La Palabra: La Magia de la Creación – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 14 de febrero de 1976.

Vicente.— Últimamente hemos venido insistiendo en el hecho, de que si existe una evolución y, esta evolución está reconocida científicamente, y no sólo esotéricamente o místicamente, debemos admitir como un hecho consustancial, dentro de lo que representa esta evolución en lo que a nuestro planeta se refiere, en que si a través de este impulso creador, esta oleada de vida que surge de las entrañas de la creación, y va ascendiendo en espirales a través de los reinos, a través de las personas, a través del más humilde de los átomos, hay que aceptar que toda la naturaleza está siguiendo el trazado de un arquetipo esencial. Un arquetipo que puede ser no sólo para el planeta con todo su contenido, sino también en cada reino, en cada raza, en cada ser humano y, en el más humilde electrón. Este impulso creador que surge de las entrañas de la creación buscando el arquetipo, es el tema universal o esotérico que vamos tratando de desgranar en nuestras conversaciones o, si ustedes lo prefieren, en nuestro inter-coloquio, y que tiene por objeto que seamos conscientes de que si cada cosa tiene su arquetipo, el ser humano corriente que somos nosotros, tiende inevitablemente también hacia un arquetipo, siendo ese arquetipo el Yo superior o trascendente, como primera etapa y, después, el maestro universal, el ciudadano del quinto reino de la naturaleza.

Este es el primero de los misterios que debemos desarrollar integralmente en nuestra mutua convivencia social, ser conscientes que estamos tratando de realizar un arquetipo, y que ese arquetipo para nosotros, es el ciudadano espiritual del quinto reino. Y hemos dicho también, en nuestras conversaciones, que existen actualmente en el planeta Tierra escuelas esotéricas, escuelas místicas, cuyo cometido, cuya actividad, es preparar a todos los seres humanos responsables, de buena voluntad, que quieran dar este paso tremendo que va del cuarto reino humano, al quinto reino, el reino de las almas liberadas. Se trata, pues, de un tremendo desafío a la conciencia del hombre civilizado, del hombre científico, del hombre místico, del artista de todas las cualidades implícitas en un ser humano, frente a la realización de su propio arquetipo.

El tema elegido como base de nuestra conversación de hoy, es singularmente sugestivo, y tiene un cierto viso de maravilloso por lo que entraña por la tradición, digámoslo así, que va implícita en este nombre, “Magia”, la magia de la creación. Entonces, lo primero que hay que descubrir científicamente es: ¿qué es lo que podemos entender por magia? Magia, técnicamente hablando, es la monopolización consciente de la energía, y considerando la energía como algo absolutamente impersonal, podemos decir, que actualmente existen dos tipos de seres en el mundo que practican la magia conscientemente. Unas personas integralmente polarizadas en el mundo emocional inferior y en el mundo intelectual más lleno de formas, que utilizan la Goecia, o la magia negra, para el triunfo de sus ideales, si podemos llamarlos así, que están conduciendo al ser humano a su propia perdición. Y, podemos decir, que existen dentro de este grupo de seres humanos que practican la Goecia, que lo hacen de una manera absolutamente ignorante y que, por lo tanto, es por falta de documentación espiritual, por falta de buena voluntad, por falta de espíritu de síntesis, que estas personas obran de esta manera.

Tenemos, por otra parte, a los teúrgos de la buena ley. Podemos englobar dentro de la Teúrgia, a todas aquellas personas en distintos niveles o estratos de conciencia, que están actualizando los poderes del bien, estando regulados, dirigidos, controlados y condicionados estos poderes, por el espíritu de buena voluntad y por el espíritu de síntesis.
Dicho esto, podemos decir, ya, enseguida, que la primera de las grandes magias que ha dado lugar a toda magia conocida, y hoy podemos decir que la ciencia es una gran productora de magia, y no podemos relegar la magia solamente en el nivel místico, desde el momento en que tenemos reactores, que tenemos la televisión en color, que tenemos la telegrafía sin hilos, el teléfono, que nos hemos adueñado casi del espacio que circunda nuestro planeta y que el término magia podamos englobarlo de una manera directa, franca, honrada y sincera dentro de este monopolio consciente de las energías que tienden a liberar el espíritu humano de una gran dosis de su apego a los valores atávicos transcendidos y tradicionales del pasado. Entonces, vemos claramente que la misión del hombre con respecto a este poder omnipresente de la creación es buscar las raíces de la creación y cómo se puede propagar, extender, desarrollar, la magia blanca en nuestro planeta. Yo creo que esto es lo esencial y que en el fondo subyace dentro de todas y cada una de nuestras conversaciones o de intercoloquios.

