La Humanidad y el Quinto Reino de la Naturaleza – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 14 de mayo de 1976.

Vicente.— En nuestra conversación del pasado mes nos referimos a la magia individual, entendiendo por magia el poder que tiene el individuo sobre los agentes ambientales, entendiendo por estos agentes todo aquello que es coexistente con el éter del espacio, y que, prácticamente, pasa desapercibido a la visión normal.

Dijimos, también, que no se puede ser mago sin antes haber experimentado una cierta expresión interior en su conciencia, que le capacita para vivir libre de todas las estructuras construidas por la sociedad donde vive inmerso. El hecho de que tengamos el poder creador, nos facilita para adornar nuestro ambiente con una serie de accidentes pasajeros que se convierten en los opresores de nuestro espíritu creador, es decir, libertad de acción, libertad mental, desapasionamiento emocional y conducta recta, hasta donde podamos comprender el sentido de la recta conducta. En todo caso, no se puede ser mago ni se puede aplicar la magia, si no se está perfectamente controlado en todos los niveles y que se haya establecido, previamente, un contacto con el Ser superior; aquél que unos denominan el Yo perfecto, el Yo trascendente, el Ángel solar, el nombre no importa en este caso, pero, sí, su significado.

Continuando ya con la lista programática de nuestras conversaciones, hoy vamos a analizar un tema que es realmente apasionante desde el punto de vista de la investigación esotérica. Se trata del campo específico, denominado, esotéricamente: La Gran Fraternidad Blanca del Planeta, Logia Planetaria o, si ustedes lo prefieren, “El 5º Reino de la Naturaleza”.

