Ocho razones en favor del Humanitarismo – Geoffrey Hodson

El siguiente artículo fué escrito por Geoffrey Hodson en 1946.

Ha terminado la segunda gran guerra. La humanidad está en el umbral de una nueva Era. Se necesita un ideal que sirva de corazón y centro del nuevo orden mundial que ahora debe construirse. Ni los individuos ni las naciones podrían elegir ideal más hermoso que el humanitarismo. Hay por lo menos ocho razones en favor de esa elección.

1ª. Terminar con la guerra y asegurar la Paz

Toda vida, toda manifestación y toda experiencia humana están gobernadas por una ley inmutable. El efecto sigue invariablemente a la causa. La reacción adecuada sigue siempre a toda acción. Todos los grandes instructores de la raza han afirmado la existencia y la actuación de esta ley.

Dios dijo: “El que derrame sangre del hombre, por el hombre su sangre será derramada.” (Génesis, IX: 6)

Cristo dijo: “Porque de cierto os digo que mientras no acaben el cielo y la tierra, ni un punto ni una tilde perecerán de la ley, hasta que todas las cosas se cumplan.” (Mateo, V: 18)

“Empero, es más fácil que perezcan el cielo y la tierra que frustrarse un tilde de la ley.” (Lucas, XVI: 17)

“No juzguéis para no ser juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, os volverán a medir.” (Mateo, VII: 1,2)

San Pablo dijo: “No se burla uno de Dios; lo que uno siembre, eso recogerá.”

Carlyle escribió: “Toda obra es como semilla sembrada: crece y se desarrolla, y se siembra de nuevo, y así, en palingenesia sin fin, vive y labora.”

Estas no son amenazas, sino afirmaciones de la ley, bajo la actuación de la cual, los que infligen dolor, reciben dolor; los que viven para la crueldad, reciben lo mismo. La explotación en gran escala, la tortura, y especialmente la matanza de animales por el hombre, contribuyen a traer sobre la humanidad los horrores de la guerra. Sólo una humanidad verdaderamente humana puede esperar la paz permanente en la Tierra.

2ª. Acabar con la enfermedad y asegurar la salud

La enfermedad proviene de dos causas principales. La primera es ocasionar dolor a seres conscientes, sean hombres o animales. La segunda es la conducta equivocada en la vida, que incluye el mal cuidado del cuerpo y el mal empleo de sus energías. Comer carne, por ejemplo, contribuye a ambas cosas. Primero, se basa en la desconsiderada imposición de dolor, y después, con ello se introducen en el cuerpo sustancias muy tóxicas, que se pudren rápidamente, y envenenadas por el dolor. Quien come carne sufre por la ley de Causa y Efecto y por el veneno introducido en el organismo.

El hacer sufrir innecesariamente a los animales, como al cogerlos con trampas, al hacer con ellos vivisección y con la matanza por deporte, para servir de alimento o como negocio, contribuye a la mala salud de la humanidad.

La salud depende del humanitarismo, sin el cual no se puede gozar de ella de modo permanente.

3ª. Adelantar la evolución espiritual del individuo, limpiando de crueldad y delitos de sangre el Alma del hombre

“La medida de la estatura de la plenitud de Cristo” declaró San Pablo que era la suprema consecución humana, el objetivo de la humana evolución. Cooperar con el propósito evolutivo es apresurar su logro en uno mismo y en otros. El llegar al estado de Cristo depende de que se viva una vida semejante a la suya, lo que significa una vida de amor y servicio, y libre de pasiones animales y de delitos de sangre. Además, extirpar las características de la crueldad en la naturaleza humana, dejando de ser cruel y expresando compasión, y así desarrollándola, es uno de los mayores servicios que el hombre puede hacer a Dios, a sus semejantes y al reino animal de la naturaleza.

Purificando así, cooperando así con el objetivo espiritual de la naturaleza, y sirviendo así, el hombre avanza rápidamente hacia su meta de perfección o estado de Cristo.

4ª. Ayudar a la evolución animal, reemplazando la crueldad, que produce temor, por el humanitarismo, que evoca la confianza

La vida divina también está presente en los animales, y los está desarrollando para que lleguen a un estado superior, como lo hace con el hombre. La crueldad retrasa el proceso evolutivo de los animales que reciben ese mal trato del hombre, mientras que el humanitarismo apresura dicho proceso.

Como más viejo en la evolución, tiene el hombre el imprescindible deber de activar por todos los medios a su alcance el adelanto evolutivo de sus hermanos más jóvenes del reino animal. Con este servicio apresura también su propio adelanto hacia la perfección de la naturaleza humana.

5ª. Desterrar la fealdad de la faz de la Tierra y aumentar la belleza de la civilización

La belleza es el signo que indica la civilización y la cultura del individuo o de la raza. La crueldad es fea. El humanitarismo es bello. Una vida humanitaria es una vida bella.