La primera gran magia, yo diría que la magia de la creación empieza con el gran sonido mantrámico AUM, o como diríamos místicamente: “Hágase la Luz”. Aquí empieza, según mi intención y según mi convencimiento, el primer poder de la magia, entendiendo también que magia es el poder de la voluntad sobre los éteres utilizando el poder del sonido. Si ustedes se preguntan qué hay que entender por poder del sonido, pregúntense ustedes por qué me están escuchando en estos momentos, y todo cuanto suscita en el interior de ustedes mis palabras. La palabra es magia, y siempre que hablamos de magia hablamos del poder de la palabra sobre los elementos, siendo estos elementos aquellas fuerzas etéricas, vibrantes en el éter, que la ciencia humana todavía no ha descubierto en su indescriptible dimensión, pero que está actuando incesantemente sobre el ser humano. Así que, cuando místicamente hablando, cuando en el Universo que precedió o que fue la síntesis de la experiencia pasada, tuvo necesidad de resurgir como Ave Fénix de sus propias cenizas, es cuando eligió un lugar en el espacio sin límites del Cosmos, y pronunció las sacramentales palabras: “Hágase la Luz”, la respuesta inevitable de los éteres que tienen conciencia cósmica, más el poder de las huestes dévicas, que hemos estudiado aquí en otras conversaciones, responden al llamado y, entonces, viene la respuesta: “Señor, Hágase tu Voluntad”.

Tenemos entonces, que la magia de la creación está formada por siete palabras: “Hágase la Luz”, un mandato cósmico, y “Hágase Señor tu Voluntad”, la respuesta del éter a la impulsión del espíritu creador, y ahí ya empieza el gran misterio de la creación, y el porqué cada uno de los planos de la naturaleza tiene su propia voz, su propio sonido, su propio mántram, que monopolizado, pronunciado correctamente por los llamados Mahadevas o los Siete Espíritus ante el Trono de la Divinidad, o ante el poder inmarcesible de los Logos Planetarios de los planetas sagrados, es cuando se están constituyendo a través de esta voz que surge del fondo infinito de la creación, hasta llegar al más humilde de los electrones de un átomo. Siempre es sonido, y respuesta al sonido. Y esta respuesta al sonido, informando situaciones, creando cualidades, y aglutinando poderes, llega a constituir todo cuanto conocemos dentro del contenido universal, dentro de este Universo en donde vivimos, nos movemos y tenemos el ser. Entonces, todo cuanto surge de la palabra clave, del mántram sagrado AUM, constituyendo (un todo) con la respuesta que suscita en los éteres del espacio, que tienen una vida equivalente a la fuerza misteriosa que unifica la conciencia con sus cuerpos etéricos. Y porque nosotros no vemos, precisamente, la fuerza terriblemente avasalladora del éter, no podemos darnos cuenta de cómo nosotros, sin darnos cuenta, estamos reproduciendo incesantemente este mandato supremo de “Hágase la Luz” en su forma más o menos correcta cada vez que hablamos, cada vez que sentimos, cada vez que pensamos. Entonces, existe la responsabilidad del sonido, porque hablar es emitir mantras al espacio etérico que nos circunda, y cuando hablamos de un ambiente social, tenemos que tener en cuenta el valor de las palabras emitidas durante el proceso de gestación, desarrollo y culminación de uno de esos estados de conciencia social en un momento dado de la historia del tiempo, porque, evidentemente, estamos inmersos en un mundo de energías ocultas que desconocemos prácticamente, y todo cuanto nosotros no podemos abarcar con el contenido de nuestra comprensión y con el poder de la aglutinación constante de los hechos debe ser, al menos, una proyección intuitiva la que debe darnos la medida de aquello que estamos realizando.

La Palabra: La Magia de la Creación

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Asociación Vicente Beltrán Anglada

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