Conocemos el reino mineral, el vegetal, el animal, la humanidad o cuarto reino de la naturaleza y, lógicamente, hay que aceptar, según las leyes de la evolución, que existe otro reino en la naturaleza; y naturalmente, será el quinto de acuerdo con la escala evolutiva de la naturaleza, pero, ¿qué sabemos prácticamente del quinto reino o Reino de Dios o Reino de los Cielos? ¿Es que la ciencia ha podido interpretar objetivamente la armonía existente en el quinto reino de la naturaleza? No ha podido ser programado como se programa la televisión, la radio o cualquier elemento que traiga conocimiento a nuestro interior por la vía de los sentidos. Para esto y, siguiendo la línea esotérica, tengo que hacer una advertencia de gran responsabilidad: Primero, no acepten nada de lo que entre por sus oídos, por el sólo hecho de estar escuchando; segunda proposición o advertencia, no acepten las palabras de cualquier persona por más que la consideren una autoridad espiritual o una autoridad en el nivel que sea; no acepten todo cuanto esté escrito en los libros santos por el sólo hecho, según se nos dice, que han sido escrito por los sabios; tampoco acepten las fantasías de los videntes porque estén programando que son inspiraciones de los devas; pero, sí acepten aquello que su mente admita por la lógica, por la razón o por el entendimiento, o en una escala de valores trascendentes, porque algo dentro del corazón acepte aquello como verdad. Ya no se trata de un conocimiento de tipo concreto o intelectual; en esoterismo hay que fiarse más de la intuición que del intelecto, teniendo en cuenta que el intelecto no es sino un vehículo de la intuición. La intuición está relacionada con la intuición del corazón, en tanto que el conocimiento intelectual pertenece al razonamiento de la mente concreta. Entonces, ¿qué hay que aceptar como Jerarquía, qué podemos aceptar como Gran Fraternidad Blanca en nuestro planeta? Simplemente, la legión de todos aquellos seres humanos que lograron acceder al quinto reino por su esfuerzo y por los merecimientos de su vida de meditación, de servicio o de sacrificio. Se trata, en todo caso, de un mundo allende la razón y el entendimiento normal; hay que admitir, en todo caso, que de la misma manera que los reinos de la naturaleza, partiendo del mineral, se están gobernando por una ley selectiva, por una Ley de Síntesis que está creando arquetipos, siendo este arquetipo el punto central, el centro omega –como diría Teilhard de Chardin– hacia el cual va todo el ritmo de la evolución de aquel reino, hay que aceptar también, dentro de la Jerarquía Planetaria o Gran Fraternidad o Logia Planetaria, un poder central y una función central que se convierte asimismo en un centro omega o un punto de interés cualitativo hacia el cual van orientadas todas las actividades de los componentes del quinto reino. Ustedes me preguntarán, cómo se puede hablar de la Jerarquía sin haber tenido siquiera un vislumbre intuitivo o, quizás, una experiencia objetiva. Yo digo, que todos sin distinción hemos tenido contactos con la Jerarquía a través de cualquier estado de conciencia superior, a través de esta aspiración que nos eleva en un momento cumbre de nuestra vida allí donde fallan la razón y el entendimiento, allí donde no existe voluntad, porque incluso la fe se ha perdido y que, de improviso, sientes la paz de este reino, y sientes objetivamente en tus sentidos la existencia de algo que está más allá de nosotros mismos. Los nombres que se dan a la Jerarquía son múltiples y variados, pero, tengan ustedes presente que los miembros de la Jerarquía están al servicio de la humanidad, y todo ser humano de buena voluntad, correctamente establecido en mente y corazón, puede contactar a los miembros de la Jerarquía; puede ser, incluso, un vehículo de estos miembros de la Jerarquía y, como ellos, servir al mundo, pues parece ser que no se puede acceder al quinto reino sin haber agotado los recursos en el reino humano, y lo que libera al reino humano o a las unidades del reino humano, que somos nosotros, para ingresar conscientemente en la Jerarquía Planetaria, es el acto de servicio y de sacrificio, que no es el conocimiento esotérico, que no es extendiendo la mente en un sentido horizontal como vamos a acceder al reino de los cielos, sino que es la vertical del servicio y del sacrificio. Naturalmente, este punto de contacto que podemos tener –y hay múltiples caminos para acceder a este reino–, está virtualmente en nuestro interior, forman parte consustancial con nuestra vida, no es algo que se genere al azar, cada cual tiene los instrumentos necesarios para establecer armonía a su alrededor y crear un campo magnético positivo capaz de ser utilizado por las huestes o los miembros de la Jerarquía. Y, es curioso, estamos hablando del Reino de los Cielos desde hace dos mil años y, todavía, no admitamos a la Jerarquía Planetaria o, tal como místicamente se dice, a Cristo y a su Iglesia, porque siempre está en la base de toda idea religiosa, científica, filosófica o mística, este punto de anclaje que representa la actividad del Reino de los Cielos o de la Gran Fraternidad Blanca. La institución de la Jerarquía aquí en la tierra es un misterio; un misterio porque no es un dato exacto que puede ser aprehendido por nuestra razón intelectual. Por ejemplo, ¿qué puede decirles a ustedes o a muchos de ustedes, que yo les diga que