Magia antigua en la ciencia moderna – H. P. Blavatsky

Puede que se juzgue con demasiado entusiasmo, o no, al hinduísta francés, Paul Thier, al decir éste que la India se le presenta como el gran foco primitivo del pensamiento humano, cuya firme llama ha terminado por comunicarse y prender a todo el mundo antiguo[1]. Sin embargo, él tiene razón al afirmar esto. La metafísica aria[2], es la que ha despertado interés por el conocimiento oculto, –la Ciencia más antigua, madre de todas las demás, puesto que las contiene en sí–. Ha sido el Ocultismo –síntesis de todos los descubrimientos de la Naturaleza y, principalmente, de las potencias psíquicas que hay dentro y más allá de cualquier átomo físico de materia–, el vínculo primitivo que ha unido en una sola piedra angular los fundamentos de todas las religiones de la Antigüedad.

La chispa primitiva ha prendido realmente en cada una de las naciones, y ahora la Magia yace en el fondo de toda fe nacional, tanto nueva como antigua. Egipto y Caldea son las primeras naciones que nos proporcionan mayor evidencia sobre la cuestión, incapaces como son de proteger sus reliquias paleográficas de la profanación –como hace la India–. Las turbias aguas del Canal de Suez llevan hasta aquellas que bañan las costas británicas, la Magia de los primeros días del Egipto Faraónico, para llenar con su desmenuzado polvo los museos británicos, franceses, alemanes y rusos. La Magia antigua, histórica, se refleja así en los registros científicos de nuestro siglo que todo lo niega. Ella fuerza a los científicos a actuar contra su propio deseo y cansa sus cerebros, riéndose de sus esfuerzos por interpretar su significado a su manera materialista, sin embargo, ayuda al ocultista a comprender mejor la Magia moderna, la nieta raquítica y débil de su poderosa y arcaica abuela. Difícilmente aparecerá un papiro hierático, exhumado junto con la momia de un Rey o un Sacerdote–Hierofante envuelta en vendas, o una inscripción indescifrable, curtida por la intemperie de los atormentados sitios de Babilonia o Nínive, o un antiguo cilindro–sello, que no proporcione información sugestiva o material nuevo para la reflexión al estudiante de ocultismo. Pero, no obstante, se niega la Magia y se la califica de “superstición” de los antiguos e ignorantes filósofos.

Así, hay magia en todo papiro; magia en todas las fórmulas religiosas; magia embotellada en frascos herméticamente cerrados con miles de años de antigüedad; magia en obras modernas elegantemente encuadernadas; magia en la mayoría de las novelas populares; magia en reuniones de sociedad; la magia –peor que eso, la HECHICERIA– está en el mismo aire que se respira en Europa, América, Australia; cuanto más civilizada y culta es una nación, tanto más formidable y efectivo es el efluvio de magia inconciente que emite y guarda en la atmósfera circundante…

Naturalmente, estando la magia ridiculizada y declarada tabú, no será nunca aceptada bajo su nombre legítimo; aunque no obstante, la ciencia oficial ha empezado a ocuparse ya, y no poco, si bien bajo máscaras modernas, de esta ciencia condenada al ostracismo. ¿Pero qué es lo que hay en un nombre? El que un lobo se defina científicamente como un animal del genus canis, ¿lo convierte en un perro? Los hombres de ciencia prefieren denominar la magia que fue investigada por Porfirio y explicada por Jámblico, hipnosis histérica, pero esto no la hace ser menos magia. El resultado y consecuencia de la primitiva Revelación que los Reyes–instructores de las “Dinastías Divinas” dieron a las tempranas razas, llegó a ser un conocimiento innato en la Cuarta Raza, la de los Atlantes; y este conocimiento, en sus raros casos de manifestaciones genuinas “anormales”, es llamado ahora mediumnismo. La historia secreta del mundo, preservada sólo en lejanos y seguros refugios, si se contara sin reservas, informaría por sí sola a las actuales generaciones, sobre los poderes que permanecen latentes en el hombre y en la Naturaleza y que son desconocidos para la mayoría. El tremendo abuso que hicieron de la magia los Atlantes fue lo que condujo a su raza a la destrucción total, –y al olvido–. La relación de sus hechicerías y de sus perversos encantamientos ha llegado hasta nosotros en trozos fragmentados, a través de escritores clásicos en forma de leyendas y pueriles cuentos de hadas atribuidos a remotas naciones. De allí el desprecio por la necromancia y la teurgia. En nuestros días, se ríen tanto de las “brujas” de Tesalia, como del médium moderno o del creyente esoterista. Esto, nuevamente, es debido a la hechicería, y uno debería tener siempre el coraje moral de repetir este término; la magia, de la que fatalmente se abusó, es la que forzó a los adeptos, “los Hijos de la Luz”, a enterrarla profundamente, después que sus pecaminosos devotos encontraran para sí una sepultura acuática en el fondo del océano; situándola de este modo fuera del alcance de los profanos de la raza que siguió a la de los Atlantes. El mundo debe “agradecer” entonces a la hechicería su ignorancia actual sobre la magia. ¿Pero quién o qué clase de gente en Europa o América creerá esto? Nadie, salvo una excepción; y esta excepción, la constituyen los católicos romanos, y su clerecía; pero aún ellos, obligados por sus dogmas religiosos a dar crédito de la existencia de la magia, le atribuyen un origen satánico. Es sin duda esta teoría la que ha impedido hasta ahora que la magia sea tratada científicamente.

