La Evolución del Universo – Annie Besant

Artículo traducido al castellano por la Revista El Teósofo de The Theosophist.

Vol. 134 – nº 4 – Enero 2013

La Evolución del Universo

Segunda reseña de Annie Besant sobre la Doctrina Secreta

Annie Besant

Reimpreso de The Theosophist, febrero de 1939.

“Con cuánta rapidez se han entendido algunos de los puntos principales”, comenta la Dra. Besant en su Autobiografía, al comparar su primera reseña de La Doctrina Secreta en la Gaceta de Pall Mall (25 de abril de 1889) con la segunda reseña que apareció dos meses más tarde en el semanario de Charles Bradlaugh, The National Reformer. (23 de junio de 1889). La primera reseña apareció en nuestra edición de enero; la segunda la repetimos a continuación. La reproducción de estas primeras reseñas no solo sincronizan con la edición del quincuagésimo aniversario de La Doctrina Secreta publicada en Adyar, sino que también revelan la mente espléndida que Annie Besant trajo a su primer encuentro con la Teosofía.

La Doctrina Secreta Por Mme Blavatsky

En dos Vol.(Londres: Editorial Teosófica, Calle Duke, 7, Adelphi, W.C.)

El National Reformer alcanza a  lectores tan diversos, quienes deben poseer una mentalidad más o menos liberal, que es probable que entre ellos algunos se interesen por los puntos de vistas tan desconocidos sobre el universo que se presentan en esta extraordinaria obra. Mme Blavatsky, de cuya pluma llega a nosotros, es una personalidad tan extraordinaria como su libro. Ella ha sido elogiada como apóstol de una nueva revelación; denunciada como la inventora del mayor fraude de la era. Que sea una impostora, nadie que la conozca lo creerá; mientras que el hecho de que posee una enseñanza oriental amplia y profunda, y tiene acceso a fuentes de información recónditas y poco comunes, se torna aparente a cualquiera que tan solo hojee estos volúmenes. Pero hojearlos seguramente producirá más rechazo que atracción: El arcaísmo poco conocido y el aún menos conocido misticismo del Libro de Dzyan, considerado uno de los manuscritos más antiguos del mundo; la sutil metafísica, que se torna totalmente ininteligible e incluso contradictoria al menos que las delicadas gradaciones de sus frases sean observadas y comprendidas; la atmósfera oriental en las que las imágenes mentales viven y se mueven; el antagonismo de toda la tendencia intelectual al pensamiento de nuestra civilización occidental; todo esto seguramente hará que el hombre inglés del siglo XIX arquee sus cejas, se encoja de hombros, y deje el libro a un lado. Ya que oriente comienza a estudiar el universo justo donde occidente deja de estudiarlo. Con telescopio y con microscopio, con bisturí y con batería.

La Ciencia occidental interroga a la Naturaleza, añadiendo un hecho a otro, acumulando una experiencia tras otra, pero no logra descender a abismos insondables, ni trepar a alturas inalcanzables.   Mientras que con gran maestría responde al “¿cómo?”, el “¿por qué?” la elude, y las causas permanecen envueltas en la oscuridad. La ciencia oriental utiliza como instrumento científico tan solo las agudas facultades mentales, y al considerar el plano material como Mâyâ, ilusión, busca en los planos espiritual y mental del ser, las causas de los efectos materiales.  Para ésta, allí se encuentra la única realidad; la verdadera existencia de la cual el universo visible es tan solo la sombra.

