Introducción al Misterio de los Siete Rayos – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 12 de junio de 1976.

Vicente.— [En nuestra última conversación nos referimos] concretamente al tema Jerarquía, entendiendo por Jerarquía el 5º Reino de la Naturaleza, aceptando como lógica la teoría de la evolución, tal como la razón la hace comprensible y la ciencia da su consentimiento objetivo. Al adentrarnos algo dentro del tema de la Jerarquía, automáticamente nos encontramos con misterios cada vez mayores que son como desafíos a nuestra capacidad de síntesis, la capacidad de comprender, la capacidad de amar y la capacidad de actuar. Este complemento, esta integración de lo que es la mente, de lo que es la voluntad, el amor, y la conducta, deben abrirnos forzosamente las puertas del reino, del 5º Reino de la Naturaleza.

El tema que vamos a adoptar como centro de nuestra conversación es el Misterio de los Siete Rayos. Los Siete Rayos, dentro de un contexto genuinamente esotérico, solamente pueden ser comprendidos utilizando el poder de la intuición, la capacidad de síntesis, porque la mayor parte de las ideas relacionadas con los Siete Rayos han de quedar forzosamente dentro de la nebulosa del conocimiento concreto actual. No podemos comprobar muchas de sus ideas, tendremos que apelar, como digo, al sentido de síntesis y de la intuición a fin de determinar después, por vía objetiva, por vía psicológica, lo que hay que aceptar, lo que hay que rechazar, o lo que debemos dejar en suspenso dentro de una duda realmente inteligente. Por ejemplo, si tenemos que hablar de los Siete Rayos, o de las Siete Corrientes de Vida que condicionan el Universo en donde vivimos, nos movemos y tenemos el ser, debemos iniciarnos dentro de la genealogía del Universo, cómo ha sido creado el universo, cuáles son sus orígenes fundamentales.

Se nos habla de la influencia de las Doce Constelaciones Siderales sobre nuestro Sistema Solar, se nos dice la relación que tenemos —tal como estamos concebidos como seres humanos, como unidad y dentro de un planeta— con estas constelaciones, y el poder investigador que puede determinar que todo cuanto se esté investigando pueda ser un día objetivo y pueda convertirse en un elemento psicológico dentro de la conducta. Si no podemos hacer objetiva alguna idea al menos de lo que significan los Siete Rayos, lógicamente no hay razón de investigar en este sentido, pero yo digo que si llegamos a la raíz de los Siete Rayos, llegaremos a la raíz de la propia contextura de nuestra naturaleza, nos conoceremos ya no en una triple dimensión, como nos conocemos actualmente, sino en todas las dimensiones posibles del espacio; y hablando de genealogía, debemos iniciarnos siempre según el gran axioma hermético de “que igual es arriba que abajo, igual es abajo que arriba”. Lo que sucede en el corazón humano no es ni más ni menos que una reproducción de lo que pasa en el Corazón Solar. El pensamiento humano no es sino una modificación limitada del gran concepto mental del Cosmos, y los Siete Rayos son expresión de siete corrientes de vida de la Divinidad que llegan a nosotros a través de los planetas sagrados y de otras constelaciones que están más allá de nuestro sistema solar.

El fundamento de nuestro Universo se basa, como toda teología universal, en la conjunción magnética que ofrecen la Constelación de la Osa Mayor, la Constelación de las Pléyades, y una estrella de la Constelación del Can, la gran Estrella Sirio. Se nos dice, esotéricamente, que nuestro Sistema Solar, con todo su contenido, es el resultado de una unión magnética a extremos inconcebibles para nuestra mente, dentro de la cual el poder positivo de la Constelación de la Osa Mayor, utilizando el poder cósmico de la concepción magnética de los mundos, deposita la simiente en la gran Constelación de las Pléyades, que tal como se puede leer en cualquier libro sagrado, iniciándonos en el Vedanta o en los Upanishads, nos dice: “Las Siete Estrellas de la Constelación de las Pléyades son las esposas de los grandes Rishis de la Osa Mayor”. No es una coincidencia que nuestro Universo sea septenario, cuando el Padre Creador, la Osa Mayor, son siete estrellas de orden positivo, y el aspecto material o aspecto femenino, facilitado por las siete estrellas de las Pléyades, las esposas de los grandes Rishis, se convierten en la simiente que después a través de la estrella Sirio da vida a nuestro Universo.

