Los jóvenes como ciudadanos – Annie Besant

Artículo traducido al castellano por la Revista El Teósofo de The Theosophist.

Vol. 132 – nº 1 – Octubre 2010

Los jóvenes como ciudadanos

Annie Besant

Conferencia dada en la Universidad de Pachaiyappa, Madrás, 19 setiembre 1923, levemente cambiada.

Ustedes pueden tener la impresión que la cuestión de la ciudadanía pertenece a hombres y mujeres, y no a niños y niñas. Este es uno de los errores comunes que comete la gente. Porque realmente lo que el niño o la niña es en la escuela, será más adelante el hombre o la mujer en la vida. No se puede formar un buen ciudadano, si empiezan con una persona cuando tiene veinte, veinticinco o treinta años. El buen ciudadano debe iniciarse en los días de la escuela, y debe entrenarse en la universidad, porque es durante la juventud que se moldea el carácter, cuando toda la naturaleza es plástica.

El carácter de un hombre se forma principalmente cuando el niño se está desarrollando, en gran medida se moldea desde el interior, pero también es ayudado desde el exterior. Trae consigo un gran número de cualidades que determinará especialmente los rasgos de su carácter. Podemos modificar nuestro carácter y formarlo en buena parte, en la dirección correcta, si tenemos lo que se llama un ideal que gobierne nuestra conducta. Es en la época escolar que se hace gran parte de la construcción del verdadero ciudadano.

Recién usé la palabra ‘ideal’. Permítanme decirles qué significa la palabra ‘ideal’. Es una idea que constantemente está en la mente, y no uno de esos pensamientos fugaces que llegan y se van de la mente, como los visitantes a una casa. Es lo que se llama una idea fija que determina la conducta. Eso sobre lo que piensan constantemente, en lo que se transforman, de modo que pueden moldear el carácter como apareció en ustedes en el mundo y mejorarlo; ustedes se pueden liberar de los defectos y fortalecer las buenas cualidades. Pero incluso al final de nuestras vidas, existen rasgos marcados que quedaron del carácter, hechos en el pasado.

La nueva generación

Ahora es el momento en el que suceden grandes cambios en el mundo. Esos cambios ocurren tan rápido que es difícil mantener el ritmo con ellos. Pueden ir a occidente o al oriente, o a cualquier país que prefieran. En todas partes verán que los jóvenes son diferentes de sus padres y de sus abuelos. Tienen diferentes modos de mirar el mundo, ambiciones distintas, y diferentes esperanzas y aspiraciones. Están menos preocupados por su propio éxito, que por el éxito de alguna causa que los atraiga. Si por ejemplo, le hablan a un hombre sobre el Internacionalismo, en general no lo verán muy interesado en el tema. Pero si le hablan a jóvenes universitarios, verán que la idea les atrae bastante. Sienten que las otras naciones no son enemigas sino miembros de una sola familia, y que en sus relaciones mutuas, deberían ser como hermanos en una familia y no como bestias salvajes en la jungla, como ha sucedido en épocas pasadas. Una de las características más marcadas de la juventud hoy es que ellos quieren ser amistosos con otras naciones.

La fraternidad Scout es inmensamente popular en todo el mundo porque es un movimiento fraternal, porque significa que si un niño, o una niña, es alemán, o francés, o inglés, o indio, o japonés, están todos relacionados, y no hay razón alguna por la que deberían ser enemigos: el gran ideal de ese cuerpo es que un Scout es hermano de cualquier otro Scout, y un amigo de todas las criaturas. No está limitado sólo a seres humanos. Incluye a los hermanos menores, los animales, también. Todas las criaturas están incluidas en esa amplia y gran idea de fraternidad.

Los hombres del futuro

No es muy frecuente que en la historia de las naciones se encuentre a personas trabajando por la libertad, y las cosas suceden tan rápida y prácticamente que habrá una gran diferencia entre la postura de la generación más joven y la de sus padres. Vuestros padres trabajaron para tener una posición y algunos derechos en su propio país. Y cuando ustedes lleguen a la edad apropiada, eso será vuestro, trabajarán por ello, lo moldearan y lo guiarán, y es eso lo que hace a la vida tan importante, para el futuro del país. Porque eso a lo que ustedes aspiran en la juventud, podrán llevarlo a cabo plenamente más adelante. Quienes están hoy en la escuela, son los futuros estadistas, que tendrán mañana el destino de los países en sus propias manos. Si esto es así, cuán vital es que en vuestros días de escuela comiencen a tener el espíritu del ciudadano y a comprender qué significa ser un ciudadano en un país libre.