La Escalera de la Evolución

Es evidente que para tales investigaciones se requiere más equipamiento mental que el que normalmente posee el cuerpo humano. Y aquí es donde oriente y occidente toman “caminos diferentes”.  Para estudiar el universo material, nuestros cincos sentidos, con la ayuda de los instrumentos inventados por la ciencia, pueden ser suficientes. Para todo lo que podemos ver y oír, probar y manipular, estos familiares servidores, aunque a veces torpes, son las mejores guías disponibles para el conocimiento.  Pero en este caso, su naturaleza no es de utilidad a la hora de investigar sobre modos de existencia que no pueden dejar una impresión en nuestras terminales nerviosas. Por ejemplo: Lo que conocemos como color, es la frecuencia vibratoria de ondas etéricas que impactan contra la retina del ojo; entre ciertos límites definidos: 759 mil millones de impactos como máximo, 436 mil millones como mínimo. Estas ondas dan origen en nosotros a esa sensación que el cerebro traduce como color. (Porqué los 436 mil millones de impactos en un extremo de las terminales nerviosas se convierte en “rojo” en el otro extremo, no sabemos; registramos el hecho, pero no podemos explicarlo.) Pero nuestra capacidad de responder a la vibración no puede limitar la capacidad vibratoria del éter; para nosotros, los ritmos vibratorios  altos y bajos no existen, pero si nuestro sentido de la visión fuese más sensible, deberíamos ver allí donde ahora somos ciegos. Siguiendo esta línea de pensamiento, nos damos cuenta de que la materia puede existir  en formas desconocidas para nosotros, en modificaciones a las que nuestros sentidos son incapaces de responder. Ahora aparece el sabio oriental y dice: “Eso que ustedes dicen que puede ser, es; hemos desarrollado y cultivado sentidos tan superiores a los suyos así como sus ojos son superiores a los de una medusa; hemos desarrollado facultades mentales y espirituales que nos permiten investigar en los planos superiores del ser con tanta seguridad como la de ustedes al investigar en el plano físico; no hay nada de sobrenatural en eso, como tampoco es sobrenatural vuestro conocimiento, aunque muy por encima, del que puede tener acceso un pez. Nosotros no especulamos sobre estas formas superiores de existencia; las conocemos mediante el estudio personal al igual que ustedes conocen la fauna y flora de su mundo. Los poderes que poseemos no son sobrenaturales; están latentes en cada ser humano, y seguirán evolucionando a medida que la raza avanza. Todo lo que hemos hecho es desarrollarlos más rápido que nuestro prójimo, mediante un procedimiento que es tan disponible para ustedes como para nosotros. La materia está en todas partes, pero existe en siete modificaciones de las cuales ustedes conocen solo cuatro, y hasta hace muy poco conocían solo tres. En esas formas superiores residen las causas de las cuales ven sus efectos en las inferiores, y para conocer esas causas deben desarrollar la capacidad de conocer los planos superiores.”     Al menos que la evolución sea un sueño, o hayamos alcanzado el último peldaño de su escalera ­—una conjetura medianamente absurda— no existe nada irracional per se en este enunciado.  Si esto es verdad, si existen estos hombres con facultades psíquicas altamente desarrolladas, es una cuestión de evidencia: algunas personas están tan seguras de su existencia como lo están de sus propios padres; y quienes nada saben sobre el tema se apresuran a negarlo.  Además puede sugerirse, como un indicio de la evolución mental, que está más allá de toda posibilidad de duda que las facultades psíquicas que aún no son normales se están evidenciando ya en muchas personas. Clarividencia, mesmerismo, hipnotismo, señalan la existencia, bajo condiciones anormales, de una visión interna que trasciende el poder del ojo, y de facultades aún no comprendidas. La grave dificultad en toda investigación en esta aún poco transitada área de la psicología, es la tendencia a perder el control del juicio frente a lo anormal; el grave peligro yace en la posibilidad de provocar un desequilibrio mental, o agotar tanto la mente que el estudiante puede cruzar la línea que divide la cordura de la demencia.

 Conocimiento Secreto

Esta introducción me parece necesaria a fin de poder guiar a cualquier lector que sea nuevo a la fase del pensamiento de la cual nos estamos ocupando, a captar algo de las ideas que subyacen en la “Doctrina Secreta”. Porque estas ideas provienen de “Los Sabios Hombres de Oriente”, en cuyas manos, al igual que en las manos de sus predecesores, se dice que se encuentran los manuscritos sobre los que se basa la presente obra. En una antigüedad antes de la cual los Romanos, Griegos y Hebreos, no son sino como plantas de ayer, los sabios Indios enseñaron, observaron y meditaron sobre sus observaciones, una generación tras otra asumiendo la tarea. El conocimiento adquirido fue siempre mantenido en secreto, lejos de la masa de hombres ordinarios, revelado sólo a quienes tras una larga probación se convertían en Iniciados.  Con la evolución de la raza ha llegado el momento en que algo de este conocimiento podría ser útil para la humanidad, y en los últimos años parte de éste se ha filtrado. En el libro que tenemos ante nosotros hay un registro de la evolución del universo y de la génesis del hombre, los cuales, quienquiera que los lea, debe prepararse mentalmente para un prolongado y agobiante esfuerzo.    Tan solo un breve bosquejo puede darse aquí por dos motivos: Primero, el espacio no permite una exposición extensa; segundo, que todo el que desee comprender La Doctrina Secreta debe estudiarla solo. No se puede hacer un mapa de un continente en la palma de la mano, ni comprimir una montaña dentro de una canica. De manera sucinta, entonces:

