Vivencia de la vida espiritual – Ana Castro Valle

Ponencia y artículo de Ana Castro, acerca de la vivencia de la vida espiritual en el encuentro de Convivencia Espiritual en Jaén, los días 1, 2 y 3 de octubre de 2010.

Vivencia de la vida espiritual

Ana Castro Valle

La ponencia que vamos a desarrollar es fruto de la observación de la vida, la propia y la de lo que nos rodea. Van mezclados conceptos esotéricos, espirituales, expresiones y dichos muy usuales, y vivencias propiamente dichas. Se hace notar que cuando el hombre pierde el poder de observación también pierde la capacidad de sintetizar, y esto nos lleva al principio de “como es arriba es abajo”, para lo cual hay que observar, analizar, discernir, discriminar y correlacionar.

En principio todos somos buenos, y nos lo creemos con facilidad, y si es posible que los demás lo sepan, mejor. Menos mal que Alguien dijo una gran frase: “Por sus obras los conoceréis” y si por las obras tenemos que conocernos, entiendo que tendremos que tratar de saber cuales son esas obras de unos y otros, y no para criticarlas, pero sí para reconocernos en la realidad más auténtica, para conocer en toda su extensión a nuestro hermano peregrino en el camino, siempre con absoluto respeto, pero sin equívocos. Si quiero construir un palacio buscaré un buen arquitecto y conoceré sus obras, y si lo que tengo es que defender un litigio me buscaré un buen abogado que no es simplemente un título, sino que debe estar respaldado por un buen curriculum profesional, y en todo, tengo que cuidarme de saber el terreno que piso, porque debo evitar pisar el fango creyéndome que estoy en la arena de la playa. Aquí estamos hablando de algo muchísimo más importante que las distintas profesiones con las que nos manejamos como seres humanos; hablamos de espiritualidad, y el
respeto y aceptación hacia todos, no implica que dejemos de investigar la calidad del terreno que nos sustenta.

Vamos a hacer un pequeño repaso de esas vivencias de las que somos testigos y otras veces los propios protagonistas. Vamos a exponer algo de la vida práctica que pudiera parecer que no es precisamente esotérico y seguramente que en verdad no lo es, pero no porque no pueda ni tenga que serlo, sino porque como “la energía sigue al pensamiento” y nuestros pensamientos los dirigimos casi exclusivamente a lo que ven nuestros ojos físicos, así es imposible vivir el esoterismo. Vamos a intentar no entrar en personalismos, pero sí a reflejar expresiones y vivencias que se nos dan a diario. El análisis, discernimiento y discriminación de las vivencias propias y ajenas, debemos hacerlo en nuestra soledad y silencio, y aquí, en este encuentro, intentaremos que la exposición sea lo más impersonal y constructiva posible. Como principio, todo nos lo podemos aplicar en la medida que nos corresponda y ojalá que seamos capaces de ver lo aquello que nos interesa corregir.

Vivimos en un mundo de espejismos y tenemos que trabajar para salir de ellos, para ser lo que realmente somos, para llegar a esa esencia. Tenemos que reafirmarnos cada día porque de lo contrario seremos un personaje más de dichos espejismos, “¡El gran teatro del mundo!”. Es sorprendente oír decir, dentro del mundo esotérico, expresiones justificativas para dejar de prestar algún servicio: que los primeros obligados son la familia, porque esotéricamente cada uno tiene que aceptar y resolver lo que le toca, porque es su karma,” etc., etc. Y nos llamamos espirituales, o esotéricos, o creyentes, da igual el nombre. Y nos olvidamos de las palabras de Cristo cuando le dijo al joven rico, ante su pregunta de “Maestro ¿qué tengo que hacer para ser perfecto?: ¡cumple los Mandamientos!. Maestro ya lo hago. Pues vende lo que tienes y repártelo a los pobres”. El joven se marchó con gesto triste. Nosotros no ponemos el gesto triste, nos justificamos alegremente y utilizamos el mismo lenguaje y razonamientos que emplea cualquier persona que no esté metida en el mundo espiritual. ¿Nos damos cuenta de que todo cuanto la vida nos va mostrando nos está pidiendo una respuesta?.

Cristo utilizaba mucho la simbología y podemos recordar frases como: “No se puede servir a dos señores”. “No juzgad, Perdonad, No te he dado los talentos para que los entierres, Mi Reino no es de este mundo”, … . Sin embargo parece que frases tan sencillas y tan claras no las entendemos y en nuestra vida brillan por su ausencia. Sí que rebuscamos frases del más elevado nivel que a lo mejor ni siquiera entendemos, pero que nos hacen quedar como muy espirituales, o al menos como muy cultos.

Vivencia de la vida espiritual – Ana Castro Valle

Conferencia completa en audio:

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