El buen ciudadano

Ciudadanía es lo mismo que lo que los antiguos griegos significaban con la palabra ‘Política’, que procede de la palabra griega ‘polis’, una ciudad. Desafortunadamente, en la actualidad el político no siempre es un buen ciudadano. Sólo piensa en obtener algo para sí, mientras que un ciudadano piensa en lo que puede brindarle a la Nación. En la mayoría de los países, un hombre se vuelve un político a fin de obtener algo. Puede ser un cargo gubernamental, un trabajo en el país, puede ser poder. Debería ser servicio.

Eso es lo único que justifica que un hombre se dirija a lo que llamamos política, que pueda servir a su país, hacer que su país sea mejor, más feliz, mejore sus leyes, sus costumbres, difunda la educación entre todos los niños por igual, no sólo entre los ricos, sino entre los más pobres de los pobres, que use su poder, su pensamiento, toda habilidad mental y emocional, para llevar a su nación a la felicidad, para hacerla libre, próspera y grande. Eso es lo que los antiguos griegos querían decir cuando hablaban de Política. Un hombre que puede vivir útil y armoniosamente con sus semejantes, es la esencia de la idea del ciudadano.

Si consideran por un momento la vida en Atenas, verán que se esperaba que todo griego en esta ciudad formara parte del gobierno del Estado. Tenía que ser apto para asumir cualquier cargo público, tenía que estar listo para sobrellevar la carga de ese Estado-Ciudad, de cumplir con su obligación, ser una guía activa, un defensor, un colaborador de la Ciudad, y hasta los dieciocho años era entrenado cuidadosamente para esto, y luego tomaba un juramento para llevarlo a cabo.

El juramento ateniense

La antigua idea era que todo hombre debe ser educado, si ha de ser un ciudadano; debe ser apto para vivir entre sus conciudadanos; debe reconocer su deber hacia ellos, hacia sí mismo, su deber hacia quienes le rodeaban. Ser un ateniense era ser un ciudadano y un caballero. La idea de deber era muy elevada y no le atraía a la mente inculta. Toda la educación de Atenas estaba basada en la idea de la ciudadanía. La educación del niño era austera y estricta, como la del brahmachâri del Manu, e incluía entrenamiento militar. Al cumplir los dieciocho años se los llevaba ante un gran grupo de ciudadanos, se les entregaban armas, y tomaban el siguiente juramento:

“Nunca le ocasionaremos deshonra a esta nuestra ciudad, por ningún acto de deshonestidad o cobardía, ni tampoco abandonaremos a nuestros sufrientes compañeros, dentro de las filas; lucharemos por los ideales y lo sagrado en la Ciudad, estando solos o acompañados; reverenciaremos y obedeceremos las leyes de la Ciudad y nos esforzaremos por alentar un respeto y reverencia similar en quienes están en un rango superior, y son propensos a anularlas o burlarlas: nos esforzaremos incesantemente en acelerar el sentido público del deber civil; de esta forma, entregaremos esta Ciudad de ningún modo empobrecida, sino mejorada y más bella que cuando nosotros la recibimos.”

En el Condado de Poplar, en el extremo este de Londres, donde se reúne una multitud de pobres, existe una oración escrita con letras doradas sobre una caja de caoba colocada  en la parte superior de las escaleras que se dirigen a la Sala Municipal, donde reaparece el espíritu del juramento ateniense:

“Otorga a nuestra generación la visión de nuestra justicia municipal, como debe ser; un municipio de justicia donde nadie se abusará de los demás; un municipio de abundancia donde el vicio y la pobreza cesen de ensañarse; un municipio de fraternidad donde todo el éxito esté basado en el servicio, y donde el honor sólo se brinde a lo noble; un municipio de paz donde las órdenes no se sustenten por la fuerza, sino por el amor de todos hacia el municipio, el gran otro de la vida y bienestar comunes.”

