Pensamientos sobre los Elementales – H. P. Blavatsky

El párrafo del presente artículo fue escrito por H. P. Blavatsky y apareció en mayo de 1890 en la revista Lucifer, y ha sido digitalizado y traducido por el equipo de Traducción & Proyecto de Geometría Sagrada.

PENSAMIENTOS SOBRE LOS ELEMENTALES


[Lucifer, Vol. VI, N º 33, Mayo, 1890, pág. 177-188]

[En el momento en que se publicó este ensayo en las páginas de Lucifer, Annie Besant hizo un prefacio con los siguientes comentarios: «H.P.B. estaba demasiado enferma para escribir su editorial usual; el siguiente artículo no publicado, escrito por ella más de dos años atrás, es elegido para ocupar su lugar». Una cantidad de años después, concretamente en Junio, 1896, Lucifer publicó un ensayo bajo el título de «Espíritus de Varios Tipos», que resulta ser idéntica al que se menciona arriba, pero con unos pocos párrafos adicionales, especialmente hacia su final. Publicamos «Pensamientos sobre los Elementales» como aparece en Mayo 1890, insertando el material adicionado donde se encontró en la última reimpresión. –El Compilador]

Se han dedicado años enteros de la escritora, al estudio de estos seres invisibles –conscientes, semi-conscientes y totalmente insensibles– llamados por varios nombres en todos los países bajo el sol, y conocidos con el nombre genérico de «Espíritus». Sólo la nomenclatura aplicada a estos naturales de las esferas por la iglesia Católica –buena o mala– es eterna. La gran cronología de sus nombres simbólicos –es un estudio. Abrid cualquier relato de la creación en el primer Purâna que les venga a la mano, y mirad la variedad de apelaciones conferidas a estas criaturas divinas y semi-divinas (producto de dos clases de creaciones –la Prakrita y la Vaikrita o Padma, la primaria y la secundaria), evolucionadas todas del cuerpo de Brahmâ. Solamente el Urdhwasrota (NOTA: Los Urdhwasrota, los Dioses, llamados así porque la sola vista de los alimentos tiene para ellos el lugar de comida; «pues hay satisfacción en la sola contemplación de la ambrosía», dice el comentador del Vishnu Purâna. FINAL NOTA) de la tercer creación abraza una variedad de seres con características e idiosincrasias suficientes para el estudio durante toda una vida. Lo mismo sucede con los relatos egipcios, caldeos, griegos, fenicios o cualquier otro. Las huestes de estos seres son innumerables. Los antiguos paganos, sin embargo –y especialmente los neoplatónicos de Alejandría–, conocían lo que creían, y distinguían sus diferentes órdenes. Ninguno los consideraba bajo el punto de vista sectario como lo hacen las Iglesias Cristianas. Se ocupaban de ellos, por el contrario, con un conocimiento mucho mayor, pues hacían una distinción mucho más acertada de las diferentes naturalezas de estos seres, que los Padres de la Iglesia lo hicieron nunca. Según la política que estos últimos se habían trazado, todos los ángeles que no habían sido reconocidos como servidores del Jehovah de los judíos –eran proclamados Demonios. Los efectos de esta creencia, más tarde erigida en un dogma, los encontramos ahora afirmándose en el Karma de los muchos millones de Espiritistas, educados y mantenidos en las respectivas creencias de sus Iglesias. Aun cuando un Espiritista se haya divorciado hace mucho tiempo de las creencias teológicas y clericales; aunque sea un cristiano liberal o antiliberal, un deísta o un ateo, que haya rechazado sabiamente toda creencia en los demonios, y que sea demasiado razonable para considerar a sus visitadores como ángeles puros, haya aceptado lo que crea un justo término medio- aún no reconocerá a otros espíritus de los muertos.

