El Hombre y el descubrimiento del Mundo Oculto – Vicente Beltrán Anglada

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 8 de marzo de 1975.

Vicente.- Bajo el título genérico de conversaciones esotéricas vamos a iniciar hoy una serie de disertaciones que tienen por objeto abarcar todo el contenido esotérico, o sea, profundo, dinámico, que existe más allá de aquello que pueden percibir los sentidos y aun el entendimiento razonable para llegar a las zonas más profundas en donde parece ser que existe algo supremo, divino, con lo cual debemos establecer contacto.

El temario que pensaba disertar hoy tiene que ver con todos aquellos efectos que tienen lugar en el éter y que pasan comúnmente desapercibidos por nuestros sentidos, es decir, todo aquel contenido vital que tiene que ver con todo cuanto ocurre en la naturaleza, incluidos los acontecimientos del mundo de los hombres, los adelantos científicos, las más elevadas concepciones filosóficas y todo cuanto constituye el arquetipo de conocimiento que debe realizar el ser humano, porque, evidentemente, nuestro espacio es multidimensional, esto significa que no existe un vacío en el cosmos, y que cuando existe un vacío entre nosotros forzosamente este vacío debe estar lleno de una substancia, de un elemento, o de unas vidas, con las cuales no podemos corrientemente establecer contacto debido a que nuestras células cerebrales no han llegado todavía a un estado de perfección que les permita ser conscientes de estas dimensiones.

Se nos dice, según la gran ley hermética, de que nuestro Universo es septenario, de que existen para nuestro Universo siete dimensiones, siete dimensiones de las cuales solamente conocemos tres, que corresponden a nuestro mundo físico. Es decir, que cuando la ciencia empieza a reconocer hoy día el cuerpo etérico o el cuerpo bioplásmico debido a los últimos avances científicos, es que empieza ya a descorrerse en lo que toca a la ciencia esta área profunda que llamamos cuarta dimensión. ¿Qué es la cuarta dimensión? Yo diría que es el espacio que nos permite ser conscientes de otras vidas y de otras criaturas que viven en el éter y que no podemos ver debido a que nuestro cerebro no está todavía ampliamente capacitado para ello.

Los planos del Universo tienen que ver con todo este conglomerado, y si tenemos que hablar desde un punto de vista netamente esotérico, como es el tema que nos ocupa, debemos empezar a reconocer la verdad fundamental de que nuestro Universo septenario tiene en cada una de sus dimensiones, o de sus planos de actividad, un arquetipo que debe ser realizado. En el plano físico parece ser que la tendencia del arquetipo es la belleza. Debemos educar, desarrollar y ampliar en nosotros cada vez más este arquetipo de belleza que es el que permite una perfecta ecuación de los valores internos a través del cuerpo físico. Si vamos al mundo emocional, parece ser que debemos llenar el éter de este plano con bondad. La belleza física más la bondad del mundo emocional debe sacar como consecuencia la otra dimensión que es la verdad, la verdad de la mente, de todo el contenido filosófico de la humanidad y de todas las humanidades hasta converger en esta presente Subraza de la 5ª Raza. Entonces, como hemos dicho siempre, hay una tendencia absoluta hacia la realización de los arquetipos, y ustedes preguntarán, ¿qué tienen que ver los arquetipos y las dimensiones con este espacio multidimensional? Precisamente porque a medida que nos vamos sutilizando, es decir, que entre los átomos que constituyen nuestra estructura psicológica existe más distancia, empezamos ya a ser etéreos, porque la dimensión no tiene más que ver que hay más espacios vacíos, vacíos de aquello que no podemos percibir, aunque lleno de aquello que todavía no es perceptible por nuestra razón ni por nuestros sentidos. Por ejemplo, el éter está galvanizado por ciertas vidas que condicionan la mente y el corazón de los hombres. Son sustancias vivas cuya primera opción puede ser también posible desde un punto de vista científico con la teoría de los elementos químicos, si analizamos un cuerpo físico a través de un aparato de gran potencia radioeléctrica vemos que entre un átomo y otro átomo existe una distancia comparable casi de un kilómetro de distancia en proporción de lo que nosotros comprendemos por distancia, entonces, si el cuerpo físico visto de esta manera entre cada dos átomos hay esta distancia, hay que suponer que al aumentar las dimensiones del espacio la distancia es mayor, lo cual equivale a una alta frecuencia vibratoria que hace que exista sutilidad. Esta sutilidad es la conquista de las dimensiones, aquello que debe revelar cada dimensión, hasta el punto de que si somos capaces de percibir, aunque sólo sea en cierta medida este aspecto multidimensional del éter, somos conscientes de otras criaturas conscientes que allí viven y tienen su morada. Por ejemplo, son reconocidos dentro de los elementos unas criaturas vivas conscientes a las que la ciencia esotérica asigna el nombre de elementales, a otras potencias que también cohabitan en el éter se les denomina ángeles o devas, y son perceptibles para las personas que poseen una alta sensibilidad psíquica o que tienen poderes mentales extremadamente organizados. No se trata de algo al azar, yo estoy seguro de que alguna vez al menos cada uno de ustedes ha experimentado la presencia de una entidad cerca de ustedes que no es física y que tampoco es —según la teoría de los desencarnados— una entidad que ha dejado el cuerpo sino que son criaturas vivas que tienen sus propias condiciones en aquel plano, que tienen su propia conciencia y que colaboran con el ser humano en la realización de aquellos arquetipos que han sido anteriormente mencionados. Naturalmente, esto presupone una capacidad de percepción que no está al alcance de la mayoría. Tampoco vamos a creer que una persona que esté dotada de esta facultad de ver lo que existe en los éteres va a ser más espiritual, se trata de cierto poder que el hombre debe tener algún día plenamente conquistado, que le dé la seguridad de que allí existe una vida, una permanencia de vida y una realización constante desde el mundo espiritual. Por tanto, la sutilidad a la cual me he referido, esta distancia que separa los cuerpos a medida que avanzan las dimensiones del espacio y que nos da sutilidad, nos habla también del sentido de gravedad que existe en todos los planos. ¿Por qué el plano físico es el más pesado? Porque la distancia entre átomos no es tan fuerte, no es tan profunda, no es tan inmensa como en el caso de un plano ádico, por ejemplo, en el cual existen millones de kilómetros entre un átomo y otro átomo; y ustedes dirán, ¿cómo puede ser probado esto? Sencillamente, solamente al pasar a la cuarta dimensión somos capaces de percibir lo que existe más allá de los cuerpos opacos, por ejemplo, esta pared, puedo ver lo que existe al otro lado. ¿Por qué?, porque estoy utilizando una dimensión en la cual el vacío es tan grande que me permite penetrar a través de un cuerpo opaco, porque es la ley de la afinidad química más sutil que opera en aquel plano, y si ya ahora empieza la ciencia a ocuparse de la cuarta dimensión y a aceptar como válida la teoría de los esposos Kirlian —científicos de la Unión Soviética—, acerca del cuerpo etérico o del periespíritu o bien del cuerpo bioplásmico, es que realmente existe ya una posibilidad de que progresivamente vayamos educando este sentido fino de valores que tiene que hacernos conscientes de todas las dimensiones del espacio.

El Hombre y el Descubrimiento del Mundo Oculto

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Asociación Vicente Beltrán Anglada

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