La Teosofía y el Buddhismo – H. P. Blavatsky

El Sr. Emile Burnotif, el bien conocido Sanskritista, acaba de publicar en la Revue de Deux Mondes (Vol. 88, 15 de julio, 1888) un artículo intitulado “El Buddhismo en Occidente”, en el cual expone sus puntos de vista sobre la misión y el porvenir de la Sociedad Teosófica. Esta tiene tan rara vez la suerte de recibir un tratamiento tan cortés y de consejos tan llenos de simpatía, y firmados por un nombre tan querido por todos aquellos que aman el Oriente, que creemos que nuestros lectores se verán complacidos por la exposición de estas críticas de un pensador serio y de estas palabras de aliento de un hombre de corazón.
Este artículo prueba que la Sociedad Teosófica finalmente ha tomado el lugar que le corresponde, en el pensamiento del Siglo XIX, y que ella va a entrar en una nueva era. El amerita por lo tanto el respeto y la atención de todos aquellos que han comprendido nuestra obra o que están dedicados a ella. El Sr. Burnouf estudia sucesivamente al Buddhismo, al Cristianismo y a la Sociedad Teosófica.
“…Tres religiones o asociaciones de hombres que tiene doctrinas idénticas, un mismo fin, y se remontan a una fuente común. Esta fuente, que es oriental, en tiempos pasados no era aceptada; en nuestros días ella ha sido plenamente puesta a la luz por las investigaciones de los sabios, particularmente de los sabios ingleses y por la publicación de textos originales.
Entre esos sagaces escrutadores, bastaría citar los nombres de Sayce, de Poole, de Beal, de Rhys –David, de Spence –Haray, de Bunsen: sería difícil agotar la lista” [p. 341]
La primera parte del artículo está consagrada a la biografía del príncipe de Kapilavastu, a una breve exposición y, a un resumen histórico del Buddhismo hasta la era Cristiana. La vida de Sâkyamuni es demasiado conocida para que nosotros la reproduzcamos aquí; pero debemos señalar algunas palabras que prueban que Nirvâna no quiere decir aniquilación.
No discutiré aquí la naturaleza del nirvâna. Solamente diré que la idea de la nada es absolutamente extraña a la India, que el objeto de Buddha fue el de sustraer a la humanidad de las miserias de la vida terrestre y de sus retornos alternos; que finalmente él pasó su larga existencia luchando contra Mara y sus ángeles, que él mismo llama la Muerte y la armada de la muerte. Es cierto que la palabra nirvâna quiere decir extinción, por ejemplo el de una lámpara sobre la que se sopla; pero también quiere decir ausencia de viento (1). Yo pienso por lo tanto que el nirvâna no es otra cosa que ese requies aterna, esa lux perpetua que los cristianos también piden para sus muertos. Es en este sentido que es entendido en el texto birmano publicado hace unos cuantos años en Rangún, en inglés, por el reverendo Bigandent [p. 343]
Pocas concepciones han sido tan mal comprendidas como la de Nirvâna, a excepción quizás de la divinidad. Entre los Judíos y otros Semitas, entre los antiguos Griegos y Romanos y aún entre los Brahmanes, el sacerdote es el intermediario entre el hombre y Dios.

…Al hablar del Buddhismo, el Sr. Burnouf tiene constantemente a la vista al Buddhismo primitivo, esta magnífica eflorescencia de virtud, de pureza y amor de la cual el cisne de Kapilavastu arrojó las semillas sobre el suelo de la India, sobre ese punto nosotros estamos de acuerdo con él. El código de moral establecido por Buddha es el más grande tesoro que haya sido dado a la humanidad: ésta religión, o más bien esta filosofía se aproxima a la verdad o ciencia secreta, mucho más que ninguna otra forma o creencia exotérica. Nosotros no podemos proponer un ideal moral más elevado que esos nobles principios de fraternidad, de tolerancia de desprendimiento, y la moral buddhista representa poco más o menos exactamente la moral teosófica. En una palabra no nos podrían hacer un honor más grande al llamamos buddhistas, si no tuviésemos ya el honor de ser teósofos.

Pero la Sociedad Teosófica se defiende muy seriamente, y no solamente por la forma de haber sido creada “para propagar los dogmas de Buda”, Nuestra misión no es de propagar dogmas no más buddhistas que védicos o cristianos; nosotros somos independientes de toda fórmula, de todo ritual, de todo exoterismo. Ante las tentativas de invasión hechas por cristianos fervorosos pero cristianos, hemos podido parangonar los nobles principios de la ética buddhista. Los dirigentes de la Sociedad han podido declararse personalmente buddhistas, lo cual les ha sido bastante reprochado; uno de ellos ha consagrado su vida a la regeneración de esa religión en su tierra de origen. Que le arrojen la primera piedra aquellos que no comprendan las necesidades de la India actual y no deseen el restablecimiento de esta antigua patria de virtudes. Pero eso no compromete al cuerpo Teosófico, como tal, frente al buddhismo eclesiástico, como tampoco el cristianismo de algunos de sus miembros no lo compromete respecto a ninguna iglesia cristiana. Precisamente porque el Buddhismo actual necesita ser regenerado, desembarazado de todas las supersticiones y de todas las restricciones que lo han invadido como plantas parásitas, cometeríamos un gran error al tratar de injertar un botón joven y sano sobre una rama que ha perdido su vitalidad, aunque esté quizás menos seca que las otras ramas. Es infinitamente más sabio ir de inmediato a las raíces, a las fuentes puras e inalterables de donde el mismo Buddhismo ha sacado su poderosa savia. Nosotros podemos iluminarnos directamente de la pura “Luz de Asia”; ¿qué objeto tendría detenernos bajo su sombra deformada?A pesar del carácter sintético y teosófico del Buddhismo primitivo, el Buddhismo actual se ha convertido en una religión dogmática y se ha fragmentado en sectas numerosas y heterogéneas. La historia de esa religión y de las otras está allí para prevenimos en contra de las disposiciones a medias. Vean la reforma parcial denominada Protestantismo: ¿Son los resultados lo suficientemente satisfactorios como para comprometemos en remiendos?

La misma Arya Samaj no es después de todo que un esfuerzo nacional, mientras que la posición esencial de la Sociedad Teosófica es la de afirmar y mantener la verdad común a todas las religiones, la verdadera verdad, que no han podido ensuciar las invenciones, las pasiones, ni las necesidades de las épocas, y de invitar a ella a todos los hombres, sin distinción de sexo, de color o de posición, y además de creencia.

La Teosofía y el Buddhismo – H. P. Blavatsky

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s