Sin embargo, nolens volens[3], la ciencia ha de ocuparse de ella. La Arqueología, a través de su departamento más interesante –la Egiptología y la Asiriología–, está fatalmente

unida a ello, haga lo que haga. Pues la magia se encuentra de tal manera enraizada con la historia mundial que si esta última ha de escribirse alguna vez en su totalidad, diciendo la verdad y nada más que la verdad, no parece que haya otro remedio. Si la arqueología cuenta todavía con descubrimientos e informes sobre escritos hieráticos que estén libres del odioso tema, entonces mucho nos tememos que la HISTORIA nunca será escrita.

Uno puede imaginar la embarazosa posición y por ello simpatiza profundamente con algunos sabios y miembros de la Royal Society[4] de entre los muchos académicos y orientalistas. Estos forzados a descifrar, traducir e interpretar viejos papiros enmohecidos, inscripciones en estelas y tablillas babilónicas, ¡se encuentran en cada momento cara a cara con la MAGIA! Ofrendas votivas, grabados, jeroglíficos, encantamientos –toda la parafernalia de esa odiosa “superstición”– les miran fijamente a los ojos, demandan su atención y les llenan de la más desagradable perplejidad. Pensemos por un momento cuáles tendrían que ser sus sentimientos al estudiar el siguiente caso: Se exhuma un papiro que tiene evidentemente un gran valor. Es el pasaporte post–mortem que se ha facilitado al alma osirificada[5]de un Príncipe o incluso de un Faraón que ha partido recientemente, escrito con caracteres rojos y negros por un famoso y erudito escriba, pongamos por caso de la IV Dinastía, bajo la supervisión de un Hierofante Egipcio –una clase admirada en todas las épocas y considerada por la posteridad como la más elevada de entre los filósofos y sabios antiguos–. Las fórmulas ahí contenidas fueron escritas en las horas solemnes de la muerte y entierro de un Rey–Hierofante, de un Faraón y gobernante. El fin del documento es presentar al “alma” ante sus jueces en la temible región del Amenti, ahí donde se dice que una mentira tiene más peso que cualquier otro crimen. El orientalista toma el papiro y dedica a su interpretación días, quizás semanas de trabajo para encontrar en él la siguiente

afirmación: “En el año XIII, y en el segundo mes de Schomoo, en el 28 día del mismo, nosotros, el primer Sumo Sacerdote de Amón, el Rey de los Dioses, Penotman, el hijo del delegado (o sustituto)[6]del Sumo Sacerdote Pion–ki–moan, y el escriba del templo de Sosser–soo–khons y de la Necrópolis Bootegamonmoo, comenzamos a vestir al fallecido príncipe Oozirmari Pionokha, etc., etc., preparándole para la Eternidad. Cuando la momia estaba concluida se le pidió que se levantara y agradeciera a sus sirvientes; igualmente se le pidió que aceptara un cubre elaborado para él por la mano de la “dama cantante”, Nefrelit Nimutha, que entró en la Eternidad en el año tal y cual”. ¡Unos cientos de años antes! Todo ello en jeroglíficos.

Esta puede ser una lectura equivocada. Hay, sin embargo, docenas de papiros bien autentificados, que registran lecturas y narraciones más curiosas que la corroborada en éste por Sanchoniaton y Manetón, por Platón y Herodoto, por Sincello y docenas de escritores y filósofos que mencionan la cuestión. Aquellos papiros citan con harta frecuencia, tan seriamente como cualquier otro hecho histórico que no necesita una especial corroboración, dinastías completas de Reyes–Manes, es decir, de fantasmas y espectros. Lo mismo se encuentra en las historias de otras naciones.


[1] Ensayo: Prefacio de Colebroke.

[2] A través de Mr. Barthelerny St. Hilaire, el mundo ha aprendido que “¡el genio hindú, ha permanecido siempre en una especie de subdesarrollo infantil, en lo que respecta a la metafísica!”

[3] No queriendo, queriendo. (N. del T.)

[4] Célebre e influyente sociedad dedicada a toda clase de investigaciones científicas para el adelanto de los conocimientos humanos.

[5] Tendríamos que aclarar al lector que toda alma (que nace nuevamente después de la muerte del cuerpo que la animó, dentro de su ciclo de 8.000 años) se convertía en Egipto en “Osiris”, era Osirificada, esto equivale a decir que la personalidad se reducía a sus principios superiores, a un espíritu.

[6] “Sustituto”, era el nombre dado al padre del “Hijo” adoptado por el Sumo Sacerdote Hierofante; una clase de estos Hierofantes permanecían solteros, y adoptaban “Hijos” con el fin de la sucesión y transmisión de su poder.

(Ancient Magic in Modern Science, The Theosophist, oct. 1886)

 

H.P. Blavatsky

Magia Antigua en la Ciencia Moderna – H. P. Blavatsky

2 pensamientos en “Magia antigua en la ciencia moderna – H. P. Blavatsky

    • Hola Dani,

      Puedes compartir la entrada que desees en tu blog o donde tú creas. Estos de HPB, son artículos pertenecientes a los Collected Writings, unos 15 tomos de unas 500 páginas cada una con centenares de artículos de ella a lo largo de su vida, que todavía no han sido traducidos al castellano, excepto por algunos seguidores, que se dedican a traducirlos de la edición inglesa.
      El blog lo abrí hace bastante tiempo, pero apenas tengo tiempo de poder incluir cosas, como veo que tengo muchos de estos escritos de los CW, iré subiéndo algunos poco a poco.
      Un abrazo y gracias.
      José Manuel

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