El Conocimiento Intelectual

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Mallorca, el 19 de abril de 1981.

En estas conversaciones, realizadas en Mallorca el 19 de Abril de 1981, Vicente nos hablasobre el discernimiento y la intuición. Nos indica como nos influye El Inconsciente Colectivo.Nos comenta como son las diferentes Jerarquías Humanas. Nos invita a reflexionar sobre elpunto de tensión actual que enfrenta los Seres Humanos y sobre el miedo acumulado. Nosindica que vencer el miedo es la gran misión del Hombre de hoy en día. Nos habla sobre lamente concreta y la intuición, sobre el Santo Grial y su aspecto psicológico. Nos comentasobre la importancia de la duda. Que es más importante Vivir que conocer. Así como laimportancia de vivir Intensamente o atentamente y la importancia de afrontar directamentelos problemas y su revolución interior. Vicente también nos invita a reflexionar en estasconversaciones sobre la vinculación mundial del individuo, la crisis y la iniciación. Tambiénnos invita a buscar la Armonía a través del Conflicto, ya que El Tiempo y El Espacio estánunidos y no enfrentados.

Vicente. —… sus inquietudes verdaderas; entonces si sabemos de sus inquietudes podemos compartirlas y, si es posible, tratar de buscar soluciones. Porque evidentemente todos tenemos problemas, ¿verdad?, en uno u otro nivel todos tenemos problemas. Así que, lo que interesa es ver si entre todos podamos encontrar un punto de solución a alguno de los problemas al menos, que enfrenta la Humanidad.

Interlocutor. — Yo creo que un poco de lo que está en la mente de todos en general es… ¿Para qué sirve el conocimiento, en sí?… ¿El conocimiento es necesario o únicamente lo son las vivencias?…o…¿Se debe compartir el conocimiento y las vivencias?…¿Cuál de los dos es más importante o sin son importantes los dos?

Vicente. — Bueno, depende siempre de las fases del individuo. Hay personas que necesitan el conocimiento y otras personas que pueden trascenderlo, como existe una jerarquía en funciones psicológicas dentro de la Humanidad y esta jerarquía es la que manda en ese aspecto.

Algunas personas precisan del conocimiento, es decir, precisan integrar su intelecto en razonamientos variados y conocimientos más profundos cada vez, pero también hay personas que han penetrado en zonas de conciencia en donde el conocimiento prácticamente ya no sirve. Ya lo discutíamos en Menorca ¿verdad? Solamente que lo que existe aquí como real en relación con el problema del conocimiento –para algunos es un problema- es saber exactamente si es necesario y por qué es necesario, lo cual significa pasar de la simple imaginación al sentido de discriminación, para pasar finalmente al discernimiento, porque el discernimiento es la culminación del intelecto, pero después del discernimiento existe una cosa superior al discernimiento: a esto lo llamamos técnicamente intuición. Pues la intuición es aquel estado de conciencia, si podemos expresarlo así, en donde la mente prácticamente ha desaparecido, no sirve como vehículo del conocimiento, solamente sirve para adecuar la intuición a la altura del ambiente social en donde cada cual desenvuelve sus actividades. Pero yo digo que para llegar al conocimiento perfecto –y al conocimiento perfecto también se le puede llamar intuición- es un conocimiento que viene por vía interior sin pasar por la pantalla de la mente, y todos hemos tenido momentos de intuición dentro de los cuales la mente razonadora, la mente lógica, la mente discernitiva ha dejado prácticamente de ser útil. Esto sucede frecuentemente pero no lo registramos conscientemente. Es decir, que, a veces somos intuitivos sin darnos cuenta, de la misma manera que somos conscientes de que somos discernitivos, de que somos lógicos y de que nuestros razonamientos son concretos, estables e intelectuales. Es decir que, para mí la vida interior, la vida intuitiva carece de proyección definida, pero la mente intelectual sí, son muchos puntos de contacto; contactos sociales, contactos dentro de cualquier nivel psicológico, contactos internos, contactos psíquicos –y aquí hay mucho que hablar- porque todos establecemos contactos en muchos niveles. Lo que es muy importante es que hay un nivel a partir del cual no sabemos prácticamente nada y dentro de sus profundidades hay unas zonas inexploradas de las cuales prácticamente no sabemos nada. Se nos ha hablado mucho de las zonas que están más allá de la mente, pero es como aquella persona que tiene hambre y le enseñan la comida a distancia, lo que interesa es que puedas comer, que puedas gozar si tienes hambre de la comida necesaria.

