H. P. Blavatsky como Yo la conocí – Annie Besant

La página web Revista El Teósofo, son artículos traducidos al castellano de la revista The Theosophist, que un grupo de miembros de la Sociedad Teosófica de Argentina llevan traduciendo ininterrumpidamente desde el año 2006, haciendo así un trabajo excepcional digno de agradecimiento.

La revista The Theosophist fue fundada por H. P. Blavatsky en octubre de 1879 y desde ese momento hasta el presente, nunca se ha dejado de editar.

Vol. 127 – nº 8 – Mayo 2006

H. P. Blavatsky como Yo la conocí

Annie Besant (“Lucifer”, junio 1891)

Ciertamente, la resistencia y la paciencia eran las cualidades cimeras de HPB cuando la conocí, en los últimos años de su vida, y como oí decir a los afortunados que la acompañaron durante más años. La más sobresaliente de sus características estaba implícita en estas cualidades cimeras: la fortaleza, resuelta fortaleza, inflexible como una roca. He visto alfeñiques lanzarse contra ella, que luego lloriqueaban diciendo que era dura; también la he visto frente a frente con una mujer que había sido su cruel enemiga -pero que estaba en apuros, ¡cómo pensé duramente!, y me arrepiento por esa razón– y cada rasgo estaba radiante de una divina compasión, que la llevó no sólo a perdonar,  porque ni siquiera admitió que había sido ultrajada. La firmeza que puede ser tierna es la firmeza que se necesita en nuestra inestable vida occidental, en la cual uno está hasta la coronilla de las imposturas que pasan por valores, y de las falsedades que hieren con una sonrisa  y traicionan con un beso.

HPB fue siempre denominada informal, y el adjetivo era apropiado. No consideró las convenciones sociales como leyes naturales, y prefería la franqueza a los cumplidos. Por encima de todo, disponía del sentido de la proporción, y ese ‘más raro de todos los sentidos, el sentido común’. No concebía que la devoción natural fuera pisoteada cuando una mujer fumaba cigarrillos, ni que todo lazo que mantuviera a la sociedad unida fuera roto por alguna incorrección en las formas. Viajera por muchas tierras, había visto costumbres sociales tan variadas que unas u otras tenían para ella la misma importancia que usar un sombrero, un turbante o un fez. Se reía de las crudas ideas insulares británicas y de que el mérito de un hombre dependiera de su aceptación social. Por otro lado, fue inflexible en los asuntos más importantes de la ley; y si no hubiera sido por el daño que los escritores se estaban haciendo a sí mismos por las vilezas que estaban lanzando contra ella, a menudo yo hubiera casi reído por el absurdo del contraste entre la charlatana fraudulenta y libertina que ellos pintaban, y la HPB al lado de la cual vivía, con un honor tan sensitivo como el de ese ‘muy gentil perfecto caballero’, verdaderamente sin tacha, puro como un diamante, que tenía en sí mucho del candor de un niño entremezclado con la firmeza que podía mantenerla ilesa contra el ataque. Aparte de todas estas cuestiones de obligación moral, HPB era una mujer de una personalidad demasiado orgullosa para decir una mentira.

Educada en la más alta nobleza rusa, heredando mucho de su altivo desdén por la gente que la rodeaba, ella no hubiera condescendido a mentir para justificarse; no atendía suficientemente a ‘lo que la gente pudiera decir’ para ceder a cualquier subterfugio para defenderse. En realidad, algunas de las primeras calumnias se levantaron en el mismo atolondramiento de la opinión pública.  Y cuando a esto se añade el entrenamiento oculto que fortalece al chela ante todos los juicios externos, y colocándose siempre ante el tribunal de su Yo Superior se rinde indiferente a todas las condenaciones menores, se verá sin dificultad que los motivos para la falsedad que mueven a la gente ordinaria estaban ausentes. Esto aparte de los factores más profundos del caso, de los cuales sería inútil tratar aquí, y de los cuales es suficiente decir que ningún elevado ocultista osaría mentir en beneficio personal o en defensa personal.

Se acostumbra decir que el diablo paga bien a sus sirvientes en esta vida y, de alguna forma, recobrará la deuda en otra; pero si ella fue uno de sus emisarios, como los piadosos dicen, las minas de oro del Sheol debieron quedar exhaustas, pues en esos lejanos días HPB era una mujer muy pobre, y yo he sabido de su difícil situación para obtener una libra esterlina muchas veces. Entonces, algunos admiradores devotos le enviaban dinero, que continuamente iba a la Sociedad Teosófica, a un amigo en apuros, a un anciano sirviente necesitado, a alguna familia con hambre que yo hubiera podido mencionar.  Fue una naturaleza realmente generosa la de HPB, que siempre necesitaba un canal a través del cual pudiera fluir. Dinero, ropas, joyas, todo lo que tenía, continuamente lo entregaba con las dos manos al primero que tuviera necesidad.

Viéndola a ella de forma general, fue mucho más un hombre que una mujer.  Sin pelos en la lengua, decidida, pronta, obstinada, genial, jocosa, libre de mezquindad y sin ninguna malicia. Era totalmente diferente del tipo femenino medio. Juzgó siempre con largueza y amplia tolerancia, las diversidades de carácter y de pensamiento; indiferente a las apariencias externas si el hombre interno era justo y veraz.

