únicamente para el propio confort, sin pensar en las consecuencias que este confort va introduciendo en nuestro ánimo, en nuestra mente y en nuestro corazón? Hay grandes perspectivas para la humanidad, y me permito señalar para ustedes la venida del Instructor del Mundo, el Avatar de la Nueva Era, cuyo camino de luz debe ser creado por los hombres, por la humanidad, no siguiendo reglas estrictamente cíclicas, como puede ser el paso inexorable de las constelaciones del zodíaco, es algo más íntimo y al propio tiempo más profundo, pues podemos preguntarnos y respondernos favorablemente a esta pregunta: ¿Qué es el Alfa y qué es el Omega de cualquier cuestión? ¿Qué es el ser y el no ser? ¿Qué es el bien y qué es el mal? Yo diría que la humanidad debe comprender definitivamente que el Alfa y el Omega, o el principio y el fin de cualquier cuestión son extremos de un mismo proceso, que el bien y el mal son extremos de una misma cuestión social y humana y que, por lo tanto, si debemos trabajar para que pueda advenir el Instructor, y les hablo a ustedes como si hablase a un grupo de discípulos juramentados, con responsabilidad, con afecto hacia los demás, y el resultado de esta sutil intravisualización, no puede ser otra cosa que buscar dentro de uno mismo las bases angulares donde descansa la paz humana. Si no hay paz en el corazón del hombre, la ciencia fracasará por mucho que se extienda horizontalmente, de la misma manera que fracasaron las religiones, y continúan fracasando, porque se ha olvidado de principio que la religión es un principio espiritual latente en el hombre, y no una serie de valores anacrónicos o doctrinas específicas o teologías o doctrinas que tratan de encerrar la verdad condicionándola. Estoy hablando del principio único, del principio espiritual, de la paz latente en el corazón humano, viviendo de esta manera de acuerdo con la ley, de acuerdo con el equilibrio y de acuerdo con el orden. Si estamos dispuestos a emprender la tarea de preparar el camino del Instructor, habrá que ir pensando cómo y de qué manera podríamos decidir definitivamente cual ha de ser desde este momento la raíz y el proceso de nuestra conducta, social, psicológica, humana; pues, si el bien y el mal, si el principio y el fin de todas las cosas, son aspectos distintos de una misma cuestión de base, si el bien y el mal son de la misma sustancia humana, creada por nosotros mismos y que, por lo tanto, ni la religión, ni la ciencia, ni la filosofía, ni nada, podrá solucionar para nosotros este grave problema psicológico. ¿Por qué cuando hablamos de magia hablamos tan preferentemente de los centros puros, armoniosos, de los espacios neutros? Porque allí donde existe neutralidad absoluta no puede existir lucha y, por lo tanto, no puede existir reacción alguna a ningún proceso de la índole que sea. Cuando ustedes están aquí, o en otras partes, pero con la mente muy abierta, sin tratar de especular sobre cuanto se está diciendo, sino simplemente abrir la mente, que la mente no va a estallar, porque su sustancia cósmica le permite expansionarse hacia el infinito, estar serenamente apercibidos de esta fuerza, de este vigor, de este dinamismo que nos está envolviendo constantemente; en esta expectación, en esta atención profunda y serena, se halla la base de la paz, y con esta paz que conquistaríamos, estaría también la resolución técnica de todos los problemas que están asaeteando las mentes y los corazones de los seres humanos. Estamos tratando de algo que en el pasado quizá tuvo ciertos aspectos iniciáticos, quizá nunca se tuvo como en el presente, tantas oportunidades de comprender el Plan de Dios aquí en la Tierra y, sin embargo, pasamos indiferentes al proceso, vemos los adelantos científicos, apreciamos la voluntad de los hombres de ser mejores y, sin embargo, la ciencia está obstaculizada por sus propios deméritos, por esta incapacidad de rasgar los velos que le ocultan el corazón silente de toda cosa creada, hasta el punto que desde el ángulo de vista de los grandes observadores cósmicos, la ciencia también está fracasando. Hemos creado artefactos que pueden llevar a un hombre a cualquier lugar del espacio y se está hablando de una guerra de galaxias, cuando los problemas están ahí, la magia está ahí, el trabajo de crear una posición estable para todos lo seres humanos. Decimos: ¿Qué puedo hacer yo? Y todos decimos lo mismo: ¿Qué es lo que puedo hacer yo, humildemente? No vale la pena esforzarse, porque la gran mayoría no se esfuerza, y esta es la posición no sólo del hombre medio de nuestros días sino de los propios discípulos, y ahí está el fracaso del porqué el Instructor ha debido aplazar su venida aquí en la Tierra. No ha encontrado estas áreas de luz, este principio inmanente de amor en el corazón del hombre, no ha sido todavía desarrollado, el hombre ha perdido la fe en sí mismo y en los demás y, entonces, en esta incapacidad manifiesta, ha decidido retrotraerse dentro de sí mismo, crear una torre de marfil, encerrarse en ella, y así va el mundo, cada cual es su propia torre de marfil, unas más suntuosas que otras, pero todos encerrados dentro de este cascarón inmundo que hemos creado, y esto no quita en manera alguna que hablemos de los Maestros, que hablemos de la espiritualidad, que hablemos de la paz, de la fraternidad y de la justicia, como si las palabras fuesen