Entonces, para mí el problema actual, el de todos nosotros me parece, es ver qué pasará después de que el intelecto ya no tenga nada que darnos, o que la mente concreta deja de sernos útil, o que no responda a las necesidades psicológicas de nuestro ser. Es un problema real, efectivo, porque he tenido siempre en consideración en mis explicaciones esotéricas que si bien todas las épocas son distintivas y son importantes dentro del plan social del mundo, no es menos cierto que cada época es nueva completamente y diferente con respecto a la anterior, y el problema de nuestra era –me parece a mí- es ver cómo enfrentar los hechos, cómo enfrentar las circunstancias, cómo adaptarnos a los ambientes sociales sin sentirnos heridos ni perjudicados, lo cual significa, evidentemente, que deberemos dejar de luchar abiertamente a través de esta arma que es la mente y ver si hay algo que escape a la percepción mental porque pertenezca a planos superiores o a estados de conciencia de los cuales hemos oído simplemente hablar, son rumores que vienen pero que nosotros no podemos adecuar perfectamente a nuestras necesidades vitales y psicológicas de ahora, de aquí. ¿Me explico? Bien. Todos estamos en este proceso, es un proceso yo diría de vinculación consciente con el ambiente social, entendiendo por ambiente social la suma de todas las reacciones psicológicas de la Humanidad, las cuales quedan condensadas en el aspecto etérico del planeta como vivencias inconsumadas que están constantemente tratando de introducirse en nuestro ánimo y vencer la resistencia espiritual y volver a llevarnos al mundo de los sentidos o de las sensaciones. También se le denomina, psicológicamente hablando, el inconsciente colectivo.

Estoy tratando de expresar temas conocidos y palabras y términos que están a nuestro alcance porque los hemos visto y oído en muchas partes y conversaciones; y para mí el inconsciente colectivo, como decíamos ayer, o el subconsciente racial o el subconsciente instintivo tiene todavía una parte muy importante sobre nuestro ser. Es decir, que nosotros no somos realmente nosotros sino que existe una pequeña partícula que se debate en el conflicto de los opuestos y una parte o condensación de energía ambiental –podemos decir– que impide que este gran recipiente pueda expresarse con toda la plenitud de sus poderes y facultades latentes. Y, naturalmente, cuando una persona siente dentro de sí el inmenso deseo de liberación -¿quién no lo tiene?- y trata de llevar este deseo de liberación a la práctica siempre se encontrará con la barrera del inconsciente colectivo o la subconsciencia racial o más concretamente todavía con aquel depósito de memorias in consumadas que todos tenemos en el interior y que impide la perfecta expresión del ser, la perfecta adecuación de sus características a un ambiente en creciente actividad y con un número considerable de factores psicológicos que desconocemos y que la ciencia psicológica todavía no conoce porque pertenece al mundo de lo abstracto.

Bien, ¿podemos distinguir entre lo que es concreto y lo que es abstracto en un plano psicológico, no simplemente mental? Porque cuando hablamos de la mente lo hacemos de una parte simplemente del ser, y cuando hablamos del aspecto psicológico tenemos en cuenta no solo la mente sino también el sentimiento de la persona, su sensibilidad y también su cuerpo físico, y todos sabemos que tenemos tres cuerpos y los tres cuerpos tratan de integrarse constantemente dentro de un cuadro de valores superiores constantes, y todas las personas que están situadas en el campo de los sentidos o en el campo de las sensaciones más groseras les llamamos personas instintivas, o sea, que están dentro del campo de la subconsciencia racial o del inconsciente colectivo, pero cuando existe una expresión dinámica dentro del ser, una potencia que surge espontánea pero fuerte, dinámica en acción, buscando algo superior o no queriendo pactar más con el inconsciente colectivo y con su grupo de recuerdos que lo están atando a la acción primaria, razón instintiva, entonces se le abre al individuo –y esto va para todos- unos terrenos difíciles de interpretar pero que cada cual tiene que ir adecuando poco a poco hasta convertirse en un núcleo de perfecta estabilidad psicológica desde la cual poder otear el porvenir con una sonrisa a flor de labio; es decir, que pasar del aspecto meramente instintivo, gregario, y si me apuran ustedes diría de rebaño, porque hay un gran sector de la sociedad que está actuando dentro de la propia sociedad dentro de este instinto atávico, tan ancestral de rebaño y no dentro de la particularidad consciente del yo, existe una serie de factores innumerables que cada cual debe ir absorbiendo y realizando para dar lugar a este punto al que hacíamos antes referencia de una zona inexplorada dentro de la conciencia.