Es una necesidad urgente aumentar la belleza de cuanto rodea a la humanidad y a la civilización. El comercio de carne es una de las fuentes más prolíficas de fealdad, grosería y brutalidad que hay en el mundo. El vegetarismo fomenta la belleza, el refinamiento y la cultura. La comparación de los horribles espectáculos, ruidos y olores de un matadero, con la belleza y la fragancia de una huerta, no deja lugar a dudas sobre esta cuestión. Revela el contraste entre el completo vampirismo y la delicia y la belleza puras. La limpia sencillez  y la belleza de los frutos madurados al sol: naranjas, uvas, nueces, maíz, miel, es de seguro infinitamente preferible al horror y a la fealdad del comercio de la carne y de su mercado, que se ha descrito como el “dominio de las res muerta y el cargador manchado de sangre”. En beneficio de la belleza, la humanidad tiene que hacerse humana.

6ª. Evitar sufrimientos y penas a los animales, a los niños, a las mujeres, a los ancianos, a los debiles y necesitados

Aparte del propósito evolutivo y del idealismo religioso, el dolor tiene un inmenso significado directo en la experiencia animal y humana. El dolor importa tremendamente. Es una disonancia que de continuo estropea el canto de la vida. Ocasionar sufrimiento innecesario es un crimen contra el Creador, contra la creación, contra la creación, contra el amor divino y contra nuestros semejantes.

Los hombres y los animales dependen unos de otros para su felicidad y su bienestar. Sin embargo, la inhumanidad del hombre para el hombre es proverbial, y el hombre es con mucho el enemigo más temible del reino animal. Como la vida de todas las criaturas es Una, cuando el hombre perjudica sin necesidad a un ser consciente, perjudica a toda la vida, porque todos los seres están relacionados. Se perjudica, por tanto, a sí mismo de manera tan cierta, aunque menos inmediata, como si deliberadamente golpeara su propio cuerpo.

El matadero representa la cima del salvajismo. En cada momento de cada día, con gritos de agonía y estremecimientos de temor mueren innecesariamente centenares de miles de animales indefensos. Se alimentan y se matan para los dos objetos de satisfacer el apetito del hombre por la carne y la sangre, y de aumentar la cuenta en el Banco. Cada matadero es como un Buchenwald de los animales. Cada laboratorio de vivisección es como un Belsen o un Dachau, y existen y están en continua actividad a miles por todo el mundo.

Si el hombre pudiera afinar su oído interno al canto de la vida, lo encontraría estropeado por el grito de millones de animales torturados. Este grito surge constantemente de toda la tierra como alaridos y lamentos de agonía. Aquellos que lo han oído una vez, jamás pueden olvidar la experiencia. Sin embargo, deben tratar de desecharlo de sus mentes, pues conocer la intensidad del sufrimiento que lo produce y el horror del sonido es algo insoportable.

El innecesario sufrimiento mental, emocional y físico infligido por el hombre a sus semejantes es también mundial y continuo. Gritos y lamentos de agonía surgen de las víctimas humanas de la humana crueldad. Unidos con los que resultan del dolor producido por crueles castigos, accidentes, mala salud y enfermedades, producen una súplica de auxilio que resulta irresistible a los corazones de todos los que son sensibles al sufrimiento. Para éstos es de suprema importancia o mejor una imperiosa necesidad que cese tal sufrimiento. El sufrimiento innecesario es un mal que debe desaparecer de la Tierra. El nuevo orden mundial debe caracterizarse por una inmensa disminución del dolor del mundo y por un aumento inmenso de su felicidad y su paz.

7ª. Hacer a la Humanidad sensible al impulso espiritual y a la ayuda divina

De este modo puede acelerarse la evolución de toda la raza humana el espíritu procura perpetuamente refinar la materia, llevarla a un mayor grado de sensibilidad. La vida procura siempre moldear la forma con mayor belleza. La conciencia procura siempre tener vehículos más eficaces y menos resistentes.

La crueldad, por el sufrimiento y el temor que ocasiona, hace más bastos, más apagados y espiritualmente inservibles el cuerpo, las emociones y la mente del hombre. La crueldad retrasa, por tanto, su evolución. El humanitarismo, por la felicidad, la confianza y la libertad que confiere, refina y hace espiritualmente sencilla la naturaleza de aquellos que lo reciben. Por consiguiente, el humanitarismo apresura la evolución.

8ª. Porque la crueldad niega la divina cualidad del amor, y el humanitarismo la manifiesta

La humanidad está ahora en el alba de una nueva Era y en el umbral de un nuevo nivel de conciencia. La nueva Era será de la unidad, y el nuevo nivel de conciencia será el de la percepción intuitiva de la unidad de la vida de todos los seres. La crueldad, cual monstruoso demonio, intercepta el camino para llegar a ambas consecuciones. Es el gran enemigo de la humanidad. La crueldad debe desterrarse y reemplazarse por la compasión.

Lo divino en el hombre retrocede repelido por la crueldad, de lo cual lo material en el hombre le hace ser culpable. El que trabaja por la causa de la compasión labora por el progreso de la civilización y por el desarrollo espiritual del hombre.

Tales son las ocho razones en favor del Humanitarismo.

Geoffrey Hodson

Ocho Razones en favor del Humanitarismo – Geoffrey Hodson

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