Orígenes Cósmicos

Antes de que el universo visible venga a la existencia, hay una Seidad Absoluta, Ser en el abstracto, sin límites, infinito, inmutable.  Sobre este concepto no nos explayaremos. Todo estudiante conoce las infinitas contradicciones en las que caemos cuando intentamos describir lo Absoluto con términos en que la relación es la esencia. Ni bien comenzamos a ser precisos, nos contradecimos.  Al comienzo de un ciclo despierta el Logos Inmanifestado —ideación potencial y abstracta, la raíz del posterior Mahat, el alma inteligente, universal—  y de allí el segundo Logos con su doble aspecto, Purusha y Prakriti —Espíritu-Materia, Padre-Madre— y Mahat el Hijo. De este Triángulo de Ser: Purusha, Prakriti y Mahat, emanan toda vida y forma, en numerosas jerarquías, en los siete planos de existencia. El Espíritu se cristaliza, por así decirlo, en materia, a través de  los tres primeros, consolidándose cada vez más y tornándose más denso, alcanzando su punto de inflexión en la cuarta, tornándose intelectualmente auto-consciente a medida que se vuelve más denso; a partir de la cuarta, vuelve a escalar en ascenso, sacudiéndose la densidad de su envoltura material pero reteniendo la experiencia que de otra manera no podría haber obtenido, hasta que, habiendo alcanzado la sabiduría con todo lo que ha juntado durantes sus luchas y travesías, regresa al lugar de donde emanó y reposa.  Uno de esos ciclos forma un Manvantara, el cual es seguido por “el sueño de Brahma”; cuando despierta, comienza otro ciclo, pero en un plano superior. Mis lectores deberán dirigirse al libro para completar este rudimentario bosquejo, y encontrarán que vale la pena.

Antropogénesis

¿Qué papel juega el hombre en este vasto drama de un universo? No hace falta mencionarlo, él no es la única forma de vida en un Cosmos que, en su mayor parte, es inhabitable para él.  Como lo ha demostrado la Ciencia, las formas de vida se encuentran en todo el plano material, en cada gota de agua, pulsando en cada hoja y brizna, cada una adaptada a su medio ambiente, hasta que todo el espacio se enciende con vida y en ninguna parte existe la muerte, sino tan solo el cambio. Entre estas miríadas hay quienes evolucionan hacia la humanidad, algunas ya saliendo de la humanidad tal como la conocemos, despojándose de sus partes más densas. Porque al hombre se lo considera un ser séptuple, cuatro de estas partes pertenecen al cuerpo animal y perecen en, o inmediatamente después, de la muerte. Tres forman su yo superior, su verdadera individualidad, las cuales perduran y son inmortales. Estas conforman el Ego, y es éste quien pasa a través de muchas encarnaciones, aprendiendo las lecciones de la vida a medida que avanza, intentando alcanzar su propia redención  dentro de los límites de una ley inexorable, sembrando las semillas de las que siempre se recoge la cosecha, construyendo su propio destino con manos incansables, sin encontrar en ninguna parte, en el inconmensurable tiempo y espacio a su alrededor, alguien que pueda levantar por él un peso que haya creado, que soporte por él una carga que haya acumulado, que pueda desentrañar por él las marañas que ha fabricado, que cierre por él un abismo que haya cavado.     La evolución física y mental del hombre es rastreada paso a paso en el Segundo volumen, la vida de cada raza, con sus características delineadas. Con qué curiosidad esta enseñanza oriental a veces confirma, o contradice, nuestros puntos de vista occidentales, el cuidadoso lector podrá observar con interés.  De un tema, pequeño en sí, pero de significativo alcance, se puede dejar constancia aquí: es el conocimiento que recientemente ha obtenido la ciencia occidental de que la glándula pineal, cuya función ha sido largamente debatida, son los restos del “tercer ojo”. Esto ha sido descubierto ahora por occidente, pero es una historia muy, muy antigua en oriente.

La Ciencia y el Orden Social

Muy atractiva, y mostrando coincidencia con los últimos descubrimientos de la ciencia, es la tercera sección del volumen I: “La Ciencia y la Doctrina Secreta contrastadas”. Curiosamente se puede observar cómo algunas de las últimas teorías parecen vislumbrar las doctrinas ocultas, como si la ciencia estuviese parada sobre el mismísimo umbral de un conocimiento  que hará que todo su pasado se vea empequeñecido. Ya tiembla su mano al intentar asir fuerzas al lado de la cuales todas aquellas que ahora comanda son insignificantes. ¿Cuán pronto podrá asirlas?  Esperamos que eso no ocurra antes de que el orden social se haya transformado, por temor a que sólo le den más a  quienes ya poseen, y dejen al miserable aun más miserable por la fuerza del contraste. El conocimiento utilizado de manera egoísta profundiza la brecha que divide al hombre con el hombre y las razas con las razas, y sería mejor que nos apartemos de la idea de que nuevos poderes de la Naturaleza sean uncidos al carro de la Avaricia. Por lo tanto la sabiduría de esos “Maestros”  en cuyo nombre habla Mme. Blavatsky, siempre ha privado del conocimiento que es poder hasta que la lección del Amor se haya aprendido, y se haya puesto sólo en manos de los desinteresados el control de esas fuerzas naturales, las cuales, si se utilizan equivocadamente, pueden destruir a la sociedad.

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El mundo es una morada degradante para su propietario, en el que conviven el honesto y el delincuente, el bien y el mal, lo dulce y lo amargo.

Contemplen el mundo con el ojo del asceta ermitaño; no como alguien que está enceguecido de amor.

Revista el Teósofo

 

Un pensamiento en “La Evolución del Universo – Annie Besant

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