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Vida después de la muerte (2ª parte)

Conferencia realizada por la Sociedad Teosófica Rosario dentro del ciclo de conferencias de introducción a la Teosofía. Vida después de la muerte (2ª parte).

Investigaciones de Elizabeth Kubbler Ross. Características del Devachán. Como ayudar a las personas durante el proceso de la muerte.

La Oleada – H. P. Blavatsky

LA OLEADA

[Lucifer, Vol. V, Nº 27, noviembre, 1889, págs.173-178]

≪La oleada de almas más profundas,

En nuestro ser más recóndito se estrella,

elevándonos inconscientemente,

De todas las preocupaciones ordinarias.

LONGFELLOW, Santa Filomena.

H. P. Blavatsky

El gran cambio psíquico y espiritual que está verificándose en el campo del Alma humana es muy significativo. Comenzó casi al principio del último cuarto de nuestro siglo a punto de terminar y terminará –según dice una profecía mística– para bien o para mal de la humanidad civilizada, con el ciclo actual que terminará en 1897. Sin embargo, el gran cambio no se efectúa en solemne silencio ni son pocos los que pueden percibirlo. Al contrario, se presenta en medio de un bullicio estentóreo de lenguas escandalosas, en contraste con la opinión pública cuya comparación con el rugido incesante y ascendente de agitación política tumultuosa, se asemejará al revoloteo de las hojas de la joven floresta en un cálido día primaveral.

En realidad, el Espíritu humano, que durante tanto tiempo fue ocultado de la vista pública y desterrado de la arena del aprendizaje moderno, finalmente ha despertado. Ahora se está afirmando y está exigiendo enfáticamente sus derechos no reconocidos, pero, sin embargo, legítimos. No acepta más ser el objeto del pisoteo del brutal pie del Materialismo, no quiere ser el tema de especulación de las Iglesias y la insondable fuente de entrada económica para aquellos que se han autoconstituido sus custodios universales. El materialismo negaría la Presencia Divina y todo derecho a existir; mientras los otros tratan de acentuarlo y probarlo mediante sus Emisarios y Custodios Eclesiásticos provistos de bolsas y cajas para recaudar fondos. Sin embargo, el Espíritu humano –el rayo y la directa, si bien ahora distorsionada emanación del Espíritu Universal–, finalmente se ha despertado. Hasta la fecha, aunque frecuentemente injuriado, perseguido y degradado a través de la ignorancia, ambición y codicia; mientras con frecuencia, un Orgullo desatinado lo ha convertido «en un ciego transeúnte, como un bufón al que otros bufones escarnecen». En el reino de la Ilusión, se mantuvo inaudito e ignorado.

Hoy, el Espíritu humano ha vuelto como el Rey Lear, de una demencia aparente a sus sentidos; y, alzando la voz, ahora habla con tono autoritario, que los seres de antaño solían escuchar en silencio reverencial a través de edades incalculables hasta que, ensordecidos por el fragor y el bullicio de la civilización y la cultura, no pudieron oírlo más…

¡Mira a tu alrededor y observa! Piensa en lo que ves y oyes y saca conclusiones. La edad del burdo materialismo, de la insensatez y de la ceguera del Alma está rápidamente escurriéndose. Una lucha mortal entre el Misticismo y el Materialismo no es más inminente, sino que ya es intensa. Y el partido que ganará en la hora suprema se convertirá en el maestro de la situación y del futuro; es decir, se convertirá en déspota y triturador de las almas de los millones de hombres ya nacidos y por nacer, hasta la parte final del siglo XX. Si podemos confiar en los signos del tiempo, los Animalistas no seguirán siendo los conquistadores. A estos no los avalan los valientes y prolíficos autores y escritores que últimamente se han sublevado por defender los derechos del Espíritu para que reinen sobre la materia. Muchas son las Almas honestas y pletóricas de aspiraciones que se elevan como un dique contra el torrente de aguas fangosas del Materialismo. Encarando la, hasta ahora, inundación dominante que continúa imperturbablemente, arrastrando los fragmentos del naufragio del Espíritu Humano derrocado, precipitándolo en abismos ignotos, y ahora ordenando: «¡Hasta aquí has llegado, no irás más allá!».