Este es su Karma y también el de las Iglesias colectivamente. En las últimas, es natural un fanatismo tan obstinado y esa parti pris es natural: es su política. En el Espiritismo libre, es imperdonable. No puede haber dos opiniones sobre este asunto. Tiene que ser, o la creencia completa o la absoluta incredulidad en los «Espíritus». Si un hombre es escéptico y descreído, nada tenemos que decir. Una vez que cree en los Fantasmas y Espíritus –cambia la cuestión. No hay hombre ni mujer que esté libre de todo prejuicio y de ideas preconcebidas, que pueda creer que en un infinito de vida y de ser –digamos sólo en nuestro sistema solar–, que en todo este espacio sin límites, en el cual los espiritistas sitúan su «Paraíso» –haya solamente dos órdenes de seres conscientes– los hombres y sus espíritus; mortales encarnados e inmortales desencarnados.
El futuro guarda extrañas sorpresas para la Humanidad, y la Teosofía, o más bien sus partidarios, serán vengados del todo en días no muy lejanos. No hay por qué tratar de una cuestión que ha sido tan discutida por los Teósofos, y que solamente ha acarreado oprobio, persecución y enemistad a los escritores. Por lo tanto, no nos saldremos de nuestra senda para decir mucho más. Los Elementales y los Elementarios de los Cabalistas y Teósofos, han sido suficientemente ridiculizados. Desde Porfirio hasta los demonologistas de los siglos pasados han aportado hechos tras hechos y han aglomerado pruebas sobre pruebas; pero con tan poco efecto como el que pudiese tener un cuento de hadas relatado a niños. Raro libro el del vicioso Conde de Gabalis, inmortalizado por el Abate de Villars, y traducido y publicado ahora en Bath. Aconsejo a los que tengan inclinaciones humorísticas, que lo lean y reflexionen sobre él. Se da este consejo con objeto de hacer un paralelo. La escritora, lo leyó hace años y lo ha vuelto a leer ahora con más atención aún que la primera vez. Su humilde opinión con respecto a la obra –si a alguien le importa saberla– es que se puede buscar durante meses, sin encontrar nunca la demarcación entre los «Espíritus» de las secciones espiritistas y las Sílfides y Ondinas de aquel satírico francés. Hay algo que suena de una manera siniestra en los sarcasmos joviales y en las chanzas de su autor, quien a la vez que señalaba con el dedo del ridículo lo que era creencia suya, tenía probablemente el presentimiento de su propio y acelerado Karma (NOTA: La obra fue publicada en París en 1670 y en 1675; fue cruelmente asesinado el autor en su viaje a Lyon desde el Languedoc, su país natal. FINAL NOTA), bajo la forma del asesinato. La manera con que presenta al Conde de Gabalis, es digna de atención. Cierto Remarcable Día me asombré, cuando vi entrar a un hombre de una apostura de las más dignas; quien saludándome gravemente, me dijo en Francés, pero con acento extranjero: «Adora, hijo mío, adora al Dios más grande de los Sabios; y no te llenes de Orgullo porque envíe a ti uno de los hijos de Sabiduría para convertirte en un Miembro de la Sociedad y hacerte participar de las maravillas de la Omnipotencia» (NOTA: Sub-Mundanos; o los Elementarios de la Cábala; es la historia de los Espíritus, reimpresa del texto del Abate de Villars, Physio-AstroMystic, en donde se asegura que existen en la tierra criaturas racionales además del hombre. Robert H. Fryer. Bath, 1886. FINAL NOTA).
No hay más que una respuesta que dar a aquellos que, haciendo hincapié en obras semejantes, se ríen del Ocultismo. «Servitissimo» es la enojada frase en su «Cartas a mi Señor» introductora en la obra arriba nombrada. «Yo lo hubiera persuadido [al autor del Comte Gabalis] de que cambiase por completo la forma de su obra» escribe, «pues esta forma burlona de llevarla adelante no me parece propia del asunto. Estos misterios de la Cábala son cosas serias que muchos de mis amigos estudian muy seriamente;… los brujos son ciertamente demasiado peligrosos para ser tratados en burla».
Verbum sat sapienti.

Son «peligrosos» sin duda alguna. Pero desde que la historia empezó a registrar pensamientos y hechos, media Humanidad se ha burlado de la otra media, ridiculizando sus más caras creencias. Esto, sin embargo, no puede cambiar un hecho en una ficción, ni tampoco destruye a las Sílfides, Ondinas y Gnomos de la Naturaleza, si los hay; pues estos últimos, ligados con las Salamandras, podrían destruir a los incrédulos y perjudicar a las compañías de seguros, a pesar de que éstas creen menos en las Salamandras vengativas que en los incendios causados por casualidad y por accidentes.
Los Teósofos creen en los Espíritus tanto como los Espiritualistas, pero creen que son tan diferentes en sus variedades como las tribus estabilizadas en el aire. Hay entre ellos halcones sanguinarios y murciélagos vampiros, así como hay palomas y ruiseñores. Ellos creen en «Ángeles», porque muchos los han visto
«…a la cabecera del enfermo– ¿De quiénes eran la voz tierna y los pasos silenciosos?
En donde los corazones afligidos destilaban como el sauce, vagaban ellos
entre los vivos y los muertos.»