Personalmente, uno de los grandes servicios que me prestó fue colocar a mi servicio, como una ayuda para mi conocimiento, su profunda penetración en el carácter.  He reído en mi interior cuando he oído decir que ‘Madame Blavatsky debió ser muy mal juez del carácter, o que ella no debió confiar nunca en personas que más tarde la traicionaron.’  Ellos no sabían que su regla fue dar a cada uno su oportunidad, y que nunca se preocupó de si al hacerlo, corría el riesgo de algún daño. Siempre dio regalos a tales personas, nunca la Sociedad; ni dio ningún conocimiento que ellos pudieran usar para dañar a otros. Observé el curso de un caso así: un joven Judas que pretendía amistad, que fue admitido por ella para alojarse en su casa y trató inútilmente de descubrir ‘secretos’, y que finalmente se fue para atacarla y tratar de denunciarla.  Ella habló con él con suficiente franqueza, sin ponerle trabas a ninguna de sus preguntas, tratando de conducirlo al camino recto, pero una o dos veces sorprendí a sus extraños ojos, de los cuales tanto se ha dicho, observándolo con una profunda y patética mirada, volviendo al fin la cabeza con desaliento. Pero cuando alguien estaba realmente buscando ese más difícil de todos los conocimientos, el  propio conocimiento, entonces utilizaba su extraordinario poder de intuición (insight) para alertar sobre los peligros ocultos, para señalar las características encubiertas, desenredar los enmarañados hilos de las cualidades y defectos medio comprendidos o no comprendidos, y guiar así al estudiante en sus esfuerzos para conocerse a sí mismo, y para escapar de la red de la ilusión.  Una y otra vez, en mi propio caso, ella me condujo al motivo oculto, para señalar debilidades, para comprender peligros latentes, y cualquiera de sus discípulos que pudiera llevar su escrutinio y juicio crítico sin resentimiento podía estar seguro de ayuda similar.

Como maestra, HPB fue inspiradora y sugerente, no didáctica. Sólo podía enseñar efectivamente cuando el estudiante estaba totalmente en toque con ella, y podía sentir con aguda intuición los vacíos que ella dejaba en lo perfilado.  En tales casos, podía sugerir pensamiento tras pensamiento, con maravillosa riqueza de ilustraciones, de las fuentes más ampliamente separadas; pensamientos aparentemente no relacionados, para encontrar siempre, después de un reestudio cuidadoso, que eran eslabones lanzados, como si dijéramos, dentro de la luz de alguna cadena continua.  Los eslabones interpuestos habían sido dejados en la sombra, y si el estudiante podía lanzarlos también dentro de la luz, bajo el uso de su propia intuición, estaba bien.  Pero donde la mente del estudiante no daba ninguna respuesta a la de ella; donde sus veloces trompetazos no hacían saltar en respuesta una chispa de la roca, para tales, HPB permanecía siempre enigmática, oscura, complicada, perdida en una masa de metafísica, y representada como insatisfactoria para ellos y sin esperanza para ella.

En los últimos tiempos, HPB llevó una vida muy apartada. Podía cerrar sus puertas durante días, algunas veces semanas, a los que estaban cercanos a ella; y ahora comprendemos cómo estaba preparando todo para el cambio que se aproximaba. Y, para nosotros, que vivimos con ella, el cambio es menor de lo que muchos, tal vez, pueden suponer. Nuestra cercanía a ella no fue la de la presencia física, fue la de lazos mucho más estrechos que siempre atan al maestro y al discípulo en la venerable filosofía que fue su misión impartir. El mero hecho de que haya dejado repentinamente la vestidura externa de su personalidad, de ninguna manera altera la relación entre ella y nosotros. Aquellos de nosotros que estuvimos con ella en vidas pasadas, hemos estado separados físicamente a través ‘del cambio que los hombres llaman muerte’, y nos hemos encontrado nuevamente al retornar a la ‘vida’ en la tierra.  Lo que ha sido será, y en la vida verdadera, ninguna separación es posible. Para muchos, el último año de su vida fue de una larga tortura; estuvo en el centro de un huracán de fuerzas espirituales y físicas, expuesta al mismo tiempo a la presión del plano material. Sola, sin nadie que pudiera entenderla totalmente, mal comprendida, agraviada, insultada, e incluso cuando amada, en gran medida amada de manera equivocada; nadie, excepto sus compañeros, pueden decir qué infierno sobre la tierra fue su vida.  Que ella se haya ido es motivo de regocijo, no de pena, para aquellos que realmente la amamos a ella, no a nosotros en ella.  El trabajo al cual dio su vida, ahora es nuestro para llevarlo a cabo; las fuerzas tras él no se han debilitado porque H. P. Blavatsky haya partido. Este es el trabajo de la Fraternidad, no de nadie individualmente,  y mientras la Fraternidad viva y trabaje, ni la duda ni la desesperanza pueden tocar a sus discípulos. Nosotros sólo tenemos que cumplir con nuestro deber; el éxito, como  lo aprecia el mundo, carece de importancia.

Revista el Teósofo

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