Entre toda esta aparente discordia y desorganización de la armonía social; entre la confusión y las vacilaciones anémicas y cobardes de las masas, vinculadas al yugo estrecho de la rutina, la propiedad y la hipocresía; entre la reciente calma muerta del pensamiento público que ha desterrado de la literatura toda referencia acerca del Alma, el Espíritu y su función divina durante el completo período intermedio de nuestro siglo –escuchamos surgir un sonido. Como una nota de promesa clara, definida, de mucho alcance, la voz de la grandiosa Alma humana declara, abandonando los tonos tímidos, el ascenso y la casi resurrección del Espíritu humano en las masas. Ahora está despertando en los representantes más eminentes en el campo del pensamiento y de la erudición; habla en el más humilde y en el más encomiado, estimulándolos a todos a la acción. El Espíritu humano renovado y dispensador de vida está, intrépidamente, liberándose de las cadenas oscuras de la existencia animal y de la materia que, hasta entonces, habían subyugado todo. Observadlo, dice el poeta, mientras se eleva con sus amplias alas prístinas, ascendiendo a las regiones de la verdadera vida y luz; donde, tranquilo y divino, contempla, con auténtica piedad, esos ídolos áureos del moderno culto material, con sus pies de arcilla, los cuales, hasta entonces, han eclipsado de la vista cegada de las masas, sus verdaderos dioses vivientes…

Una vez un crítico escribió que la literatura es la confesión de la vida social, capaz de reflejar todos sus pecados y todos sus actos viles y heroicos. En este sentido, un libro es mucho más importante que cualquier ser humano. Los libros no representan a un hombre, sino son el espejo de un montón de hombres. Por lo tanto, el gran poeta-filósofo inglés, hablando de los libros, dijo que era difícil matarlos, eran tan prolíficos como los dientes del dragón de la fábula; al sembrarlos aquí y allá, engendrarán luchadores armados. Matar un buen libro equivale a matar un ser humano.

El «poeta-filósofo» tiene razón.

Es cierto que la literatura está comenzando una nueva era. Nuevos pensamientos y nuevos intereses han creado necesidades intelectuales inéditas; por lo tanto, está surgiendo una incipiente raza de autores. Estas nuevas especies en cuestión, gradual e imperceptiblemente, excluirán a los antiguos, esos matusalenes de antaño quienes, aunque aún reinen nominalmente, se les consiente hacerlo por costumbre más que por predilección. No es aquel que repite como loro y de manera obstinada la antigua fórmula literaria, ateniéndose, desesperadamente, a las tradiciones del editor, ni satisfará las nuevas necesidades; ni el hombre que prefiere la estrecha disciplina de su grupo en lugar de la búsqueda del Espíritu humano desterrado desde hace mucho tiempo y las VERDADES ahora perdidas; ni aquellos que separándose de su amada «autoridad», izan intrépidamente la bandera del Hombre Futuro sustentándola impávidamente. Al final, son aquellos que, entre el actual dominio omnímodo de la adoración de la materia, los intereses materiales y el EGOÍSMO, habrán luchado con denuedo en favor de los derechos humanos y la naturaleza divina del ser, se convertirán, si vencen, en los maestros de las masas en el próximo siglo y también en sus benefactores.

Sin embargo, desgraciado sea el siglo XX si prevalece la escuela de pensamiento vigente, ya que el Espíritu quedaría en cautiverio una vez más, enmudeciéndolo hasta el final de la edad entrante. No son los fanáticos de una hermenéutica literal, ni los iconoclastas y Vándalos los que pugnan contra el nuevo Espíritu de pensamiento, ni las Cabezas Huecas modernas, que apoyan a las antiguas tradiciones religiosas Puritanas y sociales, que jamás serán los protectores ni los Salvadores del pensamiento y del Espíritu humano en su fase actual de resurrección. No serán estos sustentadores del antiguo culto, ni las herejías medioevales de aquellos que guardan, como una reliquia, todo error de su secta o grupo y que vigilan celosamente su propio pensamiento, no sea que, saliendo de su adolescencia, asimilen alguna idea más fresca y benéfica- ni estos que son los sabios del futuro. No es para ellos que la hora de la nueva edad histórica habrá sonado; sino para los que hayan aprendido a expresar y practicar las aspiraciones y las necesidades físicas de las generaciones emergentes y de las masas ahora pisoteadas. Para que uno comprenda plenamente la vida individual con sus misterios fisiológicos, psíquicos y espirituales, él debe dedicarse con todo el fervor de la filantropía altruista y el amor hacia sus hermanos, al estudio y al conocimiento de la vida colectiva o de la Humanidad. Sin preconceptos ni prejuicios, así como también sin el menor temor hacia los posibles resultados en una u otra dirección, él debe descifrar, entender y recordar los profundos y más recónditos sentimientos y aspiraciones del gran corazón doliente de los pobres. Para hacer esto, él debe primero: «afinar su alma con la de la Humanidad», como enseña la antigua filosofía; dominar cabalmente el correcto significado de cada línea y palabra en el Libro de la Vida de la HUMANIDAD cuyas páginas se vuelven rápidamente y saturarse por completo con la verdad de que esta última es una unidad inseparable de su propio SER.