Entonces, ya empezamos de hecho a analizar nuestro Universo desde este de punto de vista septenario. Todo cuanto ocurre en nuestro Universo está regido por este número sagrado, el siete, (el cual) está en la constitución de todo el colorido de la Naturaleza, y de toda la gama de sonidos musicales, y de todas las formas geométricas, está en la base de todas las cosas. Dándonos cuenta, que toda cosa creada puede ser conceptuada según tres aspectos fundamentales: una vida que tiene el propósito de manifestarse; una materia que debe dar la apariencia, la forma a esta idea o esta voluntad esencial; y una cualidad que es la que surge cuando el espíritu se introduce en la materia. Luego al hablar de Siete Rayos lo haremos en términos de cualidad, en términos de conciencia, y determinamos así que lo que informa, que lo que da vida a nuestro Universo, es una entidad psicológica que se manifiesta a través de siete corrientes de vida, de siete cualidades fundamentales que pueden ser catalogadas, que pueden ser medidas, según las palabras del Génesis: “Hágase la Luz” y la respuesta de los mundos: “Sea hecha Tu Voluntad”, que constituyen siete palabras mágicas, siete palabras que reproducen la voz inicial, y que constituyen de hecho los planos de la Naturaleza, desde el físico hasta el divino, que informa la vida de Siete Señores que se manifiestan, los Siete Espíritus ante el Trono de la Divinidad, que deben revelar las cualidades subjetivas, psicológicas de la Divinidad. Las siete corrientes de vida transformadas muy luego en los siete reinos de la naturaleza, en las siete dimensiones del espacio, en las siete humanidades, o siete razas humanas que concurren en la evolución de nuestro planeta, las siete subrazas aliadas a cada una de las razas, los siete planetas sagrados que son, por así decirlo, los cuerpos que utilizan ciertas potestades planetarias expresando esta conciencia unificadora del Dios de nuestro Universo. Teniendo en cuenta que cada vez que el hombre pronuncia el nombre de Dios, tratando de investigar, tratando de orar, tratando de expresar la sublimidad inconcebible de su grandiosa magnificencia, se está refiriendo única y exclusivamente —porque su mente no puede ascender más— al Señor de este Universo, constituido por un sol central y doce planetas, conociendo solamente diez planetas, tres planetas visibles y dos invisibles. Los que llamamos planetas sagrados son los que constituyen la fuerza de la conciencia expresadas a través de siete entidades psicológicas que dan a la vida un colorido especial. Por ejemplo, el colorido especial o el matiz psicológico del 1er Rayo es la Voluntad, el poder dinámico de la existencia manifestada a través del planeta Vulcano como planeta sagrado; el 2º Rayo es el Rayo de Amor-Sabiduría, el Rayo Incluyente, el amor es incluyente, porque es el Rayo del propio Señor de este Universo, siendo el Señor de Júpiter quien representa al 2º Rayo, es el Rayo de la Sensibilidad, es el Rayo de la Unión; el 3er Rayo es el Rayo de la Inteligencia Activa, se manifiesta a través del planeta Saturno como planeta sagrado, siendo Saturno el que alía la Voluntad de Dios y su Amor para crear las formas inteligentemente; el 4º Rayo es el Rayo de la Armonía, el Rayo de la Belleza, el Rayo de Equilibrio, se manifiesta a través de Mercurio, el gran Señor de la mente, de la mente superior; el 5º Rayo es el Rayo de la Ciencia, el Rayo de Expresión Objetiva de la Naturaleza, se manifiesta, paradójicamente, por medio del Señor de Venus, siendo Venus el Señor del quinto principio cósmico, aquél que como Prometeos del Cosmos trajeron el fuego mental —los Ángeles Solares— en los primeros días de la humanidad terrestre; el 6º Rayo es el Rayo de la Devoción, el Rayo del Idealismo Creador, se manifiesta preponderantemente por medio del planeta Neptuno; y, finalmente, tenemos el 7º Rayo, el de la Organización, del Ceremonial, de la Magia Creadora, aquél que cumplimenta la última palabra del Señor cuando se dice: “Hágase la Luz” y al final el 7º Rayo dice: “La Luz ha sido hecha”, es el Rayo que cierra el ciclo de la evolución.

Introducción al Misterio de los Siete Rayos

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