Lo que realmente significamos por ciudadano, el hombre apto para vivir en sociedad, es el que como hombre se da cuenta de las obligaciones que debe a todos los hombres a su alrededor, y las cumple del mejor modo posible según sus capacidades. La estructura esencial de un Estado es muy parecida a través de la historia. A veces abarca a todas las personas cultas, como en Atenas; a veces a sólo una parte de las personas, mientras que otra parte de la gente es ignorada y descuidada. Pero ningún Estado es realmente civilizado, cuando la cultura de los pocos está basada en la miseria e ignorancia de los muchos.

‘¡Hagan un buen comienzo!’

Compartan vuestra educación con quienes no tienen ninguna; traten de ayudar a los de vuestra edad e incluso a los mayores a ustedes, compartiendo con ellos algo de lo que aprendieron, y no hay mejor prueba del éxito de una institución educativa, que las escuelas nocturnas para los carenciados, donde los niños educados en instituciones de mayor nivel van y ayudan a los más pobres e ignorantes, para que se eleven. Hay algo que dice Platón que es de suprema importancia en relación con esto. “En un bosque de árboles, ven un árbol que creció torcido en vez de derecho. Si lo observan, verán que se torció cuando era un árbol pequeño o joven, si alguien hubiera sacado tal vez alguna piedra existente en su camino, el árbol hubiera crecido derecho.” Este símil es totalmente apto con respecto a una persona joven en la escuela y los hombres que no están o estuvieron en ella.

Platón, hablándole al Jefe de Directores de Educación en Atenas, como nuestro Director de Instrucción Pública, dijo: “Tanto la persona designada, como aquéllos que la designaron, deben darse cuenta que éste es el más importante entre los cargos principales del Estado. Porque cualquiera sea la criatura, ya sea una planta o un animal, domesticado o salvaje, el comienzo de su crecimiento debe ser bueno. Ese es el paso más importante hacia la realización de la excelencia de la que es capaz su naturaleza.”

Hay algo, que es lo más importante, que tal vez afecte el carácter en la vida futura. Que no es algo que los niños mismos puedan controlar. Es un tema para quienes enseñan a los niños, y esto es que ninguna persona joven debería jamás ser atemorizada mientras está en la escuela. Muy pocos se dan cuenta de la enorme importancia de esto. Palabras violentas, de enojo, la brutalidad que encuentran en el uso de cualquier forma de castigo corporal, son crímenes contra la gente joven. Lo único necesario para un niño es la bondad. Deben tratarlo con gentileza y afecto. Deben tratar de atraerlo y no de conducirlo. Esa es la esencia vital de la educación de la que depende el futuro carácter de un hombre o una mujer. Cuanto más estudien a los niños, más los conocerán. Si un niño está aterrorizado, lo conducen hacia la cobardía y a menudo hacia el vicio de la falsedad. La mitad de las mentiras que dicen los jóvenes, las dicen porque tienen miedo de ser castigados, y eso deja una marca en el carácter durante toda la vida. Esto es algo de lo que se los tiene que cuidar. Los afecta como lo hace la piedra con el árbol, y no se pueden liberar de eso posteriormente en la vida.

El ciudadano es la persona que piensa en la comunidad mayor, más que en sí mismo. Pone primero a la sociedad y luego a sí mismo. El ideal de un buen ciudadano no es volverse una persona exitosa en el mundo pensando en su propio interés.

Los juegos forman el carácter

Existe dos tipos de educación, educación general y vocacional. La general es la que todos deberían tener y sin la cual no podemos tener una sociedad de verdad. La vocacional es la educación que nos capacita para adoptar un trabajo particular dentro del Estado.

Muchas de las cualidades que hacen a un buen ciudadano se aprenden mejor con los juegos que en el aula. Los juegos son necesarios para brindarles el carácter que desean. Porque es en los juegos que aprenden a obedecer al capitán del equipo en el que juegan. Juegan en beneficio de todo el equipo, a fin de ganar como un grupo. Ese es un entrenamiento hermoso, aprender a trabajar con otros para un fin común, poner vuestra propia ambición detrás de cada uno de ustedes, y poner el juego de toda la escuela adelante. También deben aceptar la derrota sin resentimiento ni enojo.

Estos son los ideales que deberían animar a todos los jóvenes. Al buscar el gran ideal, piensen en la Nación como vuestra madre, traten de hacerla próspera, de tenerla libre de enfermedades, pobreza y miseria, traten que quede mejor que ustedes la encontraron.

Revista el Teósofo

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