¿Cuántas personas capaces de interpretar profundamente la vida podemos encontrar en nuestra época tan decantada de ciencia y cultura? Por supuesto, no nos estamos refiriendo sólo a los autores, sino a los filántropos y a los altruistas contemporáneos que actúan sin reconocimiento, si bien todos los conocen; los amigos de la gente, los amantes generosos del ser humano y los defensores del derecho humano para la emancipación del Espíritu. En realidad, estos son muy pocos; ya que constituyen las raras flores de la edad, y generalmente son los mártires de las masas inclinadas al prejuicio y los oportunistas. Como las maravillosas «Flores de la Nieve» de la Siberia nórdica, las cuales, con el fin de germinar el suelo glacial y congelado, deben penetrar un espeso estrato de nieve sólida y helada, así estos caracteres atípicos deben pugnar sus luchas toda la vida contra la indiferencia, la crueldad humana y el mundo egoísta y escarnecedor de los acaudalados. Aún, sólo ellos pueden cumplir la tarea de perseverancia. Sólo a ellos se les ha entregado la misión de hacer virar a los «Diez Superiores» de los círculos sociales de la clase más conspicua, de la ancha y simple vía de la riqueza, la vanidad y los placeres vacuos, para encauzarlos en el sendero arduo y espinoso de los problemas morales superiores y la percepción de deberes morales más elevados que aquellos a los cuales están dedicando su búsqueda. Estos son también los individuos que, estando ya despiertos a una actividad superior del Alma, se les dota, al mismo tiempo, de talento literario y cuyo deber consiste en desempeñar el rol de despertar a la Bella durmiente y la Bestia en su Castillo encantado de Frivolidad, hacia la vida real y la luz. Aquellos que pueden, que procedan intrépidamente manteniendo esta idea axial en su mente y tendrán éxito. Se debe regenerar a los ricos si queremos beneficiar a los pobres; ya que la clase de los «desheredados» es la planta muy frondosa de la raíz del mal que reside en los acaudalados. A primera vista, esto puede parecer paradójico, sin embargo, es verídico, como podría verse.

En presencia de la degradación actual de todo ideal, y también de las aspiraciones más nobles del corazón humano, que cada día adquieren más prominencia en las clases altas, ¿qué podemos esperar de los «desamparados»? Toca a la cabeza guiar a los pies, a los cuales, no se les puede considerar responsables por sus acciones. Consecuentemente, hay que trabajar para el advenimiento de la regeneración moral de las clases cultas, pero mucho más inmorales, antes de tratar de hacer lo mismo por nuestros jóvenes Hermanos ignorantes. La regeneración de estos últimos se emprendió años atrás y continúa estando vigente hoy, pero sin buenos resultados perceptibles. No es evidente que la razón de esto se remonta al hecho de que, (exceptuando a) unos pocos trabajadores diligentes, sinceros y dispuestos al sacrificio completo en ese campo, la gran mayoría de voluntarios vienen de estas mismas clases frívolas y super-egoístas que «juegan a la caridad» y cuyas ideas sobre el mejoramiento del estado físico y moral de los pobres están circunferidas a su concepto favorito según el cual sólo la Biblia y el dinero pueden efectuar. Afirmamos que nada de esto puede realizar ningún bien; ya que la predicación de la letra muerta y una lectura de la Biblia forzada, exacerban a la gente conduciéndolas, después, al ateísmo, mientras el dinero, como una ayuda temporaria, remunera las cajas de las cantinas en lugar de ser el medio con el cual comprar el pan. Por lo tanto, la raíz del mal yace en una causa moral y no física.

Si se nos pregunta qué es lo que puede ayudar, les respondemos intrépidamente: –la literatura Teosófica; apresurándonos a especificar que con este término, no implicamos los libros concernientes a los adeptos y a los fenómenos, ni a las publicaciones de la Sociedad Teosófica.

