La Sensibilidad – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 13 de septiembre de 1975.

Vicente. — Quisiera remarcar lo que siempre he dicho al empezar nuestras conversaciones esotéricas y es, que todo cuanto se diga aquí deben aceptarlo sólo y únicamente como una hipótesis mental, dentro del extenso trabajo mental de la mente. Aceptando solamente aquello que su razón les asegure que es realmente asequible a ustedes y pueden aceptarlo libremente, o bien, entrar en la suspensión de una duda inteligente y, en el bien entendido caso, de que estamos inmersos dentro de un océano de luz, de vibración y de energía, del cual solamente tenemos pequeñas nociones. Por tanto, todo cuanto se vaya diciendo, ya que esto es como un preámbulo que se va a terminar, que sea solamente un culto a la verdad y un culto al buen juicio.

El tema que he elegido hoy para discutir con ustedes o para conversar con ustedes es: Sensibilidad. Sensibilidad, es un término vago que se presta a muchas interpretaciones, por cuanto todo ser humano es sensible y, extremando todavía más la idea, toda la naturaleza es sensible. Solamente es el grado de sensibilidad a la vida lo que caracteriza al hombre superior del hombre corriente. Así que todo el aspecto fundamental o estructural, de la idea implícita en el término sensibilidad, es sensibilidad a la vida. Y me pregunto: ¿Qué es lo que ustedes piensan de sí mismos en el aspecto sensibilidad?, lo cual implica el reconocimiento de que ustedes son sensibles predominantemente en un definido nivel de conciencia. Una idea que puede extenderse desde el nivel de las meras sensaciones hasta las más elevadas cualidades de integridad y de belleza. ¿Quién puede decir el grado de sensibilidad que tienen cada uno de ustedes? Solamente ustedes pueden interpretarse a sí mismos, solamente ustedes pueden saber donde está ubicada su sensibilidad y, saber, de una manera real, concreta y definida, si son sensibles a las cosas, si son sensibles a las personas o, si son sensibles a Dios, entendiendo por Dios el aspecto superior de cada uno de ustedes. Ésta es la pregunta fundamental que debe presidir todo el tiempo que dure esta conversación. En el buen entendido, que si apreciamos con justicia y claridad el nivel en donde desarrollamos nuestras actividades sensibles, estaremos de hecho autoreconociéndonos y profundamente poniéndonos en contacto con la verdad que en nuestro corazón tiene su morada.

Así que, si la persona deduce que es sensible a las cosas, automáticamente quiere significar que ha educido un aspecto intelectual de la vida y, que toda su programática o informática interior, va dirigido a una acumulación de cosas, a una acumulación de conocimientos, lo cual puede ser contrario al establecimiento de la verdad. Puede ser también, siempre dentro de este proceso de autoreconocimiento en sensibilidad, que ustedes son sensibles a las personas, lo cual significa que están desarrollando dentro de su corazón aquello que definimos como magnetismo atractivo o, bien, un aspecto más concreto, el aspecto amor, que es el máximo aspecto de sensibilidad a la vida. Puede ser también, que habiendo trascendido, en parte, el aspecto formal que nos presta el conocimiento de las cosas o que hayamos trascendido los afectos sensibles que crean los apegos y que crean las situaciones conflictivas en el plano emocional, que hayamos dirigido la mente hacia los aspectos superiores de nosotros mismos, lo cual puede significar que estén en contacto con la verdad, hasta allí donde ustedes puedan concebirla y actualizarla; porque concebir y actualizar son términos que deben ser sinónimos, no se puede mover una pieza de un tablero inmenso de la vida sin mover por simpatía todas las demás piezas. Por lo tanto, si somos sensibles en los niveles superiores, si vemos la vida desde esta atalaya inmensa, este antakarana eterno desde el cual la vida aparece de una manera total y sintética como la obra de la divinidad y, reconociéndonos y, ubicándonos por este reconocimiento, dentro de un definido estrato social y, desde allí empecemos a trabajar en bien de las mejoras sociales, en bien de los demás, seguramente que habremos cumplido con la misión que tiene el hombre en la existencia en el aspecto de sensibilidad. Ser sensibles a los hombres inspirados por el espíritu, digamos, de síntesis, o espíritu de Dios en nosotros. Significa que no podremos descender a las cosas con el mismo espíritu de antaño, sino que deberemos triunfar de las cosas por la infusión de ese espíritu en cada uno de nuestros pensamientos, de nuestras emociones y de nuestros actos. Esto lleva ahora a considerar los dos aspectos de sensibilidad más conocidos actualmente, que son la sensibilidad a las cosas que crean sensaciones y la sensibilidad hacia el mundo psíquico, hacia el mundo de los poderes supra normales, que son desconocidos para la mayoría pero que constituyen una parte considerable de la humanidad de nuestros días; y esto lo vemos por doquier, que la problemática humana, o sea, la sensibilidad hacia el arquetipo superior, que es, en definitiva, el que debe crear las situaciones kármicas en nuestra vida, y ya no el apego por las cosas circundantes o el apego por las personas, vemos que la sensibilidad pasa del mundo psíquico automáticamente al mundo mental superior, en donde las cosas aparecen bajo una dimensión completamente distinta a la habitual o, a la que corrientemente utilizamos. Quiere significar que a la sensibilidad debe llegarse y que debemos programar toda nuestra vida bajo otras direcciones, solamente quiero significar que, a medida, que avancemos por la vida cosechando la experiencia de todos los actos, de todas las emociones y de todos los pensamientos, nos encontraremos un día delante de una puerta inmensa a la cual deberemos llamar para ver qué es lo que hay en el interior.