hace dieciocho millones de años o veinte millones de años en que una gran convulsión planetaria y las exigencias mismas de la evolución dentro del Sistema Solar obligaron a la introducción en el planeta Tierra de ciertos elementos pertenecientes a la Logia Solar para establecer una Jerarquía aquí en la Tierra, para llevar adelante los destinos de nuestro mundo? Ustedes dirán, y dirán muy bien: esto debemos dejarlo como una simple hipótesis. ¿Hay quien puede asegurar esto? ¿Quién puede asegurar esto? Un miembro que haya vivido toda experiencia rica en matices espirituales de pertenecer al quinto reino de la naturaleza. Entonces, si tenemos que buscar información acerca del quinto reino, tendremos que contactar a un miembro del quinto reino, a un Maestro de Compasión y de Sabiduría, a un Adepto de la Buena Ley o a un Superhombre, porque se denominan a todos estos seres con nombres variados implicando, no obstante, todos los nombres una única verdad fundamental y es la expresión de un poder latente en la naturaleza de tipo superior al humano, y que el ser humano mediante el libre ejercicio de su mente y el control de todas sus actividades puede establecer este contacto, vincularse con aquel miembro de la Jerarquía, y constituir con el tiempo, una avanzada de esta Jerarquía en el mundo, llevando así el Reino de Dios a la Tierra, y convirtiéndose a sí mismo en un ser iluminado que está derramando bendiciones a su paso. Naturalmente, todo puede ser concebido con aquella frase rigurosamente esotérica de que “por los frutos son conocidas las cualidades de un árbol”. Entonces, si queremos contactar a un miembro de la Jerarquía Planetaria, a un ciudadano del quinto reino de la naturaleza, tendremos que ver su obra, tendremos que ver su fruto; y esto no es una utopía mental, porque vemos hombres a través del tiempo que han trabajado, que se han sacrificado por la humanidad en todos los campos: científico, filosófico, religioso, en el nivel que sea; seres que han dedicado toda su vida a la humanidad. ¿No será, entonces, que el cultivo de los valores aparentes, el cultivo de una lógica exagerada o de una razón típicamente intelectual nos ha ido apartado progresivamente de ese punto de síntesis que solamente puede brindar la conducta de un ser humano? Entonces, la educción de un sentido discriminador de valores psicológicos, el examen abierto y profundo de cuanto sucede a nuestro alrededor, la visión de los acontecimientos presentes y las perspectivas de un futuro ¿no constituyen temas de meditación, puntos de anclaje para que nuestra mente y corazón no puedan ascender a las alturas y contactar aquella fuerza misteriosa que debe abrirnos las puertas de los cielos? Ustedes saben que la moda actual es la meditación y el yoga, y no hay lugar en la Tierra donde no haya gente que practique el yoga o la meditación en su intento de alcanzar un punto de conciencia que le haga consciente de algo que está más allá de las posibilidades actuales. Yo digo que no hay mayor yoga ni mejor meditación que la acción correcta, el recto comportamiento en la vida social, porque yoga, en un sentido, explica el sentido de unión y el sentimiento de integridad. Hay quien se retira a la selva o a una cueva, o a un alejado monasterio tratando de buscar a Dios, el Reino de los Cielos; por esta puerta no creo posible que se llegue a contactar las huestes misteriosas más allá de nuestra concepción mental de los Maestros de Sabiduría, que son los ciudadanos del quinto reino de la naturaleza. Se exige servicio como premisa básica, siendo el campo del yoga y de la meditación, en todo caso, accidentes que pueden conducir a la revelación de esas actitudes de servicio. Por ejemplo, el corazón humano, por su propia naturaleza, es un manantial perenne de buena voluntad; no hay ningún problema en la Tierra político, sociológico o religioso que no pueda ser solucionado por un ímpetu de buena voluntad. Y la buena voluntad no ha sido creada por el yoga, por la meditación o por la vida contemplativa; ha sido creada, precisamente, por ese sentirse desbordar hacia los demás; es el camino más fácil y el más directo y, paradójicamente, el menos preciado. Todos acudimos a las grandes concepciones filosóficas que intentan resolver el problema de la vida, pero el corazón siempre permanece reseco. La Jerarquía, por así decirlo, es el centro de la buena voluntad del mundo, y el corazón de cada ser humano participa de esta buena voluntad. Tenemos, pues, todos los instrumentos de contacto hacia esta prístina realidad; sólo hay que utilizar los instrumentos. El instrumento sí que se puede perfeccionar por el yoga o por la meditación trascendental, o por cualquier otro tipo de meditación, de creencia o de intuición. Lo interesante es empezar a andar el fatigoso camino de la búsqueda, el que trae desengaños, porque no olviden ustedes que si aterra el ascender hacia el quinto reino es porque el aspirante espiritual está ascendiendo por un camino donde todo el mundo desciende; entonces, hay una fricción constante entre el ser con aspiraciones nobles y sinceras, y las personas que alocadamente están siguiendo la oleada de todo lo que contiene de inferior el ser humano; entonces, existen, naturalmente, fricciones, sufrimiento, tensión, caos, dolor y confusión extrema.

La Humanidad y el Quinto Reino de la Naturaleza

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