Disfruten y saquen provecho de la «oleada» que ahora está penetrando felizmente sobre media Humanidad. Hablen del despertar del Espíritu de la Humanidad, al Espíritu humano y al Espíritu en el hombre, estos tres en Uno y el Uno en el Todo. Dickens y Tackery, ambos nacidos un siglo demasiado tarde o un siglo demasiado pronto –se intercalaron entre dos oleadas del pensamiento humano espiritual, y si bien han dado un buen servicio individual, induciendo ciertas reformas parciales, aún no lograron tocar a la Sociedad y a las masas en general. Lo que el mundo europeo necesita actualmente, es una docena de escritores como el ruso Dostoievski, cuyas obras, aun siendo tierra ignota para la mayoría, son bien conocidas en el Continente, así como también en Inglaterra y Estados Unidos entre las clases cultas. La actitud del novelista ruso es la siguiente: –ha hablado de manera denodada e intrépida sobre las verdades menos agradables, a las clases superiores y hasta a aquellas oficiales –las cuales constituyen un peligro más grande que las primeras. Sin embargo, vean que la mayoría de reformas administrativas de los últimos 20 años, se deben a la influencia silenciosa e inoportuna de su pluma. Según uno de sus críticos, las grandes verdades que el escritor expuso tocaron a todas las clases de forma tan vívida y poderosa que las personas con concepciones diametralmente antitéticas no podían más que sentir una simpatía más amable hacia este escritor impávido, e incluso se lo expresaron a él.

A los ojos de todos, amigos o enemigos, se convirtió en el portavoz de la necesidad de la Sociedad, irreprimible e indemorable, de ver con absoluta sinceridad, las profundidades más íntimas de su propia alma y llegar a ser el juez imparcial de sus acciones y de sus aspiraciones.

Toda nueva corriente de pensamiento, toda nueva tendencia de la edad tuvo y siempre tendrá sus contrincantes y sus enemigos, algunos acometiéndola con osadía, pero sin éxito y otros con gran destreza. Sin embargo, podemos decir que están hechos de la misma pasta, común a todos. Alimentan su resistencia y objeciones con los mismos objetivos externos, egoístas y mundanos y los idénticos fines y cálculos materiales que aquellos que guiaban a sus contendientes, mientras apuntan otros problemas y abogan a otros métodos, en realidad, no cesan ni por un instante, de vivir con sus enemigos en un mundo poblado por los mismos intereses comunes, y continuando también en idénticas concepciones fundamentales de la vida.

Entonces, lo que llegó a ser necesario era un hombre quien, ajeno a todo partidismo o lucha en favor de la supremacía, aportara su pasado como una garantía que avalara la sinceridad y honestidad de sus ideas y propósitos; una persona cuyo sufrimiento personal fuera un imprimatur para la firmeza de sus convicciones y por último, un escritor de innegable genio literario: –Sólo un hombre de tal género podía pronunciar palabras capaces de despertar el verdadero espíritu en una Sociedad que está navegando a la deriva en una dirección errónea.

Dostoievski era un hombre de este calibre –el patriota-preso, el ganapán retornado de Siberia; el escritor famoso en Europa y en Rusia, el pobre inhumano gracias al aporte voluntario, el poeta que tocaba el alma de toda persona pobre, insultada, injuriada y humillada; aquel que presentó, con una crueldad imperturbable, las plagas y las llagas de su edad…

Esta clase de escritores es la que hace falta en nuestros días de re-despertar; y no autores que escriben por la riqueza o la fama, como apóstoles impávidos de la viviente Palabra de la Verdad, los sanadores morales de las llagas pustulosas de nuestro siglo. Francia tiene a su Zola quien muestra, de manera suficientemente brutal, pero realista –la degradación y la lepra moral de su gente. Pero Zola, mientras castiga los vicios de las clases inferiores, nunca se ha atrevido, a fustigar un nivel más alto con su pluma, a la petite bourgeosie, haciendo entonces, caso omiso de la inmoralidad de las clases superiores. Resultado: los campesinos que no leen novelas no han sido afectados en lo más mínimo por sus escritos, mientras que a la bourgeoisie que no le interesa casi nada la plebe, ha prestado una tal atención a su novela Pot Bouille como para hacer perder al realista francés, todo deseo de meterse donde no lo llaman. Desde el principio, Zola ha seguido un camino que, aun conduciéndolo a la fama y a la fortuna, ha demostrado ser infructuoso en lo que concierne a los efectos benéficos.