Llegados a este punto, vemos que muchas de las cosas que hasta aquí hemos considerado interesantes fallan por su base por no constituir una parte integrante de nuestra personalidad superior, habida cuenta de que es la personalidad superior la que tenemos que desarrollar y actualizar en el mundo de relaciones humanas. Bajo este punto de vista, podemos decir, que todos los intentos de las escuelas esotéricas de todos los tiempos, las escuelas filosóficas, las escuelas de yoga, las escuelas de meditación bajo distintas denominaciones, están empezando a trabajar con energía mental de alta sutilidad, lo cual quiere significar, también, que el mundo en su totalidad está escapando de las redes de las ilusiones del mundo mental, de los espejismos del mundo astral y, del maya de los sentidos; entonces, toda la programática o el programa del Creador para nosotros, los seres humanos, es la de adquirir el suficiente equilibrio en nuestra vida particular para poder reflejar en todos los momentos la gloria de Dios. Ahí, en este punto, casi podemos decir que hemos llegado en un intento de colocar la sensibilidad del hombre frente a frente ante su propio arquetipo espiritual, entendiendo que lo que estamos realmente haciendo es andar hacia el arquetipo que desde el principio de los tiempos se está agitando gozoso en la Mente de Dios. Un arquetipo para cada reino de la naturaleza, un arquetipo para cada plano de evolución, un arquetipo para cada raza humana, un arquetipo para cada subraza, un arquetipo para cada ser humano. De ahí viene que cada persona tiene el deber kármico de reflejar en su vida, en su pensamiento, en sus emociones, en su relación con los demás, ese arquetipo que está intuyendo allá en lo profundo de su corazón. Yo, a este contacto del hombre con su arquetipo superior lo denomino: sensibilidad. Lo demás es un andar en pos de la sensibilidad. Hasta aquí hemos creado conflictos por el apego, o sea, en el campo de los sentidos, en el campo del psiquismo, en el campo fluctuante constantemente de las emociones o, en los niveles intelectuales de la mente. Al llegar a este punto, la problemática encuentra su vía completa de solución, entonces, empezamos como seres humanos a reflejar en tiempo y espacio la gloria divina. Hasta aquí hemos llegado en el proceso de invocación constante de sensibilidad, cuando adquirimos la sensibilidad, cuando estamos en contacto con un arquetipo, el arquetipo diseñado para cada cual a través del tiempo, entonces, se produce un hecho insólito en la naturaleza del hombre, que obliga a cambiar fundamental y radicalmente para siempre, entra, como esotéricamente se dice, en la gran corriente de Vida Divina, entonces, todo cuanto ve desde esta elevada atalaya, todo cuanto puede concebir su imaginación y todo cuanto realiza en el mundo de relaciones, es correcto. Esto nos lleva también a la pregunta que se me hizo la otra vez, sobre el papel que juega el libre albedrío del hombre en la búsqueda de su propia sensibilidad, habida cuenta de que llegado el ser humano a cierto punto, cuando está invocando constantemente la gloria de Dios en su vida, está perdiendo la capacidad del libre albedrío. Esto parece un sacrilegio, porque todos estamos habituados a trabajar, a crear a través del libre albedrío, pero, es que el libre albedrío, analizado fundamentalmente desde un punto de vista de verdad intuitiva, aparece como una división dentro de la mente o dentro del corazón que nos hace propicios a elegir una cosa en vez de otra o, un grupo de cosas en vez de otro grupo de cosas, que hace que elijamos nuestros amigos, que elijamos la familia, nuestro trabajo, profesión, etc., etc., lo cual, en el fondo, si lo analizamos desde un punto de vista intuitivo, aparece como una negación de la vida espiritual, que es unidad, porque analizando el asunto más críticamente, sin perder el punto de vista de sensibilidad espiritual, vemos que solamente puede actualizar la verdad la mente de aquel hombre que por haber realizado un arquetipo en su vida, ha perdido la capacidad de libre albedrío, o sea, la capacidad de elegir entre una o más cosas; se sobreentiende que el hombre que ha alcanzado la verdad no está sujeto a opción entre la verdad y la mentira, sino que habiendo alcanzado la verdad siempre actuará en verdad, en espíritu y en vida y, por tanto, está su problemática más allá de las lindes del tiempo, más allá de los senderos ilusorios, más allá del maya de los sentidos, de los espejismos astrales y de las ilusiones del mundo mental.

La Sensibilidad

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Asociación Vicente Beltrán Anglada

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