Las Exigencias de la Nueva Era – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 1 de diciembre de 1975.

Vicente.- Vamos a iniciar estas conversaciones. Tengo un interés especial en decir –como siempre digo-, que aquello que la mente no puede comprender en el sentido intelectual lo comprenderá muy fácilmente con la atención, porque con la atención cuando es profunda y sostenida se comprende por una parte de nosotros mismos que tiene carácter esencial, me refiero exactamente al corazón. Se comprende con el corazón mejor que se conoce con la mente, y esto es la base de que las conversaciones esotéricas, a pesar de que tengan que ser descritas en un lenguaje algo técnico debido a la tecnología del propio esoterismo, siempre existe la posibilidad de poder hacerlo comprender en un sentido, digamos popular, en un sentido corriente porque el corazón tiene la virtud de comprender todas las cosas. Así que iniciaremos la conversación con algo que está en la mente y en el corazón de todos ustedes y que se refiere, precisamente, a las exigencias de la Nueva Era, esta era que tenemos todos la oportunidad de vivir. Una era que por un lado muestra la acuciante presión de la técnica con sus inventos maravillosos y fantásticos descubrimientos, con la conquista del espacio y, al parecer también, con la conquista del tiempo. Si añadimos a esto la revelación del mundo oculto, de aquel mundo que está más allá y por encima de la concepción y percepción corrientes, tendremos un cuadro aproximado de situaciones de lo que intento decir con el término “Las exigencias de la Nueva Era”, esta era técnica y al propio tiempo llena de dinamismo creador. La técnica nos permite establecer relaciones automáticas y con un ritmo de instantaneidad de cualquier hecho que sucede en el planeta, en un momento determinado del tiempo, así, los descubrimientos de la televisión, de la radio, del teléfono, han puesto en manos del hombre aquel poder vital que acerca los continentes, pero con el descubrimiento del mundo oculto, de aquel misterio que existe en los éteres del espacio, a medida que vamos penetrando en las fronteras de lo cósmico, tiene un valor esencial por el motivo que nos permite ser conscientes de esta oportunidad magnífica de conocernos, no sólo en el aspecto técnico de la personalidad sino también en el aspecto místico del alma, creándose por primera vez en la historia del planeta esta posición de síntesis o de inteligencia creadora que nace cuando la mente y el corazón se equilibran, unifican y expansionan.

Naturalmente, para hablarles de las oportunidades magníficas de la Nueva Era tengo en cuenta –y creo también que ustedes lo verán claro–, que la humanidad como un todo está penetrando en zonas de conciencia profundas y misteriosas como jamás había podido ser realizado en la historia planetaria. De la misma manera que la evolución de la naturaleza ascendiendo de reino en reino, de dimensión en dimensión, de raza en raza, ha llegado al siglo xx con sus inmensas posibilidades técnicas y místicas, así se presenta la opción al cuarto reino de la naturaleza, el reino de los hombres, la raza de los hombres, el reino humano, de penetrar en ese aspecto de la naturaleza que llamamos el quinto reino, el reino de las almas liberadas, el reino de una perfección a la cual podemos acceder por medio y a través del esfuerzo que seamos capaces de desarrollar en ese momento del tiempo y oportunidad que tenemos la ocasión de vivir.

Hace, según los cálculos esotéricos del tiempo, unos dieciocho millones de años, que por un proceso alquímico de la naturaleza, el animal que evolucionaba en el tercer reino pudo acceder a la gloria de la mente, el tercer reino por el tamiz de aquella individualización o expansión de conciencia que convirtió al ser humano en una mente iluminada proveniente del tercer reino, el reino animal, abrevió en aquellos tiempos la perspectiva intuitiva de este momento, en el cual todos los seres humanos inteligentes y de buena voluntad pueden, rasgando místicamente los velos del tiempo, penetrar en las fronteras del quinto reino de la naturaleza, convirtiendo la personalidad integrada, hasta cierto punto, en un alma consciente en el quinto plano de la naturaleza, y esto naturalmente requiere una preparación técnica, pero al propio tiempo debe ser el producto de una evolución de un propósito interior que no todo el mundo es capaz de desarrollar.

Yo creo sinceramente que todas las personas que se dan cuenta de la importancia de este momento presente, en el cual por primera vez el avance técnico de la vida o los descubrimientos científicos son avalados oportunamente por la visión interior, es el indicio de que la humanidad como un todo, o al menos la mayoría de seres humanos inteligentes y con cierta buena voluntad en el corazón, puede penetrar, como digo, en este otro esplendente reino del cual nos han hablado todas las filosofías y todas las grandes religiones de todos los tiempos. Entonces, cuando místicamente se nos habla de reino de los cielos o de “Cristo en ti, esperanza de gloria”, o nos hablan del estado de samadhi, o nos hablan de la inteligencia creadora o de la mente iluminada, o del corazón casto y honesto, se están refiriendo precisamente a todas aquellas individualidades que antaño fueron humanas y que ahora son expresión de este quinto reino de la naturaleza al cual me estoy refiriendo. Ha sido tal la respuesta de la humanidad, en sus variados niveles, a la impresión de ese momento cósmico, astrológico, es decir, aquel momento en que el ser humano representado en la naturaleza crística se halla en el monte Tabor de su conciencia contemplando a sus pies los tres discípulos dormidos, o sea a la mente, al cuerpo emocional y al cuerpo físico, entonces, todas aquellas personas que han dado un paso preliminar y han sabido desapegarse, por así decirlo, de todo contenido ambiental, de todo cuanto es y produce la naturaleza y, aún, la propia humanidad, y que ha perdido, hablando técnicamente, peso, ha liberado una porción de luz, si ustedes me permiten, en su aura, se ha formado una fosforescencia especial o un dinamismo creador o un magnetismo puro que puede ser contemplado desde estas alturas celestiales a las cuales me estoy refiriendo. Esto ha motivado que exista un inter-coloquio, que exista una comunicación entre el cuarto reino y el quinto reino de la naturaleza por medio de la mente iluminada, y todas aquellas personas que sienten en su corazón la sed de aquella agua de vida a la cual constantemente se refirió el Maestro de Maestros y que, al propio tiempo, es capaz de crear a su alrededor un hálito de atracción por su conducta, automáticamente y sin que se de cuenta, se haya vinculado a esta fuerza tremenda de esta Jerarquía espiritual del quinto reino, convirtiéndose, se dé o no cuenta de ello, en una avanzada de los misterios que se están gestando en las zonas libres del tiempo, allí donde el proceso de la vida es tan veloz que nuestra mente es incapaz de poder apreciar.

Las Exigencias de la Nueva Era

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Asociación Vicente Beltrán Anglada

 

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