Es dudoso que los teósofos actuales o futuros, realicen una aplicación de la sugerencia anterior. Escribir novelas con un sentido moral suficientemente profundo para imbuir en la Sociedad, ya que implica un gran calibre literario y un teósofo congénito como lo era Dostoievski –dejando a Zola fuera de cualquier comparación. Sin embargo, estos talentos son raros en todos los países. Aun cuando se carezca de tal versación, se puede hacer el bien de manera más reducida y humilde, anotando y exponiendo, en narrativas impersonales, los vicios y los males evidentes de nuestra época, valiéndose de la palabra, de la acción, de la prensa y del ejemplo práctico. Que la fuerza del ejemplo anime a otros a que lo sigan; en lugar de mofarse de nuestras doctrinas y aspiraciones de los hombres del siglo XX, si no del XIX, verán más claramente, y juzgarán con conocimiento y según los hechos, en lugar de prejuzgar conforme a conceptos erróneos arraigados. Entonces y sólo entonces, el mundo se verá obligado a reconocer su posición equivocada admitiendo que únicamente la Teosofía puede, poco a poco, crear una humanidad tan armoniosa y simple en su alma como el propio Cosmos; sin embargo, para que esto se actualice, los teósofos deben comportarse como tales. Habiendo ayudado al despertar espiritual de muchos hombres –decimos intrépidamente, retando a la contradicción– ¿deberíamos detenernos, en lugar de nadar con la OLEADA?

Blavatsky, Helena – La Oleada

Transmutación Química y Humana

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada en Barcelona, el 11 de abril de 1981.

La mutación en el aspirante y las energías del Universo. Los protones, electrones, los cuatro éteres, sobre el hidrógeno y el anouk. La levitación. Tiempo, espacio y pensamiento. La expectación o «técnica» de la Nueva Era. La Taumaturgia. El miedo, las enfermedades, el egoísmo. Invocación y evocación. Los problemas, su enfoque y la atención. Reducir el tiempo y ampliar el espacio.