necesarias o suficientes para que el hombre surgiese del caos donde se halla sujeto y ubicado constantemente. ¿Se han dado ustedes cuenta de esta situación de emergencia que estamos viviendo? ¿Se han dado ustedes cuenta de las necesidades de los pueblos? ¿Se han dado cuenta que hay millones de seres humanos que pasan hambre, cuando se está derrochando por doquier los tesoros de la Tierra? ¿Y creen ustedes que el Instructor puede venir y en el momento que llegue, reemplazar el orden establecido o este desorden establecido por un orden nuevo? ¿Cómo podemos aceptar esto? Si nos debemos a la Ley, si nos debemos al Instructor, deberemos radicalmente transformar nuestra conducta en términos positivos, dinámicos, de realización. De no ser así, ¿qué vamos a legar a las generaciones venideras? ¿Lo que nos legaron las generaciones pasadas? ¿El artificio de la religión, que solamente ha legado doctrinas y superstición, y nunca ha legado amor? Y la ciencia, que no tiene corazón, que está creando artefactos para destruir a la humanidad o simplemente para adormecerla a través del confort. Es la técnica de la electrónica, es la técnica de la horizontabilidad, es la técnica de escudarse en la técnica para evitar la responsabilidad de ser un discípulo, y hay que salir de este caos; ustedes se darán cuenta de que estamos viviendo una hora solemne, no porque, según se nos ha dicho, la Nueva Era va a traernos el Instructor y que Acuario reemplazando a Piscis va a solucionar el problema social humano, y por ende, la solución del problema de los reinos. ¿Saben ustedes que desde el ángulo de vista de la Jerarquía existe un gran conflicto todavía entre el tercero y el cuarto reino de la naturaleza, que impide que el hombre pueda ascender al quinto reino? ¿Saben ustedes el conflicto que existe todavía viendo la historia cósmica de nuestro Logos Planetario, entre la tercera cadena y la cuarta cadena que es la nuestra, que todavía no podemos pasar a la quinta cadena, aunque digan dentro de tantos cientos o miles de años llegaremos aquí o llegaremos allá? Esto es una ilusión, el tiempo es una ilusión, solamente existe una realidad, el espíritu dinámico del hombre, nada más que esto. Y si nos damos cuenta de esta situación de emergencia, si nos damos cuenta de que no es la lectura esotérica, ni las meditaciones esotéricas, ni la agrupación de personas por afinidad esotérica la que va a solucionar el problema social del mundo, hay una equivocación de principio, con sólo que analicen y traten de percibir lo que está ocurriendo en el planeta actualmente, viendo la vecindad, su propia familia, las luchas internas dentro de ustedes mismos, la lucha de las naciones, amagada por sonrisas de diplomacia, que es lo que está ocurriendo ahora, ¿verdad? La diplomacia es el arte de engañar a los pueblos, como la política, ustedes lo saben y, sin embargo, confiamos en los políticos como confiamos en las jerarquías religiosas y confiamos en todo cuanto no tiene un valor real, porque donde existe un ser humano existe la perturbación, el egoísmo y, en un caso muy desesperado, el odio hacia los demás. Así que, aunque hablemos de magia, y al hablar de magia hablemos de aquello que ocurre en los mundos invisibles, e incluso que establezcamos una jerarquía de las entidades invisibles que rodean nuestra aura planetaria, nuestra fuerza, nuestra ilusión, nuestra tremenda capacidad de síntesis, todavía no ha sido desarrollada al extremo de crear un impulso dinámico que nos lleve a la acción inmediata. El espíritu de lucha forma parte de la magia de los pueblos, es el estímulo de la mente concreta, es el estímulo del deseo del cuerpo astral de los seres humanos, y aviva las tendencias instintivas de la raza, convirtiendo al ser humano en algo que debería ser trascendente, en algo realmente sin importancia, en algo que no tiene poder y, sin embargo, el Señor del Mundo espera de nosotros que comprendamos simplemente esto, que no podemos ni debemos confiar en nadie, más que en nosotros mismos; y tal como decía Buda: “Ni incluo las afirmaciones de los sabios, los altos legados esotéricos de los santos o de los iniciados o el verbo sagrado de los ángeles”. Hay que afirmarnos a nosotros mismos, hay que confiar en nosotros, hay que crear una fe, un nuevo estímulo de vida, esto es lo que se precisa, esta es la ley de la existencia. Hemos dicho en multiplicidad de ocasiones que la vida en el planeta es muy dura, y hablamos del karma con un sentimiento de impotencia, pero todo cuanto el hombre es y trata de ser, es de su propia incumbencia, ni los ángeles ni los dioses pueden ayudar al hombre a solucionar su propio karma, porque el karma es la herencia de los siglos, es la obra de la magia organizada de muchas generaciones hasta llegar aquí, en este momento del tiempo, y una vez apercibidos de que el destino del hombre es el propio hombre, y que la humanidad está trabajando en ciertos sectores para llevar un poco de paz a este mundo atribulado, porque cuando hablamos de la Gran Fraternidad o hablamos de la Jerarquía Espiritual de la Tierra, sólo lo hacemos por el estímulo que puede producir en el alma de aquellas personas que están dispuestas a despertar definitivamente a la luz y ponerse incondicionalmente a las ordenes de las fuerzas cósmicas.

El Fracaso de nuestra Era Técnica

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