Pero no eran éstas las materializaciones con tres dedos en los pies de los modernos médiums. Aun cuando nuestras doctrinas fuesen todas pasto para las «chanzonetas» de un Villars, esto nada probaría en contra de las pretensiones de los Ocultistas de que sus enseñanzas son hechos históricos y científicos, cualquiera que sea la forma con que se las presenten al profano. Desde que comenzaron a reinar los primeros reyes «por la gracia de Dios», han pasado innumerables generaciones de bufones, nombrados para divertir Majestades y Altezas; la mayoría de estos despreciados individuos tenían más sabiduría en el fondo de sus gibas y en la punta de los dedos, que todos sus reales amos juntos en sus vacíos cerebros. Solamente ellos tenían el privilegio inestimable de decir la verdad en las cortes, y estas verdades han sido siempre causa de risa…
Esta es una digresión; pero obras tales como la del Conde de Gabalis, tienen que ser analizadas despacio, y mostrado su verdadero carácter, pues de lo contrario se las haría servir como martillo de fragua para pulverizar aquellas obras que no toman el tono humorístico al hablar de cosas misteriosas, ya que no son sagradas del todo, y que dicen lo que es del caso. Se asegura de la manera más positiva que se dicen más verdades en las ingeniosas railleries y gasconnades de aquella «sátira», llena de hechos eminentemente ocultos y reales, de los que la mayoría de la gente, y especialmente los espiritistas, pueden imaginarse.
Un solo hecho, como ejemplo, cuya existencia actual se demostrara ahora entre los Médiums, bastará para probar que tenemos razón.

Se ha dicho en otra parte, que la magia blanca difiere muy poco de las prácticas de hechicería, excepto en los efectos y resultados –consintiendo todo en si la intención es buena o mala. Muchas de las reglas y condiciones preliminares para entrar en sociedades de adeptos, ya sean del sendero Derecho o del Izquierdo, son también idénticas en muchas cosas. Por esto Gabalis le dice al autor: «Los Sabios jamás los admitirán en su sociedad si no renuncian desde este momento a una Cosa que no puede permanecer en competencia con la Sabiduría. Deben renunciar a toda relación Carnal con las Mujeres» (página 27).

Esto es sine qua non para los Ocultistas prácticos –ya sean Rosacruces o Yoguis, Europeos o Asiáticos. Pero lo es también con los Dugpas y Jadoos de Bután y de India y para los Vudús y Naguales, de Nueva Orleáns y de México (NOTA: Hablamos aquí de los bien conocidos antiguos estatutos de la Hechicería de los Asiáticos, así como de la Demonología de Europa. La Bruja tiene que renunciar a su marido, y el Brujo a sus derechos maritales sobre la esposa humana legítima, del mismo modo que el Dugpa renuncia hasta el presente todo comercio con mujeres humanas; como lo hace también el Vudú de Nueva Orleáns, durante el ejercicio de sus poderes. Todos los cabalistas saben esto. FINAL NOTA); pero con una cláusula adicional en los estatutos de estos últimos, y ésta es el tener relaciones carnales con Djins, Elementales, o Demonios, llámeseles como se quiera, ya sean machos o hembras (NOTA: Los Cabalistas judíos de Polonia y de Galicia llaman al Espíritu femenino de Nergal, cuando se dedican a alguna venganza, para ayudar y para infundirle poder en ellos. El Hechicero Musulmán llama a un djini hembra; un Koldo ruso a una Bruja muerta (vyedma); el hechicero Chino tiene una Houen en su casa, bajo sus órdenes. Este comercio se dice que proporciona poderes mágicos y una Fuerza Sobrenatural. FINAL NOTA).
«No os hago conocer ninguna otra cosa más que los Principios de la antigua Cábala», explica Gabalis a su discípulo. Y le informa de que los Elementales (que él llama Elementarios), los habitantes de los cuatro Elementos; esto es, las Sílfides, Ondinas, Salamandras y Gnomos, viven muchas edades, pero que sus almas no son inmortales. «Respecto a la Eternidad… finalmente tienen que disolverse en la nada»… «Nuestros Padres, los filósofos» continúa diciendo el soi-disant Rosacruz, «hablando a Dios Cara a Cara, se quejaron a Él de la Desgracia de esta Gente (los Elementales) y Dios, cuya Misericordia no tiene Límites, les reveló que no era imposible encontrar un Remedio para este Mal. Les inspiró que del mismo modo que el Hombre, por la Alianza que había contraído con Dios, había sido hecho partícipe de la Divinidad: las Sílfides, los Gnomos, las Ninfas y las Salamandras, por la Alianza que podían contraer con el Hombre, podían hacerse Partícipes de la Inmortalidad. Así, pues, una Ninfa o una Sílfide se vuelve Inmortal, y capaz de alcanzar la Dicha a la que nosotros aspiramos, cuando tiene la fortuna de casarse con un Sabio; un Gnomo o un Silfo quien cesa de ser mortal desde el momento en que se casa con una de nuestras Hijas».
Después de haber soltado este buen consejo sobre hechicería práctica, el «Sabio» termina de la siguiente manera:

«¡No, no! Nuestros Sabios no han cometido nunca el error de atribuir la Caída de los primeros Ángeles a su amor por las mujeres, como tampoco creen que hayan puesto a los Hombres bajo el Poder del Diablo… No hubo nada criminal en todo esto. Eran Silfos que trataban de hacerse Inmortales. Sus inocentes Pretensiones, muy lejos de escandalizar a los Filósofos, nos han parecido tan justas, que todos nosotros, de común acuerdo, estamos resueltos a Renunciar por completo a las Mujeres; y entregarnos a la Inmortalidad de las Ninfas y Sílfides (pág. 33).