Vicente. ―… llegando a la conclusión de que en el devenir de esta ciencia existen grandes acontecimientos –los nuevos tiempos siempre dan grandes acontecimientos– dentro de los cuales si la ciencia parapsicológica no es llevada adelante por la psicología concreta, racional, es fácil que se quede en el devenir de la no-experiencia dentro de este campo fecundo de los poderes psíquicos.
Hay poderes psíquicos y poderes espirituales. Nos interesa profundamente saber lo que son poderes psíquicos y lo que son poderes espirituales. El poder psíquico pertenece al equipo de la personalidad y el poder espiritual es el propio Ser, él en Sí mismo, nosotros en la esencia del propio Ser. Por lo tanto, dentro de un devenir de acontecimientos nuevos deberemos acatar el rumbo de los hechos con una mente muy analítica, siendo psicólogos en todo el devenir de los hechos que podamos efectuar durante el curso de la existencia, y que el poder psíquico quede siempre relegado a un segundo término para que pueda ser controlado por la parte espiritual, el aspecto esencial del Ser. No hay que luchar contra el devenir de los poderes, hay que abrirse a todas las corrientes de vida, sólo se le exige al investigador esotérico que controle los poderes, que se controle a sí mismo, que entre en el campo de la concepción superior, que entre en el campo de los acontecimientos racionales, porque si la mente no actúa en forma racional y científica los poderes psíquicos perderán su significado, y todo poder, sea el que sea y cual sea el plano en donde se proyecte, no es sino un sentido de la propia Divinidad en el ser humano.
Por ejemplo, el niño cuando nace el primer sentido que se le desarrolla es el oído; después el tacto, le siguen la vista, el gusto y el olfato. Lo mismo ocurre en el plano, digamos, psíquico, invisible, subjetivo. Se desarrolla primero la clariaudiencia; el segundo sentido que se desarrolla y que está trascendido afortunadamente es la mediumnidad, es el tacto, el contacto con el aspecto psíquico de la naturaleza. Le sigue después la clarividencia, y después el resto de los poderes en todos y cada uno de los planos. Pero, lo que interesa fundamentalmente es que seamos conscientes de que todos los poderes psíquicos, los sentidos y el devenir de los acontecimientos ambientales son cosas de la propia personalidad que están dentro del contexto de uno mismo, siendo el individuo el centro de toda acción, y siendo los acontecimientos reacciones en el éter. ¿Qué quiere significar una reacción en el éter? Cuando pensamos movemos cantidades inimaginables de energía, cuando sentimos (estamos) haciendo lo mismo, cuando hablamos estamos llenando el ambiente de formas geométricas aunque no nos damos cuenta, somos inconscientes de los poderes que hemos desarrollado a través del tiempo y que recién ahora están aflorando en forma de poderes parapsicológicos, poderes paranormales, poderes que van más allá del concepto que tenemos de tres dimensiones. Y todo esto es bueno porque si sabemos que el aspecto psíquico puede ser positivo o negativo, dependiendo del enfoque que le demos en nuestra vida cotidiana, tendremos en nuestro haber las llaves del ambiente y dejaremos de pertenecer al grupo de aquellas personas que están todavía atadas al inconsciente colectivo. ¿Qué es el inconsciente colectivo? Es la subconsciencia racial, es el conjunto de recuerdos y de experiencias del ser humano acumulados a través del tiempo en el plano astral, en el plano etérico o donde sea, pero son siempre aspectos de la energía que han quedado cristalizados en el éter. La facultad que tiene el individuo de recordar un hecho se debe a que está escrito en el éter, de no ser así sería imposible recordar. Y lo mismo que sucede con el individuo, con el ser humano, ocurre con todas las demás cosas y seres de la naturaleza. Cada cosa tiene su propio recuerdo, su propio contenido y todo tiene su inconsciente colectivo, si podemos decirlo de alguna manera. Entonces, lo que interesa es ser cada vez más nosotros mismos y pertenecer cada vez menos al inconsciente colectivo, siendo el inconsciente colectivo la base de la conciencia, (pero) ¡cuidado!, como el recuerdo es la base de la conciencia, no hay que despreciar un hecho porque sea relativo al cuerpo. Hay que comprender el hecho porque si no se comprende el hecho no podemos disolverlo, y el hecho debe quedar disuelto, la mente clara y tranquila, serena como un lago, cuando un lago está tranquilo se ve todo lo que oculta en su fondo.
Tenemos también el aspecto multidimensional de la conciencia y entonces ya tenemos que hablar no de poderes psíquicos sino de poderes espirituales. El poder espiritual es una emanación del Ser, es algo que no puede controlar, que está en la esencia de todas las cosas y se expresa esta esencia a través de una limitación en los vehículos, la mente, el cuerpo emocional y el cuerpo físico. Todo esto tiene una importancia desde el ángulo de vista psicológico y es desde este punto de vista que debemos hablar cada vez más dentro del esoterismo. Los términos místicos han tenido su momento en la vida de la humanidad, ahora se exige al discípulo discriminación y por encima de ésta (entrar en) el discernimiento. ¿Y más allá del discernimiento qué existe? Hay una tierra de nadie que todos desconocemos, que es la vida interna del Ser de la cual hemos oído hablar, hemos leído mucho acerca de esta vastedad inmensa, de este vacío inmenso de la naturaleza, pero concretamente no sabemos nada, ni aún hemos sido capaces de vivir alguna de sus experiencia.
Yendo ya al fondo de los acontecimientos con una mente muy analítica, vamos a examinar un fenómeno característico de todos los tiempos de la historia que es la Ley de transmutación, ¿Qué hay que entender por Ley de transmutación? La transmutación es el movimiento renovador de la propia naturaleza, que lo mismo abarca (no sólo) el contenido químico de la naturaleza con todo su inmenso conglomerado de átomos, moléculas y células sino que abarca la vida de la propia Divinidad, siendo el hombre el eje, el pivote alrededor del cual, parece ser, está oscilando la entera evolución planetaria. Y ustedes preguntarán por qué. Simplemente porque si nos atenemos al principio septenario del universo seremos conscientes de que el cuarto, el número 4, ocupa el centro de toda la evolución. Conocemos, primero, el reino mineral, el vegetal y el animal; después del reino humano se nos dice que viene el Reino de los Cielos y hay todavía dos reinos más que desconocemos, pero (todo está dentro de) el Plan Organizado, Jerárquico, social, (y) no simplemente místico sino mental en toda su extensión, en el que estamos tratando de buscar este centro, y si buscamos este centro forzosamente nuestra vida tiene que cambiar radicalmente frente a esta sociedad que nos rodea y dentro de la cual nos vemos inmersos. Entonces, cuando hablamos de la Ley de la Transmutación, cuando hablamos de esta ley renovadora llevada adelante por el espíritu de evolución de la propia Divinidad tenemos que enfrentar el fenómeno descrito como mutación. Hay una mutación permanente en la vida de la naturaleza que abarca todos los reinos y abarca los átomos en su más simple expresión –que luego examinaremos–. Existe también la mutación en la vida dentro de los hechos sociales de nuestro tiempo y de todos los tiempos. Tenemos también la mutación de las personas que están viviendo en otra dimensión. Existe la mutación del hombre espiritual, y para hablar del hombre espiritual debemos hacerlo de todo el conglomerado de hechos y circunstancias psicológicas que envuelven al ser humano, que empieza por el simple aspirante devocional lleno de misticismos arrobadores hacia la Divinidad, siguiendo por la ruta del discipulado, del discipulado en probación, del discipulado en aceptación, del discipulado en el Corazón del Maestro, del Maestro en toda la extensión del iniciado. Y todas estas cosas tan bonitas para nuestros oídos esotéricos, pero que quizás no dan la medida exacta del contenido psicológico y dinámico que exigen estos tiempos.

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