Y así son ciertos médiums, especialmente los de América y Francia, quienes se jactan de tener Espíritus por maridos o esposas. Conocemos personalmente a tales médiums, hombres y mujeres, y no serán los de Holanda los que negarán el hecho, dado cierto suceso reciente entre sus colegas y correligionarios, fresco en su memoria, concerniente a algunos que escaparon de la locura y de la muerte solo haciéndose Teósofos. Siguiendo nuestros consejos fue como pudieron finalmente librarse de sus consortes de ambos sexos.

¿Se nos dirá también en este caso que esto es una calumnia y una invención? Pues entonces, que los que estén inclinados a ver, como los Espiritualistas, nada más que un inocente pasatiempo en estas diarias y nocturnas relaciones con los llamados «Espíritus de los muertos», se dediquen a observar. Que los que ridiculizan nuestros avisos y nuestra doctrina, y se burlan de ella –expliquen, después de analizar desapasionadamente el misterio y la rationale de hechos tales como la existencia, en las mentes de ciertos Médiums y Sensitivos, de su matrimonio real con espíritus varones y hembras. Las explicaciones de locura y alucinación no significan nada, cuando se las pone frente a frente con los hechos innegables de las MATERIALIZACIONES DE ESPÍRITUS. Si hay «Espíritus» capaces de tomar té y vino, de comer manzanas y pasteles, y de besar y palpar a los concurrentes a las sesiones espiritistas, hechos que han sido probados, así como también la existencia de estos mismos visitantes –¿Por qué no habrían también de ejecutar estos mismos Espíritus, los deberes matrimoniales? ¿Y qué son estos «Espíritus» y cuál es su naturaleza? ¿Los espiritualistas nos dirán, que los fantasmas de Mme. de Sévigné o de Delfina –una de cuyas autoras nos abstenemos de nombrar por consideración a sus parientes vivos– son los «Espíritus» reales de estas difuntas señoras? ¿Que la última sentía una «afinidad Espiritual» por un médium Canadiense, idiota, viejo y sucio, hasta el punto de convertirse en su feliz esposa, como él se alababa públicamente, siendo el resultado de esta unión un rebaño de hijos «espirituales» engendrados con este espíritu santo? ¿Y quién es el marido astral –el consorte nocturno de una señora médium de Nueva York muy conocida, a quien la escritora conoce personalmente? Que el lector tome cuantos informes pueda sobre este último desarrollo de las relaciones Espirituales (?!). Que él piense seriamente sobre esto, y que lea después al Conde de Gabalis, especialmente el Apéndice con sus proporciones Latinas; y entonces, quizás, podrá apreciar mejor toda la gravedad de la supuesta chanza en la obra en cuestión (NOTA: «Sub-Mundanes; o The Elementaries of the Cabala»; con un apéndice ilustrado de la obra «Demoniality» o «Incubi and Succubi», por el Rvdo. Padre Sinistrari de Amando. La contestación dada (pág. 133) a San Antonio por un supuesto diablo, respecto a la corporeidad de los Íncubos y Súcubos, sería ahora quizás oportuna. Habiendo preguntado el bendito San Antonio quién era él, el pequeño enano de los bosques contestó: «Soy un mortal y uno de los habitantes de la Naturaleza, a quienes los gentiles en sus diferentes errores, adoran bajo los nombres de Faunos, Sátiros e Íncubos»; o «Espíritus de los Muertos», pudo haber añadido este Elemental, vehículo de algún Elementario. Esta es una narración de San Jerónimo, quien creía del todo en ella, y nosotros también, aunque con algunas variantes. FINAL NOTA). Entonces podrá ver claramente la horrible relación que hay entre los Faunos, Sátiros e Íncubos de San Jerónimo, las Sílfides y Ninfas del Conde de Gabalis, los «Elementarios» de los Cabalistas –y todas las «Lillies» poéticas y espirituales de la «Comunidad Harris», los «Napoleones» astrales y otros Don Juanes fallecidos del «Summer Land» (tierra de verano), o sea las «afinidades espirituales de más allá de la tumba» del mundo moderno de los médiums.

Pensamientos sobre los Elementales – H. P. Blavatsky

Traducción & Proyecto de Geometría Sagrada

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